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La Iglesia en los medios Nicaragua y Uruguay: una enorme pregunta [opinión]

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Todos lo que manejamos un mínimo de información sabemos del desbarranque del Orteguismo, paso a paso, inmoralidad tras inmoralidad.

Por Esteban Valenti.

La enorme catarata de declaraciones, resoluciones, opiniones contra la represión que se ha desatado en Nicaragua por parte de la dinastía Ortega-Murillo, puede ser vista como un episodio más de la situación regional o como un proceso relacionado con nuestro propio país y con el destino de los uruguayos.

Leyendo la prensa de izquierda internacional, el repudio es casi unánime y surge de los hechos y desde el fondo de la desilusión y de la amargura de ver naufragar definitivamente la heroica lucha de los sandinistas contra la tiranía de Somoza, todo un símbolo del dominio imperial y oligárquico en nuestra América. En esa lucha participaron muchos uruguayos y algunos entregaron su vida.

La inmensa mayoría sentimos, vemos, miramos como todo se fue al carajo. Primero se aliaron con sus antiguos enemigos, con personajes de las clases dominantes locales, luego con las jerarquías de la iglesia que apoyaron con toda sus fuerzas a los “contra”, y más tarde destruyeron todo el tejido político de los históricos dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y ahora en el fracaso de sus políticas económicas, sociales, educativas se han revolcado en el fango de la peor represión, la de los aparatos del estado y de los paramilitares.

En Uruguay las reacciones en la izquierda – con matices – fueron dos, por un lado la inmensa mayoría repudió la represión, con más vigor y amplitud de lo que se ha hecho con Venezuela (¿??) y por otro lado hay silencio o apoyo a través del Foro de San Pablo.

Los que apoyaron la actual y vergonzosa declaración del Foro de San Pablo fueron el PCU, el PVP y la lista 711. Mientras tanto en el senado uruguayo aprobó por unanimidad una declaración propuesta por el FA en una sesión promovida por el Partido Independiente, de rechazo a la represión y de reclamo de un diálogo verdadero para preparar una salida institucional a la grave situación.

Todos lo que manejamos un mínimo de información en el Uruguay sabemos del desbarranque del Orteguismo en Nicaragua, paso a paso, inmoralidad tras inmoralidad.

Junto con las declaraciones de rechazo que llueven desde todos lados, algunas realmente con una sólida argumentación y con profundo dolor, lo que la izquierda necesita, se merece es analizar las causas de este desbarranque, de esta traición a los ideales originales del sandinismo y de la revolución.

No es solo para recomponer la historia con memoria frente a la posverdad del orteguismo, sino como enseñanza, como aprendizaje y como necesidad de rigor histórico que debería definir nuestra propia identidad.

Pero hay otro aspecto otra interrogante que nos debería preocupar ¿Los que apoyan a Ortega y a Maduro, si pudieran, si tuvieran la mínima posibilidad de aplicar su “modelo” que haría en Uruguay?

No es una pregunta retórica, es obligatoria, porque no hablamos de teorías, de “modelos”, de consignas propagandísticas del “socialismo del siglo XXI”, estamos hablando de nuestras vidas y sus avatares.

En la justificación y en el apoyo al orteguismo hay algo más profundo que la simple solidaridad declarativa, el compromiso en un Foro como el de San Pablo que ha desvirtuado totalmente sus orígenes, hay en cierta forma una visión de las relaciones políticas, de las formas a las que puede llegar el poder para asegurar un “modelo” o una visión del mundo y de las sociedades.

¿Por qué tenemos que creer que, si llegara el hipotético momento de detentar en el Uruguay, el poder al estilo de Nicaragua o de Venezuela, con los mismos argumentos esgrimidos para justificar su desbarranque, sus fracasos y su camino hacia la tiranía, no lo recorrerían en estas latitudes?

Es una pregunta que deberían respondernos obligatoriamente los que apoyan estos regímenes sangrientos y feroces. No será seguramente de la misma manera, tendrían sus matices, pero en el fondo el respeto por las libertades, los derechos democráticos, los derechos de la oposición y al disenso tiene una línea divisoria, que cuando se cruza, no tiene retorno.

Eso no sucedió en absoluto en el Uruguay con los gobiernos del Frente Amplio y es obligatorio reconocerlo, al contrario, se han defendido y ampliado las libertades. ¿Por qué? Porque las fuerzas mayoritarias del FA prevalecieron de manera muy clara, pero hay destellos, momentos y sobre todo apoyos internacionales que ponen en duda estos aspectos democráticos ¿qué sucedería si esos sectores tuvieran más poder?

Viva la unidad, viva la pluralidad, pero tengamos bien claro que como todas las cosas humanas tienen un límite, para mí son muy claros, es la democracia y la libertad en el sentido más amplio. No puse la unidad de la izquierda, porque creo y estoy dispuesto a cualquier debate, que Ortega y Maduro, no les queda una bizna de pensamiento ni de acciones de izquierda.