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El clero diocesano de Uruguay celebró la Fiesta del Cura de Ars

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Obispos, sacerdotes y seminaristas de distintos puntos del país se dieron cita el jueves 2 en el Seminario Mayor Interdiocesano “Cristo Rey” para celebrar la Fiesta de San Juan María Vianney, el Cura de Ars, patrono de todos los sacerdotes.

En el santoral, la fiesta de este santo está inscripta el 4 de agosto, pero tradicionalmente el Seminario recibe a los obispos y sacerdotes el jueves más cercano al día del Santo Cura.

Este año se congregaron unos 170 entre obispos, sacerdotes diocesanos y seminaristas del Seminario Interdiocesano y del Redemtoris Mater. La celebración de la Eucaristía fue presidida por el Arzobispo de Montevideo, Card. Daniel Sturla, los concelebrantes principales fueron el Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, (CEU) Mons. Carlos Collazzi (Obispo de Mercedes) y el Vicepresidente de la CEU, Mons. Arturo Fajardo (Obispo de San José de Mayo). Junto a ellos concelebraron los obispos y todos los sacerdotes presentes.

La celebración de la Eucaristía fue preparada y animada por los anfitriones de la fiesta, los seminaristas del Seminario Interdiocesano. Ellos junto al personal de la casa prepararon el posterior almuerzo y la ambientación, atendiendo a cada detalle.

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De izq a drcha: Mons. Milton Tróccoli, Mons. Jaime Fuentes, Mons. Hermes Garín, Mons. Fernando Gil y Mons. Rodrigo Bilbao

La homilía estuvo a cargo del Pbro. René Da Silva, de la Diócesis de Tacuarembó, quien en primer lugar destacó sus raíces: “Vengo de la Diócesis de Tacuarembó, que abarca los departamentos de Tacuarembó y Rivera y estamos muy contentos de hoy contar con el nuevo obispo Pedro Wolcan, quien será el quinto obispo de nuestra diócesis, la cual va caminado a celebrar sus jóvenes 58 años, en su rico proceso de evangelización”. Refiriéndose al camino evangelizador que se ha hecho en esa parte del país agregó: “En ella se han ido gestando y plasmando sueños y proyectos que han tenido como objetivo construir el Reino de Dios en este norte uruguayo”.

Luego, al compartir lo que significa para él volver al Seminario cada año para celebrar esta fiesta señaló que “esta casa de formación siempre nos trae la nostalgia de un tiempo vivido con mucha alegría, donde fuimos dejándonos moldear por ese Dios alfarero, ese Dios Padre de misericordia, ese Dios que es Amor infinito”.

El P. Da Silva hizo referencia a sus 17 años de ministerio, y recordó al Pastor que marcó su servicio y entrega, Mons. Julio Bonino, quien fuera su Obispo. “Aprendí a mirar la realidad desafiante, ‘el hambre de nuestra gente” de la ciudad y la campaña, con la mirada de un gran pastor en mi vida, obispo Julio Bonino […] Con su vida entregada me enseño a `darle lugar al otro´ y a que para Jesús `ningún caso está perdido´, a mirar y buscar `lo mejor de la otra persona´, a “creer que siempre hay una nueva oportunidad´”, subrayó.

Haciendo referencia al fragmento del Evangelio de San Mateo proclamado en la celebración, Da Silva hizo notar que hay “una mirada que se hace compasión hacia adentro” y “sería el estar siempre en camino de una conversión personal”.  Afirmó que este proceso de conversión personal lo conduce a él a “aguas profundas para poder mirarme desde mis debilidades y heridas y buscar sanarlas, no tener miedo a asumirlas”.

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Para el Presbítero la experiencia de la propia fragilidad es fundamental para tener una mirada sacerdotal compasiva y misericordiosa. “Si yo he experimentado la misericordia y la compasión del Señor al mirar mis llagas, recién ahí podré ser compasivo con las debilidades y llagas de mis hermanos” dijo.

Más adelante en su reflexión se refirió a la mirada que se hace compasión hacia afuera, y que reside en “descubrir al otro como `mi hermano´ y mi hermano más próximo es mi hermano sacerdote”. “Nos cuesta mucho cambiar la agenda sobrecargada para visitar a un hermano sacerdote y tomar unos mates”, admitió.

Se refirió también, en la homilía, al año sabático que vivió el pasado año, para él una experiencia fuerte. “Fue un año duro para rumiar hacia adentro y descubrir mis miserias y bajar al sepulcro, pero reconozco que la Gracia de Dios me sostuvo sobre todo por el acompañamiento que tuve de mi familia, el apoyo y el acompañamiento profesional,  del presbiterio y de quien fuera  el obispo de San Miguel, el Padre Obispo Sergio Fenoy”, compartió el P. Da Silva. “Me vine fortalecido para vivir la fraternidad desde otra mirada”, aseveró.

Hacia el final se refirió al Santo Cura de Ars como ejemplo de esta mirada compasiva que Jesús tenía, “vivió al servicio de los más débiles de su tiempo”, concluyó.

 Luego de la Eucaristía, los presentes disfrutaron de un frugal almuerzo servido por los propios seminaristas, tiempo donde no faltaron las risas y la fraternidad.

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Selfie tomada por e Rector del Seminario Interdiocesano, Mons. Luis Eduardo González durante el almuerzo compartido por obispos, sacerdotes y seminaristas.

Todas las fotos

Video transmisión en vivo

Texto completo de la homilía del Paro. René Da Silva, de la Diócesis de Tacuarembó

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Pbro. René Da Silva en la homilía

Homilía para la fiesta del Santo Cura de Ars en el Seminario Mayor Interdiocesano “Cristo Rey”

Queridos hermanos obispos,  hermanos presbíteros, seminaristas, con un poco de temor y temblor he aceptado la invitación del rector del Seminario novel obispo Luis Eduardo y del Padre Guillermo para compartir mi humilde reflexión en esta fiesta tan linda, tan llena de signos que nos unen como hermanos.

En primer lugar decirles que vengo de la diócesis de Tacuarembó, que abarca los departamentos de Tacuarembó y Rivera y que estamos muy contentos de hoy contar con el nuevo obispo  Pedro Wolcan quien será el quinto obispo de nuestra diócesis, la cual   va caminado a celebrar sus jóvenes 58 años,  en su rico proceso de evangelización. En ella se han ido gestando y plasmando sueños y proyectos que han tenido como objetivo construir el Reino de Dios en este norte uruguayo.  Siempre salir del norte al sur nos cuesta bastante y eso lo sabemos quienes venimos bastante poco al sur, como creo que también cuesta bastante encarar el camino del sur al norte.

Volver a esta casa de formación siempre nos trae la nostalgia de un tiempo vivido con mucha alegría, donde fuimos dejándonos moldear por ese Dios alfarero, ese Dios Padre de misericordia, ese Dios que es Amor infinito.

En este lugar se va forjando nuestro corazón de pastor, teniendo a Jesús como el único Pastor, no sin discutir con nuestras flaquezas, miserias y pecados, pero conscientes también de las posibilidades y fortalezas que todos tenemos. En ese tiempo nos decían: “Es necesario más que pasar por el Seminario, dejar que el Seminario pase por nosotros”

Escuchamos a propósito del buen Pastor, en el Evangelio de Mateo en el denominado: “Discurso de la Misión”, un llamado a tener compasión por parte de Jesús. La palabra que usa Mateo en esta ocasión hace referencia a las entrañas. Podríamos decir con un leguaje que el Antiguo Testamento aplica a Dios, que Jesús muestra “entrañas de misericordia”

La misericordia o compasión de Jesús se dirige a la “multitud”, al pueblo, un pueblo perdido, como ovejas sin pastor. De este modo Jesús marca a sus discípulos la orientación fundamental de la misión: la liberación del pueblo sufriente.

En estos 17 años de ministerio al servicio del pueblo de Dios, he vivido diferentes situaciones donde uno se siente cuestionado por esa multitud, por ese pueblo desorientado, que están “como ovejas sin pastor”. Aprendí a mirar la realidad desafiante, “el hambre de nuestra gente” de la ciudad y la campaña, con la mirada de un gran pastor en mi vida, obispo Julio Bonino .

El me enseño en la primera etapa del ministerio donde uno se quiere “comer el mundo” o el llamado tiempo del “mesianismo” que  tenía que “bajar la pelota”. Vivir sin tanto acelere, no descuidar la oración personal, sobre todo la lectura orante. Por supuesto que estas recomendaciones no siempre fueron escuchadas o tenidas en cuenta.

Con su vida entregada me enseño a , “darle lugar al otro” y a que para Jesús “ningún caso está perdido” a mirar y buscar “lo mejor de la otra persona” a “creer que siempre hay una nueva oportunidad”

Las “entrañas de misericordia” era una expresión permanente en la vida de Julio y que nos la supo transmitir no sólo de palabra sino viviéndola. Nos impregnó siempre de su espiritualidad de la comunión, buscando la unidad en la diversidad y nos enseñó a tener un rumbo común a través de los Planes pastorales y la Misión Diocesana. La consulta permanente al pueblo de Dios y el respetar a raja tabla lo que las comunidades aportaban eran asuntos innegociables en la vida de este pastor.

 A la luz de la compasión de la que nos habla el Evangelio de Mateo me gustaría remarcar dos aspectos que me parecen importantes: 1)-  La mirada que se hace compasión hacia adentro; 2)-  La mirada que se hace  Compasión hacia afuera.

1)- Una mirada que se hace  compasión hacia adentro sería el estar siempre en camino de una conversión personal. A partir de nuestra conversión personal, estamos llamados a una conversión integral de toda nuestra experiencia, de nuestra mentalidad, de nuestros criterios pastorales. Esto nos lleva a entrar al menos a mi en esta etapa de mi vida, en aguas profundas. Poder mirarme desde mis debilidades y heridas, buscar sanarlas y no tener miedo a asumirlas.

Soy consciente que este proceso no es fácil, porque se nos ha dicho en algún momento  que teníamos que  mantenernos firmes sin mostrar debilidad, amar pero sin dejar que nos amen, sentirnos autosuficientes y como nos critica nuestro Papa Francisco : “ser autorreferenciales”

Solamente quien ha experimentado ver sus llagas, puede ayudar o acompañar a quien tiene llagas, el Papa Francisco en Chile decía a los sacerdotes y religiosos: “No escondamos nuestras llagas. Jesús muestra sus llagas y Tomás lo  reconoce desde sus llagas. La conciencia de tener llagas nos hace solidarios, nos abre a tender puentes”

Si yo he experimentado la misericordia y la compasión del Señor al mirar mis llagas, recién ahí podré ser compasivo con las debilidades y llagas de mis hermanos. Me llevará también a sentirme vulnerable porque pedí ayuda, porque expuse mi vida a quien me puede acompañar.

2)- La mirada que se hace compasión hacia afuera según mi humilde experiencia es descubrir al otro como “mi hermano” y mi hermano más próximo es mi hermano sacerdote. Nos cuesta mucho cambiar la agenda sobrecargada para visitar a un hermano sacerdote y tomar unos mates. O “perder” media mañana para escuchar a un hermano que anda en la mala; o postergar para mañana esa llamada para preguntar por la salud de la madre o el padre de un hermano sacerdote. Salir de uno mismo para ir al encuentro, padecer con…compadecernos…y .. ¡ Con cuanta facilidad nos desimportamos los unos de los otros!

….”Solamente quien respira en el horizonte de la fraternidad presbiteral sale de la falsificación de una consciencia que se pretende epicentro de todo, única medida del propio sentir  y de las propias acciones” (Francisco a la CEI)

Es un gran desafío vivir la fraternidad sin embargo vale la pena experimentar esa cercanía cuando uno se abre y comparte. Agradezco de todo corazón a mis hermanos diocesanos que siendo pocos y de avanzada edad algunos, me brindaron su cercanía y acompañamiento ante la petición de mi año sabático. Por cierto fue un año duro  para rumiar hacia adentro y descubrir mis miserias y bajar al sepulcro, pero reconozco que la Gracia de Dios me sostuvo sobre todo por el acompañamiento que tuve de mi familia, el apoyo y el acompañamiento  profesional,  del presbiterio y de quien fuera  el obispo de San Miguel, el Padre Obispo Sergio Fenoy.   Me vine fortalecido para vivir la fraternidad desde otra mirada.

En la medida que vivimos la fraternidad el pueblo se alegra con nosotros, disfruta con nosotros. Es muy lindo cuando nuestro pueblo nos ve unidos y trabajando codo a codo. Y esto es liberador. Es muy feo cuando hablamos mal unos de otros, nos criticamos y somos indiferentes. Siempre ante esto quien sufre es nuestro pueblo, nuestras comunidades. En el Evangelio aparece el verbo “ver”, Jesús Vió, “contempló” a la multitud y desde esa mirada, desde esa contemplación,  nace la compasión.

Y esa  compasión se fortalece  del encuentro gratuito con Jesús en la oración. Sin oración, no hay compasión. Es el “desde donde” nos relacionamos con los demás. Lo he experimentado en mi vida que cuando no he rezado, me he descuidado en el encuentro con la Palabra, me vuelvo duro y medio histérico, me canso más y percibo una sensación de vacío, me vuelvo criticón y malhumorado.

En mi caminar he servido a mi Iglesia particular en cinco parroquias de la ciudad y del campo, con sus características y matices propios de cada geografía. Todas me han enriquecido y en todas he sentido la compasión y el acompañamiento de ese “pueblo fiel” Muchos hermanos laicos me han  ayudado a vivir “la corrección fraterna” y a sentirme “hermano de verdad” como también he sentido el peso y el cansancio, el tedio y sentir la soledad en un pueblito donde a 135 kilómetros tenía al sacerdote más cercano.

En el trabajo también de la coordinación de la Pastoral Juvenil y Vocacional he vivido también esa fraternidad, ese dejarme moldear por los jóvenes que siempre captan cuando no rezaste y te lo dicen, cuando sos larguero en la homilía, cuando la estás pifiando en alguna decisión medio arbitraria….cuando no te estás comprometiendo de verdad.

Quisiera también compartirles mi experiencia de encuentro con los hermanos “más pobres”. Y esto es algo muy lindo que quiero compartir porque surge desde que era muy pequeño. Estando en la estancia con mis padres (siendo niño) donde mi madre era cocinera y papa el capataz ella nos decía siempre, cuando llegaba algún linyera o caminante : “ Trátenlo con mucho respeto y cariño, llévenle la comida y pregúntenle si precisa algo más” Nosotros somos 11 hermanos y mamá también decía: “Vamos a agregarle un poco más de agua a la olla por el que viene en camino”, de manera que el dar desde la pobreza, el mirar al otro como a un hermano, sobre todo al más débil, lo aprendimos de mi madre.  Estando en Rivera me tocó acompañar con los jóvenes y algunos adultos de la comunidad al asentamiento “La Colina”. Para mi “estar con ellos me llenaba el alma” Era encontrar a Cristo sufriente en sus rostros. Era prolongar la Eucaristía en el encuentro con ellos. Cada sábado el ir a compartir y el comprender su lenguaje de solidaridad y  hermandad era un ensanchar mi corazón de pastor. El poder ver las llagas abiertas del dolor por no tener para comer, o ir sobreviviendo con lo poco que iban consiguiendo. El sentir la impotencia de ver a los adolescentes ya fumando o traficando droga por unos pesos para sostener a su familia. He llorado con ellos y me he alegrado con sus avances, me han contenido con su cercanía sincera. Estando Marco, haciendo su primera experiencia en la parroquia antes de entrar al Seminario le decía: “Si estás tentado date una vuelta por asentamiento y vas ver que que cuando vuelvas vas a venir transformado.

El encuentro con el pobre me libera de mis miserias y el me sana las heridas provocadas por mis propios encierros. Me he sentido evangelizado por ellos. Humildemente puedo decir hoy con Monseñor Romero: “ Sentir con la Iglesia, desde los pobres”

Cuando falleció el obispo Julio los que estuvieron recordándolo siempre fueron los pobres, porque son los que te quieren porque  sos, no porque lo que sos o por lo  que fuiste.

En la historia de nuestra Iglesia tenemos muchos ejemplos de esta mirada compasiva desde Jesús: el propio Santo Cura de Ars quien vivió al servicio de los más débiles de su tiempo. Y más reciente nuestro querido Siervo de Dios, el “Padre Cacho” que entregó  su vida, compartiéndola con ellos. Fue la voz de los sin voz . Decía en una oportunidad : “ esa voz que me quema adentro, es la voz de los pobres de esta zona que yo quiero ampliarla, amplificarla”

Estamos llamados a “apacentar el rebaño que se nos ha confiado”  tal como nos ha dicho San Pedro en su carta que escuchamos hace un ratito: “Apacienten el rebaño de Dios a ustedes confiado , velando no forzadamente, sino voluntariamente…como lo hace Dios ( 1 Pe 5,2). Para velar es necesario : mansedumbre, paciencia y constancia de caridad probada. “Velar” habla de esperanza del Padre Misericordioso que vela el proceso de los corazones de sus hijos” tal nos dice El Papa Francisco meditando este texto.

 Ya terminando esta reflexión recordar que para Mateo la oración es el fundamento de la existencia misionera de los discípulos. Solo una comunidad que alimenta su fe mediante la oración intensa es apta para recibir y generar más trabajadores. Así pues en estos breves versículos encontramos las dos claves del mandato misionero de Jesús tal nos lo presenta Mateo: compasión (misericordia) y oración.

Esa oración confiada pidiendo más obreros, más pastores según su corazón para ir a las periferias existenciales como nos pide el Papa Francisco. El Santo Cura de Ars nos siga animando con su ejemplo de Santidad y entrega y María Virgen de los 33 nos proteja y cuide con su amor maternal.