Iglesia al día

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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Navidad en zonas de crisis

EL OBSERVADOR |

Diferente. Testimonios de festejos en medio de la enfermedad, la guerra, la violencia y la escasez

Entre camaradas

Unos 250 uruguayos pasaron la Navidad en Haití, donde se encuentra un batallón de las Misiones de Paz de ONU en ese país. Los contratos de los efectivos son por un año, por lo cual pasar las fiestas lejos de casa es parte de la “letra chica” del contrato.

El coronel José Gentini, jefe del batallón conjunto de uruguayos y peruanos en Haití, había previsto que sus hombres estarían desplegados cumpliendo funciones relativas a las elecciones que habría el día después, o sea hoy sábado. Pero las autoridades nacionales aplazaron los comicios y todos los efectivos pudieron pasar la fiesta en la base.

La diferencia horaria jugó a favor de los cascos azules, que compartieron una cena el 24 y a sus 22 horas, las 00 de Uruguay, establecieron contacto con sus familias y se unieron a los festejos en el país. El plato principal fue pavo y pollo cocinados en horno de pan. Hubo brindis pero sin alcohol, porque está prohibido durante una misión de paz. “Tenemos un rol que cumplir más allá de la celebración”, puntualizó el coronel Gentini en diálogo con El Observador.

También vieron videos y escucharon música, y ayer se levantaron un poco más tarde. Salvo los que tenían tareas específicas que cumplir, compartieron una jornada más distendida con actividades deportivas y competencias. “Festejamos juntos y nos apoyamos codo a codo en un momento de mayor sensibilidad. Lo bueno es que el camarada está en la misma situación que uno”, graficó el coronel.

En un intento por vivir la fiesta de la mejor manera posible, el lugar fue decorado con un pesebre y luces navideñas. Cocinaron pan dulce y budín inglés e incluso sortearon canastas navideñas elaboradas con donaciones que recibieron. Es que mantener el ánimo es fundamental para poder realizar bien las tareas encomendadas y el espíritu navideño coopera con ello. Por eso, también, es que se buscó coordinar el horario para que todos pudieran tener un buen tiempo de comunicación con su familia.

“La carga de la misión se divide entre la familia y el que está lejos. Y en algunos casos, el mayor peso recae en la familia, que sigue con su día a día pero sin nosotros. En cambio, para los que estamos aquí hay algo de novedad y de trabajo que nos mantiene ocupados y más distraídos”, compartió el coronel.

En Haití el ambiente festivo se nota en la población local y eso también ayuda. De acuerdo con el coronel Gentini, los haitianos son sumamente religiosos. La mayoría es católica o protestante, pero también hay ritos paralelos. “Son muy practicantes, se visten con su mejor ropa para ir a las celebraciones religiosas, caminan kilómetros para asistir. Pese a que viven en extrema pobreza y con servicios sociales casi inexistentes, viven la religión con un empuje especial y las familias se trasladan para reunirse por estas fechas. La religión es una suerte de salvavidas para ellos”, agregó el coronel.

Un olivo navideño

en PalestinaEn los territorios palestinos este año se vivió una tensión especial, con una ola de violencia que se incrementó en octubre y que todas las semanas deja muertos, heridos o presos por incidentes con el ejército israelí.

Belén, la ciudad donde nació Jesús, fue hasta hace pocos días escenario de enfrentamientos y esto se nota en la cantidad de turistas, que descendió notablemente. En años anteriores llegaban unos 60 ómnibus por día y hoy arriban apenas cinco.

A unos 20 kilómetros de allí se encuentra la ciudad de Hebrón, donde también hay violencia todos los días, según resumió a El Observador Marcos Moyano, psicólogo argentino que trabaja para Médicos Sin Fronteras.

“Los ánimos de la gente están muy relacionados con la situación que se está dando. La crisis empezó en octubre, hubo un incremento de la violencia y eso se refleja en más enfrentamientos entre población palestina y fuerzas israelíes”, resumió. La Navidad llegó en un momento en que hay constantemente heridos, arrestados y dos o tres “mártires” por semana. El trabajo de Moyano consiste en brindar atención a las víctimas de la violencia y de la situación política, así como a otros miembros de sus familias, que muchas veces sufren también una suerte de represalia.

La población a la que atiende este argentino no está especialmente preocupada por la Navidad porque es musulmana. Pero él y otros trabajadores de organizaciones internacionales festejaron por adelantado en la casa de uno de ellos.

“Tuvimos una Navidad anticipada. Hubo decoración y un olivo iluminado fue nuestro árbol”, contó. En Año Nuevo también se reunirán.

De lejos y sin saludarse

La experiencia de Pablo Krause, periodista argentino que trabaja en Médicos Sin Fronteras, es de 2014 pero vale la pena por lo diferente. Hace un año por estas fechas se encontraba en Sierra Leona, donde regían medidas extraordinarias de seguridad debido a la epidemia del ébola, que en el país implicó 14.089 casos y 3.955 muertes. Estaban prohibidas las reuniones de gente y el contacto físico con los demás. El virus es tan contagioso que no podía haber abrazos, besos ni apretones de manos.

Así llegó la Navidad, que encontró a este argentino en las oficinas de la ONG en Freetown, la capital. Si bien el lugar se decoró, el trabajo era intenso y la situación del país no estaba como para grandes festejos. Los que pudieron fueron a almorzar a una playa. “Pero todo fue muy sobrio”, relató el argentino a El Observador.

En el centro de tratamiento de pacientes de ébola ubicado en la capital del país hicieron algunas decoraciones (una suerte de árbol navideño con material que tenían a mano) y se tuvo una atención especial con los que fueron dados de alta ese día. Al conjunto de ropa limpia que siempre se les da, se le colocó un moño como si fuera un regalo. Un gesto especial por la fecha.

Para Año Nuevo regían los mismos cuidados y Krause se encontraba en un centro sanitario en la localidad de Bo. El personal que no estaba de guardia en ese momento compartió una cena de fin de año en la noche del 31.

Después, todos los miembros del staff se acercaron –por fuera– a la “zona de visita” del centro de tratamiento, que es una suerte de patio por donde circulan los pacientes que ya se sienten mejor. Ese patio está delimitado por un cerco, por lo que los pacientes pueden dialogar con quienes están afuera. Allí, afuera y en contacto visual con los internados, se instaló el personal que no estaba de guardia. Del otro lado estaban los pacientes y los que los trataban. Aunque separados por unos tres metros, todos se podían ver y juntos hicieron la cuenta regresiva para el año 2015.

“La mayoría de los deseos para el año que comenzaba eran relativos a la enfermedad. La gente pedía que termine el ébola, que se retomara la vida normal”, contó Krause. En 2015 esos anhelos se hicieron realidad, pues el país fue declarado libre de la epidemia en noviembre.

Navidades políticamente correctas

Los venezolanos siempre fueron muy familiares y alegres. Todos los años, apenas comienza diciembre, se nota la felicidad y se escuchan las gaitas, la música típica de esta época. Hay mucha gente en la calle, pendiente de comprar sus estrenos para usar el 24 o 31 de diciembre. Siempre hay una cena familiar y los más jóvenes luego salen a bailar. Esto, en todos los estratos de la sociedad.

“En los últimos años el alto costo de vida y la inflación, que nunca existió a estos niveles en el país, hizo que el venezolano se haya tenido que adaptar muchísimo en estas festividades. Y eso se suma a la escasez”, contó a El Observador Néstor Olleros desde Venezuela, su país natal.

Al venezolano le gusta comer y tiene sus platos típicos para estas fiestas, agregó el joven. Pero este año no es fácil cocinar hallaca (masa de maíz rellena con guiso), pernil (pierna de cerdo) o pan de jamón debido a la escasez y al alto costo de las carnes. Con la bebida alcohólica sucede algo similar. En el país disfrutan especialmente del whisky y la cerveza. Pero el primero es importado y ahora cuesta cinco veces más que hace dos años. Y la segunda se elabora con materia prima importada, que se vio afectada por el tipo de cambio, entró en menor cantidad y también resulta muy cara.

Además, las fiestas encuentran a muchas familias divididas debido a que miles de jóvenes emigraron en los últimos años. De los 11 compañeros de clase de Olleros, solo dos siguen en el país. “Por eso ahora muchos pasan el 24 o el 31 pegados a la computadora en una conversación por skype (…).Eso afecta las relaciones familiares”, detalló.

“Pero este año es distinto”, prosiguió Olleros. “A pesar de que tenemos un año muy malo económicamente y que el que viene será aún peor, el venezolano está celebrando porque después de muchos años tenemos unas navidades políticamente correctas. Hay tensión en el ambiente respecto a lo que pueda suceder de aquí al 5 de enero. Pero muy a pesar de eso la gente tiene una sonrisa de oreja a oreja porque se le dio una ganancia distinta al país”.

Pese a todo esto, en gran parte de la población vuelve a haber optimismo, aseguró el joven, y todos aguzaron la imaginación para conseguir una pata de cochinillo o una yaca y festejar en familia. “La gente tiene ganas de celebrar a pesar de que no tiene el dinero que antes había”, resumió.