Iglesia al día

" Jesús ha comenzado su camino sobre los senderos de la humanidad; lo ha comenzado en María, transcurriendo los primeros meses de vida en el vientre de la madre. "
Papa Francisco

Adviento, prepararse para recibir al que llega: Reflexión de Mons. Heriberto Bodeant

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El próximo 3 de diciembre será el primer domingo de Adviento donde se rezará el Evangelio de Marcos 13,33-37. El Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, nos ayuda a entrar en este tiempo especial para toda la Iglesia, a través de una reflexión de la Palabra que se proclamará al iniciar este ciclo.

Entramos en el último mes del año como en un tobogán, donde todo se desliza rápidamente.

En este marco, la Iglesia comienza el tiempo de Adviento.

Adviento significa “venida” y se refiere a la venida de Jesús.

Es Él quien viene a nosotros “en cada persona y en cada acontecimiento”.

Preparémonos a recibirlo.

Primer domingo de diciembre… entramos en el último mes del año como en un tobogán, donde todo se desliza rápidamente.

Nos invade la prisa por terminar muchas cosas pendientes, antes de que acabe el año; sea porque se cierran realmente los plazos o porque queremos quedar libres para tomar unos días de licencia sin preocupaciones ni asuntos pendientes.

Navidad y fin de año se van anticipando en reuniones, despedidas, fin de cursos, fiestas, asados… se corre, aumenta la temperatura ambiente, sube el estrés, y comenzamos a desear que el año viejo se vaya de una vez.

En este marco la Iglesia anticipa el comienzo del año con el inicio de un nuevo “Año Litúrgico”. El año litúrgico es la celebración de los misterios de Cristo distribuida a través de las 52 semanas de un año que no coincide con el año civil, porque combina el calendario solar con el lunar. Por eso, aunque la Navidad está fijada el 25 de diciembre, la Semana Santa se mueve cada año.

El año litúrgico tiene cinco grandes tiempos, con acentos diferentes: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y tiempo Ordinario o tiempo durante el Año.

Con el Adviento iniciamos el año litúrgico. Precisamente este primer domingo de diciembre es el primero de los cuatro domingos de Adviento.

Adviento significa “venida” y se refiere a la venida de Jesús.

Sería fácil definirlo como tiempo de preparación a la celebración de la Navidad.

En parte es así, porque del Adviento vamos a la celebración del nacimiento de Jesús; pero eso no es todo.

El tiempo del Adviento nos llama a poner en relación -y podríamos decir en tensión- la primera y la segunda venida de Cristo; la primera venida en su encarnación, en su nacimiento en Belén… la segunda “con gloria” al final de los tiempos, para juzgar a vivos y muertos.

En los primeros días del Adviento, el énfasis está en la necesidad de vivir vigilantes y prepararse siempre, mirando a ese encuentro definitivo con Cristo, ya sea el del final de los tiempos o el del final de mi propia vida. Luego, a partir del 17 de diciembre se nos invita más bien a contemplar los acontecimientos históricos que rodearon el nacimiento de Jesús. El color violeta que identifica todo este tiempo nos señala que son días de revisión de vida, de examen de conciencia, de penitencia y reconciliación.

El telón de fondo del Adviento es el de la esperanza y la alegría cristianas. El recuerdo de que Jesucristo vino, la esperanza de que “de nuevo vendrá”, nos ayuda a descubrir que Jesucristo también “viene”, sigue viniendo hoy, cada día, a cada uno de nosotros. La vigilancia a la que nos invita el Evangelio está relacionada también con el presente. Dice Jesús:

«Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.

Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.

Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!».

Estar prevenidos, estar en vela… Hace unos cien años Antonio Machado, el poeta español, escribió unos versos donde se pregunta cuál es la palabra de Jesús que resume el Evangelio:

Yo amo a Jesús, que nos dijo: / Cielo y tierra pasarán.

Cuando cielo y tierra pasen / mi palabra quedará.

¿Cuál fue, Jesús, tu palabra? / ¿Amor? ¿Perdón? ¿Caridad?

Todas tus palabras fueron / una palabra: Velad.

“Velad”, o sea, velen, manténgase en vela, manténganse despiertos, en vigilancia… esa es la actitud de quien espera, de quien reza con esperanza la petición del Padre nuestro: “venga a nosotros tu Reino” o de quienes aclaman “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección: Ven Señor Jesús” luego de la consagración del pan y del vino.

La consigna de Jesús “estén prevenidos”, “estén en vela”; “velad”, como dice Machado, es un toque de atención para que no nos dejemos arrastrar por la correntada ni aturdir por el barullo. Para no hacer de cada día de nuestra vida una sesión de zapping. Prevenidos, despiertos, para no quedarnos tranquilos en nuestra “zona de confort”, perezosamente instalados en lo que ya tenemos, distraídos de los valores fundamentales, entretenidos en los accesorios.

Despertar puede hacer que nos enfrentemos a nuestra realidad de seres imperfectos y limitados. El profeta Isaías nos pone ante los extravíos del corazón:

“… nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento.”

Pero a pesar de que somos así, frágiles y pecadores, la Palabra de Dios nos llama a la confianza. A pesar de nuestras infidelidades, Dios es fiel y viene a nuestro encuentro “en cada persona y en cada acontecimiento” mostrándonos su misericordia. Cristo vive y “viene” a nosotros, haciéndose presente de muchos modos.

La presencia de Jesús en su Palabra y en la Eucaristía, en cada Misa, es el signo más concreto y eficaz de que sigue viniendo. Que estos domingos de Adviento nos ayuden a abrir los ojos y el corazón para descubrir a Jesús en nuestra vida. Que estando preparados y en vela podamos encontrarnos con Él y que ese encuentro transforme nuestra vida.

Fuente: https://dar-y-comunicar.blogspot.com.uy