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Noticeu Montevideo tiene dos nuevos diáconos en orden al sacerdocio: Pablo Ibarra Cervantes y Mario Santangelo

Foto de F. Gutiérrez / ICM

El sábado 2 de mayo, en el Santuario Nacional del Sagrado Corazón del Cerrito, se celebró la ordenación diaconal, camino al sacerdocio, de Pablo Ibarra Cervantes y Mario Santangelo, ambos pertenecientes al Camino Neocatecumenal. La Misa fue presidida por el Card. Daniel Sturla, acompañado por el Obispo Auxiliar, Mons. Pablo Jourdan y algunos sacerdotes y seminaristas; tanto del Seminario Interdiocesano Cristo Rey, como del Seminario Redemptoris Mater de Montevideo.

En un templo casi vacío debido a la pandemia del coronavirus, pero acompañados por cientos de personas a través de las redes sociales y la transmisión de ICMtv, tanto Pablo como Mario pudieron sentir la cercanía de sus formadores, hermanos en el ministerio y sus familias, que los seguían a la distancia desde México y Estados Unidos (donde se encuentra la familia de Pablo) e Italia, de donde proviene Mario.

“Dignos del momento que nos toca vivir”
Siguiendo con el ritual de ordenación diaconal, luego de leído el Evangelio y antes de la homilía, los candidatos fueron llamados por su nombre. Acto seguido, el P. Fernando Lema, rector del Seminario Redemptoris Mater, pidió al Card. Daniel Sturla la ordenación para el ministerio diaconal de Pablo Ibarra y Mario Santangelo.

Al comenzar la homilía, el Card. Sturla recordó que el domingo se celebraba a Jesús Buen Pastor, y cómo la lectura del Evangelio según san Juan aseguraba que la ovejas escuchan la voz del verdadero Pastor. “Hoy nosotros nos situamos como ovejas que queremos escuchar su voz y seguirlo”, comentó.

Para el Arzobispo de Montevideo más allá de las circunstancias especiales que estamos viviendo, “el Señor también nos habla hoy, porque su palabra, que es eterna, llega en cada momento y en cada circunstancia con un acento nuevo”. Y en seguida se preguntó: “¿Qué nos puede decir Dios hoy cuando tratamos de acercar su Palabra a la realidad que vivimos?”. Y compartió su reflexión: “Que debemos ser dignos del momento que nos toca vivir. Cuando miremos hacia atrás, dentro de unos años, cuando veamos este tiempo raro como algo del pasado, la pregunta clave será si hemos estado a la altura de las circunstancias”.

La voz del Señor nos hace más libres, humanos y felices
Asimismo, el Card. Daniel contrastó las dos realidades que mostraba el Evangelio: por un lado, la persona de Jesús que trae la vida en abundancia: por el otro, “vendrá también el ladrón a robar, a matar y a destruir”. Y advirtió a los candidatos: “Queridos amigos, Pablo y Mario, el ladrón anda siempre buscando por dónde entrar, cuál es el flanco débil por el que puede entrar en nuestra casa, coparla como se hace hoy. Nosotros debemos estar atentos para no dejar de oír la voz del Señor y escuchar la otra voz, que puede ser más seductora, más encantadora, más llena de falsas y vanas promesas”, advirtió a los inminentes diáconos y futuros sacerdotes. “La voz del Señor es la que nos hace más libres, más humanos, más felices”, los alentó.

Más adelante, el Arzobispo instó nuevamente a “ser dignos del llamado que han recibido y también de la gente que los necesita, es lo propio de los diáconos”. “Sean fieles al carisma en el que han sido llamados y a la diócesis en la están incardinados, no se dejen engañar”, los urgió.

A continuación, el celebrante compartió a los candidatos el hecho de que “mucha gente necesita curar sus heridas, y es lo propio del pastor, pero también nosotros tenemos que presentar nuestro corazón al Señor para que el cure las heridas de nuestro camino de pastores”. “No abran llagas, aunque a veces para sanar sea necesario ir al fondo; traten de sanarlas siempre como el Buen Samaritano, con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza”, los animó.

Después, les habló de la promesa de celibato y el compromiso con el rezo de la oración oficial de la Iglesia, y cómo estas dos realidades son inseparables. “La fidelidad a la oración y la fidelidad al celibato se unen, porque no existen una sin la otra. Cuando el amor de Dios no es alimentado cada día con la oración fiel y perseverante, pronto el corazón anda mendigando amores”, les subrayó.

Humildad ante el Señor
Siguiendo su alocución, el Card. Daniel Sturla hizo foco en el  lema de ordenación elegido por los futuros diáconos en camino al sacerdocio, unas palabras del Rey David: “¿Quién soy yo Señor, y quién es mi casa para que me hayas hecho llegar hasta aquí?”. Reflexionó  sobre esta frase y la figura de David, “pecador y santo como lo describe la Palabra de Dios, capaz de lo mejor y lo peor, es como la de todos nosotros”. Y añadió, “la casa hace referencia a la familia. A esas familias de las que vienen nuestros futuros diáconos, toca la vida que surgió en las entrañas maternas y que en ambos, después de numerosas vicisitudes, los hace llegar hasta este rincón que es Montevideo, Uruguay”.

Sobre el final de la homilía, el Arzobispo, encomendó la vida de Mario y Pablo “a María, la humilde Madre de Dios, siempre obediente al Padre en la búsqueda de su voluntad. Ella hoy une Italia, México, Estados Unidos, los lugares donde han hecho la experiencia pastoral, las comunidades del Camino, las parroquias”. “Que siempre sientan su cariño de Madre y le cuenten sus cosas. De nada ella se asustará y sabrá siempre comprender y les dará la humilde dignidad de ser seguidores de su Hijo”, finalizó.

Momento de agradecer
En el momento de la acción de gracias, el nuevo diácono Pablo destacó el don de la vida y la fe recibidas. Quiso dar gracias a Dios por su familia, “la mejor que pudo darme”, dijo. Y se explayó: “Quiero dar gracias especialmente a mis padres, que seguramente me están viendo o escuchando; porque mi madre casi no ve y mi padre escucha poco, así que se complementarán, se ayudarán entre ellos”.

Fue especialmente emotivo el momento en que, recordando a sus progenitores, mencionó: “Gracias por haberme dejado nacer a pesar de la opinión de los médicos, ya que soy el menor de nueve hermanos y mis padres eran mayores cuando me tuvieron. Y a pesar del riesgo de vida que corría mi madre, ellos se la jugaron para que naciera”.

También puso en su oración el agradecimiento a la Iglesia “que nos ha acompañado en este camino de fe, gracias a nuestros catequistas que han dado la vida por la evangelización, gracias a nuestras comunidades en Italia, México y en Estados Unidos”. Y, enfatizando la presencia paterna y cercana del Card. Daniel Sturla, agradeció a la Iglesia de Uruguay, entre ellas las comunidades de Possolo y de Puntas Carretas, los lugares donde Pablo y Mario viven su ministerio actualmente. Por supuesto, agradeció al Camino Neocatecumenal y al Seminario Redemptoris Mater.

La alegría que solo da el Señor
“Comienzo este saludo con un corazón agradecido lleno de la alegría que solo el Señor puede darnos”, fueron las primeras palabras del nuevo diácono Mario. También recordó a la parroquia de Jesú e Maria di Foggia, en la cual nació su vocación, y la parroquia de San Paolo, donde recibió el Bautismo.

Mencionó a sus formadores y a todos los seminaristas, “que con amor y paciencia, han sabido acompañarme en esta vocación”, dijo.

Sostuvo, además, que en su familia descubrió el amor a la Iglesia, la importancia del perdón y de la reconciliación. “Estoy agradecido a mis padres; por la honestidad y generosidad de mi padre, por la constancia y el coraje de mi madre. También por mis hermanos de sangre, siendo el primero de cinco”, agregó. No olvidó a la comunidad de Punta Carretas, a la que consideró su nueva familia.

Después de agradecer a la Arquidiócesis de Montevideo y al Card. Daniel Sturla, se tomó unos segundos para recordar a sus abuelos. “Sobre el final, voy tener un  reconocimiento para mis abuelos: Mario, Angela y Ricardo. y sobre todo para esa gigante de la fe que es mi abuela Ricardina, seguramente ahora me está cuidando desde el Cielo y me debe estar sonriendo”, concluyó.

El perfil de los nuevos diáconos
Pablo Ibarra Cervantes es el menor de nueve hermanos de una familia católica. Nació en San Miguel, municipio de Armadillo de los Infante, San Luis Potosí, México. Al terminar el bachillerato fue a vivir y trabajar a San Antonio, Texas, en Estados Unidos.

Después de un tiempo alejado de la Iglesia y de una crisis existencial, retornó al amor de Dios. “Después de haber descubierto este Tesoro, sentí que no me podía quedar con eso solo para mí. Me sentí llamado a transmitir lo que yo había recibido”, confiesa.

Sintió el llamado del Señor al sacerdocio ministerial y está hace casi 10 años en Uruguay, formándose en el Seminario Redemptoris Mater, del Camino Neocatecumenal. Desde febrero se encuentra en la Parroquia de  los Sagrados Corazones de Possolo (donde están los restos del Padre Cacho), junto al Padre Luis Ferrés.

Mario Santangelo nació en la ciudad de Foggia, en la región de Apulia, en Italia. A punto de cumplir 40 años, es el mayor de cinco hijos de una familia de fe. Después de discernir su vocación, dentro del Camino Neocatumenal pasó por las comunidades en su país natal y ahora en Uruguay. En el último periodo ha vivido su servicio en la Parroquia Ntra. Sra. del Sagrado Corazón, en Punta Carretas, junto al P. Daniel Kerber.

 

Crónica, imágenes y video de https://icm.org.uy/el-aceite-del-consuelo-y-el-vino-de-la-esperanza/