Iglesia al día

" Cristo vive. Él es nuestra esperanza y la juventud más hermosa de este mundo. Todo lo que toca se hace joven, se hace nuevo, se llena de vida. Por lo tanto, las primeras palabras que quiero dirigir a cada joven cristiano son: ¡Él vive y te quiere vivo! "
Christus vivit

El último adiós a Mons. Roberto Cáceres: El “pastor con olor a oveja” que “miraba con esperanza a cada persona” 

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Las comunidades de Treinta y Tres y de Cerro Largo despidieron hoy a Mons. Roberto Cáceres, obispo emérito de la Diócesis de Melo, quien falleció a los 97 años este Domingo 13 de enero de 2019.

Embargados en una profunda emoción por la partida, pero al mismo tiempo agradecidos por la vida y el ministerio del “pastor, sacerdote, vecino y amigo”, obispos, sacerdotes, seminaristas, familiares, amigos, autoridades y vecinos se acercaron en la mañana a la Parroquia Jesús Obrero de Treinta y Tres para despedirlo en una Misa presidida por el Obispo de Maldonado-Punta del Este, Mons. Milton Tróccoli.

En la tarde, el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, presidió la Misa de exequias en la que se dio el último adiós “al pastor con olor a oveja” en la Catedral de Melo.

EL PASTOR DE LA ESPERANZA

La comunidad de Treinta y Tres fue la primera en despedir esta mañana a su obispo emérito, en una emotiva misa celebrada en la parroquia Jesús Obrero de dicha ciudad.

Allí estuvieron presentes, además de Mons. Tróccoli, el Obispo de Minas, Mons. Jaime Fuentes, los Pbros. Freddy Martínez, Vicario General de la diócesis de Melo, Luis Arturo Silva, párroco del lugar, junto a varios sacerdotes de la diócesis y numerosos fieles que fueron a despedir a quien fuera su querido pastor.

En la homilía Mons. Tróccoli destacó, entre otros rasgos, la bondad, sencillez y espíritu de servicio de Mons. Cáceres. “El fue pastor, sacerdote, vecino y amigo”, señaló. “Era un hombre que miraba con profunda esperanza al mundo y a la Iglesia, pero sobre todo miraba con esperanza a cada persona, creía en las personas, y así rescataba lo mejor de cada uno”.

Recordó también que cuando Mons. Roberto llegó a la diócesis, luego de varios obispos que a los pocos años de llegar habían sido trasladados a otras diócesis, sintió que la gente estaba triste porque sus pastores se iban pronto. Entonces él se dijo: “Yo me voy a quedar hasta el final, y no me voy a ir”.

Y añadió: “Así fue su vida, entregada con generosidad, con alegría, con profundo espíritu sacerdotal, visitando cada pueblo, cada comunidad, cada hogar, con sencillez y optimismo”.

El Obispo de Maldonado compartió un mensaje de Mons. Raúl Scarrone (obispo emérito de Florida), donde decía cómo Mons. Roberto había acompañado su vocación sacerdotal, y que había sido su padrino de ordenación. Recordó a cuántos sacerdotes acompañó Mons Cáceres, y cuántas vocaciones suscitó con su ejemplo en la diócesis.

Concluyendo su homilía y dirigiéndose a los restos mortales de Mons. Cáceres le dijo: “Querido Roberto, misión cumplida! Tu vida entregada nos anima y fortalece para entregar la nuestra. Cuando estés frente al Padre, ruega por nuestra Iglesia y por todo nuestro querido Uruguay. “

Antes de finalizar la celebración el P. Silva leyó una carta de Mons. Bodeant a la comunidad, donde hacía una semblanza de Mons. Roberto y expresaba su pena por la partida y por no poder estar presente.

También, una integrante de la parroquia, leyó un mensaje lleno de cariño y gratitud por la vida de Mons. Cáceres.

MELO DESPIDIÓ AL OBISPO “BUENO, SANTO, GAUCHO”

A primeras horas de la tarde llegaron los restos de Mons. Cáceres a la Catedral de Melo donde lo aguardaban feligreses, familiares y amigos.

A las 17 h comenzó, en una Catedral colmada, la Misa presidida por el Arzobispo de Montevideo, Cardenal  Sturla, en la que participaron, asimismo, los Obispos Auxiliares de Montevideo, Mons. Luis Eduardo González y Mons. Pablo Jourdan, los Vicarios de la Diócesis de Melo, sacerdotes y seminaristas. Fueron a despedir a Mons. Roberto también el Intendente de Cerro Largo, Sergio Botana, el Canciller Rodolfo Sin Novoa (aunque no estuvo en la Misa), otras autoridades civiles, policiales y de gobierno, familiares, muchos amigos y feligreses.

Al inicio de la Misa el Cardenal invitó a dar gracias por haber tenido a Mons. Cáceres en esta Diócesis: “un hombre cercano, amigo, el Pastor que con su voz a través de la radio llegaba a todos los rincones de estos departamentos y de tantas partes del Uruguay, el hombre simpático, el optimista, el que levantaba los corazones cuando uno podía estar triste, el músico, el tío.”

El Arzobispo de Montevideo transmitió, asimismo, el saludo del Obispo de Melo, Mons.  Bodeant, quien se encuentra fuera del país. El Cardenal expresó que el Obispo Diocesano  “está muy apenado de estar lejos pero estará unido a nosotros en esta celebración eucarística”.

“Estoy seguro de que todos nosotros hoy tenemos la certeza de que Mons. Cáceres ha sido una Palabra de Dios en nuestra vida, un mensaje y un mensajero de Dios y por eso damos gracias”, destacó el Cardenal, al tiempo que remarcó que en la “nube de testigos” a través de los cuales habla Dios, Mons. Roberto es un “testigo excepcional” que nos regaló a la Iglesia uruguaya y a la Iglesia universal.

Compartiendo algunas anécdotas, el Cardenal Sturla contó que a Mons. Roberto, quien falleció en la Fiesta del Bautismo del Señor en el Jordán, le gustaba recordar que él, nacido en Buenos Aires, fue bautizado en la Iglesia San Carlos de Buenos Aires, en la misma pila bautismal que el Papa Francisco.

Al repasar algunos hitos en la vida del Obispo emérito, recordó que su vocación sacerdotal comenzó a gestarse siendo monaguillo, en Florida. También evocó sus primeros tiempos como sacerdote (fue ordenado en 1945) en la zona de la Cruz de Carrasco donde fue un “párroco excepcional”. “Con su acordeón, palabra y simpatía la gente lo quería muchísimo y aún es recordado”, aseguró el Cardenal. “Algunos dicen que fue el inspirador de una novela radial de la época del Padre Vicente que en su momento causó sensación. El cura metido entre la gente, en todos los hechos que pasaban de los vecinos, acompañando las alegrías, los dolores, las penas, las enfermedades de la gente, visitando las casas, convocando para la Misa, acompañando los rezos, estando presente en las duras y en las maduras”, detalló el Arzobispo de Montevideo.

En el año 1962 el Papa Juan XXIII lo nombró obispo de Melo, recibiendo su ordenación episcopal el 19 de marzo de 1962. Al llegar a este punto el Cardenal Sturla compartió otra anécdota a la que había hecho alusión también Mons. Tróccoli en la Misa de la mañana en Treinta y Tres. Como Melo había tenido varios obispos que habían estado por muy poco tiempo él quiso asegurarle a la gente que su estancia allí sería duradera. Al elegir, con mucha reticencia, su escudo episcopal, que consistía en una cruz, eligió como lema “Yo estoy aquí en nombre del Señor”.

Mons. Cáceres, a pocos meses de su ordenación episcopal, viajó a Roma para participar en la primera de 4 sesiones del Concilio Vaticano II a las que asistió con cero falta, cuestión que el obispo emérito gustaba recordar en sus últimos años. El Cardenal Sturla destacó que las palabras enunciadas por el Papa Juan XXIII en la sesión de apertura describen “genialmente” lo que “Roberto significó para muchos, también para mi”: “hieren mis oídos aquellos profetas de calamidades que no saben ver en el tiempo moderno más que prevaricación y ruina olvidándose de la historia maestra de la vida”. “Nos enseña que en todas las épocas hay cosas buenas y malas pero en definitiva la historia está en las manos de Dios”. Este “sentido positivo de la vida  y de la historia” era propio de Mons. Roberto, aseguró el Cardenal. “Con Roberto se va no solo un testigo privilegiado para la Iglesia uruguaya sino también para la Iglesia universal”, subrayó.

El Arzobispo de Montevideo recordó, asimismo, el “magnífico” discurso de Mons. Cáceres dirigido al Papa Juan Pablo II en su visita a Melo y su homilía en la Misa en la que se celebraron 50 años de sacerdocio del entonces Obispo de Canelones, Mons. Orestes Nuti. “Puso como ejemplo la figura episcopal de San Francisco de Sales, el obispo de amabilidad, de la dulzura, de la cordialidad”, seguramente inspirador para su forma de pastorear.

En los últimos tramos de su homilía, el Cardenal destacó que “Roberto encarnó la alegría de la fe, de ser cristiano unida a la simpatía y calidez humana. Era sin duda un pastor con olor a oveja en medio de su pueblo, que iba adelante guiándolo, que iba atrás para que nos perdiera nadie, que iba en el medio acompañando cada situación”.

El Arzobispo de Montevideo recordó que Mons. Cáceres fue periodista, principalmente radial, y aseguró que tenía un gran cariño por esa profesión. Dirigiéndose a los periodistas presentes los animó a emular a “este hombre” que inspirado en San Francisco de Sales (patrono de los periodistas) fue “un testimonio vivo de lo que es un buen periodista que busca la verdad, que dice las cosas como son, con alegría, simpatía y buena cara”.

“Damos gracias por el don que ha sido para la Iglesia la figura de este obispo bueno, santo, gaucho como nuestro primer obispo Jacinto Vera”, culminó el Cardenal Sturla, al tiempo que invitó al clero diocesano a “imitar su entrega apostólica hecha con alegría, simpatía y buen humor, con el deseo de servir al pueblo que les ha sido confiado”.

Luego de la Misa acompañaron al Pastor y amigo para darle su último adiós en el cementerio de Melo.