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El Cardenal Sturla propuso en el Sínodo de Obispos educar a los jóvenes “en la libertad y para la libertad”

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El Cardenal Daniel Sturla efectuó esta mañana su intervención en el Sínodo de Obispos y resaltó la necesidad de “educar en la libertad y para la libertad”, lo que “supone la búsqueda de la verdad hecha con honestidad y sinceridad: sin doblez”.

El Arzobispo de Montevideo propuso pasar de una “moral de esclavos del cumplimiento” a la “moral de hijos agradecidos”. “Podemos así obedecer y ser libres, o estar presos y ser libres… O ir al martirio siendo libres…”, subrayó.

El Cardenal Sturla participa junto con Mons. Heriberto Bodeant (Responsable de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil), en la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebra en el Vaticano del 3 al 28 de octubre, sobre el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

En su alocución el Cardenal Sturla resaltó que “somos más libres cuanto más vivimos con una conciencia recta, pidiendo al Buen Dios la simplicidad del corazón”.

El Arzobispo de Montevideo puntualizó que “educar cristianamente es educar en la libertad, de un modo especial en el acompañamiento a los jóvenes, supone al mismo tiempo suscitar en su corazón el anhelo de la verdad, respetar sus opciones, tener paciencia”.

“Los jóvenes buscan la autenticidad, de un modo especial en sus educadores y acompañantes”, recordó.

“Don Bosco en el oratorio, siguiendo a san Felipe Neri, promovía la  libertad, impulsaba la iniciativa creadora, mostraba un rostro de Dios paterno, cercano, amigo; pero era al mismo tiempo claro y transparente en lo esencial de la vida cristiana. Por eso atraía”, concluyó.

Intervención en el Sínodo – card. Daniel Sturla sdb – Montevideo – Uruguay

“Para ser libres Cristo nos ha liberado”. La hermosa expresión de la carta de San Pablo a los Gálatas adquiere toda su fuerza a lo largo de la vida en la medida que descubrimos la libertad como el don más grande que Dios nos ha dado y el que más nos asemeja a su naturaleza divina.

Cuando estaba por entrar en la casa de formación salesiana como novicio, un antiguo maestro, religioso de los Hnos. de la Sagrada Familia, me dijo: “Daniel, nunca pierdas tu libertad interior”. No entendí mucho estas palabras pero no las olvidé y a lo largo de mi vida, como religioso, sacerdote, obispo y ahora también cardenal, han sido un faro en mi camino.

Somos más libres cuanto más vivimos con una conciencia recta, pidiendo al Buen Dios la simplicidad del corazón. San Francisco de Asís decía de vivir el evangelio simplemente, sin glosas. Una palabra de Jesús ilumina con claridad  cuál es la fuente de la libertad: “La verdad los hará libres”.

Educar en la libertad y para la libertad supone la búsqueda de la verdad hecha con honestidad y sinceridad: sin doblez. Una santa joven como Santa Teresita hacía un culto de la verdad: “yo no he buscado más que la verdad”.  Los jóvenes buscan la autenticidad, de un modo especial en sus educadores y acompañantes.

Educar cristianamente es educar en la libertad, de un modo especial en el acompañamiento a los jóvenes, supone al mismo tiempo suscitar en su corazón el anhelo de la verdad, respetar sus opciones, tener paciencia.

En el Instrumentum Laboris  hay muchas menciones a la libertad y a la conciencia. El N° 121  al hablar del acompañamiento, dice: “El acompañamiento vocacional es un proceso capaz de liberar la libertad…”

De eso se trata. Un buen acompañante hace de espejo para que el acompañado se conozca y pueda hacer sus opciones con libertad. La libertad interior impide la manipulación y el abuso por parte de otros. Ayuda a tener una idea propia de las cosas, a no dejarse llevar por la masa; por los aplausos, ni por los silbidos; a tener una distancia razonable de todo líder carismático, y libre también del acompañante. Seguimos sólo al Señor. Siguiendo a  Cristo y sus  mandamientos, vividos sincera y honestamente, recurriendo al sacramento de la penitencia cuando fallamos, abiertos a la gracia, vamos haciendo camino de libertad interior.

Pasamos de la moral de esclavos del cumplimiento a la moral de hijos agradecidos. Podemos así obedecer y ser libres, o estar presos y ser libres… O ir al martirio siendo libres… Era más libres Mons. Romero que quienes lo mataron o mandaron matar.

Don Bosco en el oratorio, siguiendo a san Felipe Neri, promovía la  libertad, impulsaba la iniciativa creadora, mostraba un rostro de Dios paterno, cercano, amigo; pero era al mismo tiempo claro y transparente en lo esencial de la vida cristiana. Por eso atraía.