Iglesia al día

" Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno Dios nos llama y nos conoce por el nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. "
Papa Francisco (Audiencia General, 17/5/2017)

Mons. Galimberti invita a los que esperan “algo nuevo” a dejar nacer “la luz del mundo” en sus vidas

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En un mensaje dirigido a católicos, agnósticos, buscadores de paz y felicidad y a los que esperan “algo nuevo” en estos días, el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, invita, en esta Navidad, a dejar nacer “la Luz del mundo” en cada vida.

El Obispo recuerda que “Navidad es un nacimiento” que puede acontecer hoy, “como belleza tan antigua y tan nueva, que jamás se agota. Llama a la puerta, sorprende y trae buenas noticias. Ocurre en la `noche´, matriz gestadora de novedades. Y el corazón, afinando el oído, adivina los pasos de Dios en la cotidianidad”.

“Somos parte de este pueblo y cercanos a sus voces: síntomas de profundas necesidades que no logra calmar el mayor consumo o estridencias. Ni las aquieta el olvido. Es que con una mano tocamos el cielo y con los pies el lodo”, expresa el Pastor.

En cada “Navidad” evocamos lo ocurrido en un tiempo y lugar, subraya el Pastor y recuerda que no se trata de “gimnasia mental para volver al pasado” porque  “en Jesucristo se ilumina la historia: ‘El es el mismo ayer y hoy y lo será para siempre´ (Hb 13,8)´”.”

SALUDO de NAVIDAD – Obispo Pablo Galimberti 

La Luz del mundo quiere nacer en tu vida

A la comunidad católica diocesana:

A los vecinos, creyentes o agnósticos

A los buscadores de paz y felicidad

A los que esperan algo “nuevo” en estos días

A todos: ¡Dejemos nacer la Luz del mundo!

Cada Nochebuena evoca vivencias antiguas y nuevas. Señal que no quedó archivada en la “bolsita de los recuerdos”. Tampoco es reedición de lo ya visto. Acontece hoy. Invita a entrar en ese espacio con la ingenuidad de niños y las heridas de adultos. Solidarios con un puñado de esperanzas no colmadas, que se palpan en una sociedad agitada, amasijo de euforias, angustias, utopías y frustraciones.

Somos parte de este pueblo y cercanos a sus voces: síntomas de profundas necesidades que no logra calmar el mayor consumo o estridencias. Ni las aquieta el olvido. Es que con una mano tocamos el cielo y con los pies el lodo.

Cada Navidad evocamos lo ocurrido en un tiempo y lugar: “En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo…” (Lucas 2,1).

Pero Navidad no es gimnasia mental para volver al pasado. Según la tradición judía, esta memoria está impregnada de una fuerza histórica que actualiza los efectos de aquel acontecimiento. “Recuerden este día en que ustedes salieron de Egipto, ese lugar de esclavitud, porque el Señor los sacó de allí…. Hoy ustedes salen de Egipto” (Exodo 13, 3-4). En Jesucristo se ilumina la historia: “El es el mismo ayer y hoy y lo será para siempre” (Hb 13,8). El andamiaje de la historia nos ayuda, evitando reducir la historia de salvación a un “cuento” para niños.

Navidad es un nacimiento. Esto puede acontecer “hoy”, como belleza tan antigua y tan nueva,  que jamás se agota. Llama a la puerta, sorprende y trae buenas noticias. Ocurre en la “noche”, matriz gestadora de novedades.  Y el corazón, afinando el oído adivina los pasos de Dios en la cotidianidad, “entre los pucheros” diría Teresa de Avila.

Preparémonos: en cada uno y en cada familia, puede acontecer el milagro de la primera Navidad.

Los saludo y bendigo.

+Pablo, obispo