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La Iglesia en los medios Multitud en el Vía Crucis que presidió el Papa

EL PAÍS |

El papa Francisco presidió anoche su segundo Vía Crucis donde participaron más de 40.000 personas. El obispo Giancarlo Maria Bregantini escribió las reflexiones que se leen en cada estación.

Los temas abordados fueron la crisis económica, el desempleo, el maltrato a las mujeres, la soledad, las enfermedades, la situación de los presos, el drama de los refugiados, la trata de seres humanos, la droga, el alcohol, los abusos de la mafia. Luego de impartir la bendición, el papa regresó al Vaticano.

Anoche, alrededor del Coliseo romano, el papa Francisco presidió su segundo Vía Crucis como pontífice, en el que se conmemora el calvario de Cristo hasta su crucifixión.

A las nueve de la noche el pontífice llegó al célebre monumento romano, en donde lo esperaba miles de personas, turistas y religiosos, la mayoría con antorchas. Igual que el año pasado, el papa Francisco asistió al rito desde la terraza del Palatino, frente al imponente anfiteatro romano, sin recorrer a pie las 14 estaciones.

Según la leyenda, fue en el Coliseo donde los cristianos fueron arrojados a los leones durante las persecuciones de los primeros siglos después de Cristo.

Este año el Vía Crucis tiene la impronta de Francisco, quien encargó la redacción de las meditaciones que se leen en cada estación al obispo italiano de Campobasso (sur), Giancarlo Bregantini, conocido por sus batallas contra la mafia.

Las reflexiones de Bregantini, que en su juventud fue un obrero al que la mafia de Calabria en 1994 colocó una bomba bajo el altar el día en que fue ordenado obispo, este año giraron en torno a la figura de “Jesús condenado, víctima de racismo y de calumnia”. La crisis económica, el desempleo, el maltrato a las mujeres, la soledad, las enfermedades, la situación de los presos, el drama de los refugiados, la trata de seres humanos, la droga, el alcohol, los abusos de la mafia, fueron los temas abordados en cada una de las estaciones.

En cada una de las estaciones la cruz fue cargada por trabajadores, empresarios, inmigrantes, detenidos, huérfanos o enfermos.

En la céntrica zona del Foro Imperial se instalaron varias pantallas gigantes para que los peregrinos y turistas que llegaron a Roma por la Semana Santa pudieran seguir el rito. El Vía Crucis fue transmitido en directo por 50 canales de televisión de numerosos países.

También, recordando el sufrimiento de María, se mencionó a las “madres que velan en la noche, con las luces encendidas, temblando por los jóvenes abrumados por la inseguridad o en las garras de la droga y el alcohol, especialmente las noches del sábado”.

En las meditaciones también se lloró por “esos hombres que descargan sobre las mujeres la violencia que llevan dentro” y por todas las mujeres esclavizadas.

Al finalizar la ceremonia, inmediatamente después de dar la bendición, el pontífice subió al auto, el Ford Focus que usa para moverse en la ciudad, y regresó al Vaticano. Los fieles gritaban “¡Viva el papa!”.

La Pasión de Cristo.

Más temprano y ante cientos de fieles, el papa Francisco encabezó la Pasión de Cristo en la basílica de San Pedro en el Vaticano con motivo del Viernes Santo, cuando los cristianos conmemoran la crucifixión de Jesucristo.

Durante la ceremonia, en la que no se oficia misa y no hay consagración pero sí comunión, el Papa, vestido con los paramentos rojos, se tendió en el suelo ante el altar de la confesión para orar. Según la Iglesia católica debajo descansan los restos del apóstol San Pedro.

Luego se procedió a la lectura de la Pasión de Cristo, cantada por tres diáconos y por el Coro de la Capilla Sixtina y ante una cruz tapada con un velo rojo. La homilía estuvo a cargo del predicador de la Casa Pontificia, el franciscano Raniero Cantalamessa, quien enfatizó que “el dios dinero se encarga de castigarse a sí mismo y a sus propios adoradores”.

Finalmente, la misa del domingo de Resurrección será en la Plaza San Pedro y comenzará a las 10.15, tras la cual Francisco impartirá la bendición Urbi et Orbi.

En otro gesto que caracteriza la figura del papa, se repartirán durante la semana unos 1.200 evangelios de bolsillo a los presos de la cárcel romana de Regina Coeli, tarea que le fue encomendada al limosnero pontificio, el polaco Konrad Krajewski, quien realizará una visita a la prisión.

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