Iglesia al día

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Noticeu Mons. Roberto Cáceres: el “Obispo bueno”

Pese a las inclemencias del tiempo, en la tarde del miércoles 3 de octubre el Salón Dorado de la Intendencia Municipal de Montevideo se colmó de personas que asistieron a la presentación del libro “Levadura, Fuego y Sal. Una historia de la Iglesia del Uruguay en el testimonio de Mons. Roberto Cáceres”, de la autoría del Dr. Tomás Sansón Corbo.

La presentación de la publicación del sello Sicut Serpentes estuvo a cargo del Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant: del ex embajador uruguayo ante la Santa Sede, el historiador Mario Cayota y del autor, oficiando de moderadora la editora, Laura Álvarez Goyoaga. El lanzamiento del libro tuvo la particularidad de contar con la presencia y el testimonio del protagonista de la historia: Mons. Roberto Cáceres, Obispo emérito de Melo, quien deleitó a los presentes con sus reflexiones, verdaderas enseñanzas de vida.

Permanecer en unión con Jesús y con su pueblo

En la presentación del libro comenzó haciendo uso de la palabra el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant quien, tras referirse a aspectos generales del Concilio Vaticano II, compartió con los presentes la convicción de Mons. Cáceres de que “el Concilio lo ha formado como Obispo y lo sigue formando”.  Señaló, en este sentido, que además del espíritu conciliar, Mons. Cáceres tiene una especial sintonía con el Papa que lo convocó:  Juan XXIII, “el Papa bueno”. Recordó que su encíclica Pacem in terris (Paz en la tierra) constituye un verdadero testamento espiritual que se dirige no sólo a los católicos, sino a todos los hombres de buena voluntad (una expresión que es usada por primera vez en el Magisterio de la Iglesia) en la que, entre otros aspectos,  se resalta la alta dignidad de toda la persona humana, se contemplan los acontecimientos de aquellos años buscando los “signos de los tiempos” y se plantean principios para el diálogo y la colaboración aún entre aquellos que no comparten las mismas creencias y principios filosóficos.

Esta encíclica, sostuvo el Pastor, “refleja la actitud de apertura al mundo y de interés por la vida humana tan propia del Papa Juan, la búsqueda del bien común y de los caminos de reencuentro de una humanidad entonces dividida en dos bloques terriblemente armados y bajo la amenaza de una guerra de destrucción total”. “Bajando a la pequeña escala de una  diócesis del interior del Uruguay, a través de este libro, en sintonía con aquel ‘Papa bueno’ uno encuentra al ‘Obispo bueno’ , atento no sólo a las necesidades de los fieles de su Iglesia sino al bien del conjunto de la sociedad con la que se relaciona e interactúa”, subrayó Mons. Bodeant.

Aludiendo al pasaje del Evangelio de San Juan en el que Jesús expresa “permanezcan en mi amor” (La vid y los sarmientos) Mons. Bodeant resaltó que el mérito de Mons. Cáceres no es haber durado, tal como suele decirlo él mismo, sino “permanecer en unión con Jesús y permanecer en su amor”.  “Este libro es una forma de agradecimiento por esa presencia en la que ha permanecido en el amor de Dios y de su gente”, concluyó el Obispo de Melo.

¿Con qué se va a encontrar el lector?

El autor del libro, el doctor en historia Sansón Corbo, adelantó que el lector se va a encontrar “con una historia de vida que se transforma en historia de una institución, la historia de un clérigo que fue protagonista de años y etapas cruciales de la historia de la Iglesia en Uruguay”.

El libro aborda la situación de la Iglesia en el pre concilio, devela las estructuras de esa Iglesia a través de la formación de un seminarista y de la vida y acción de un Párroco (fundamentalmente en la Cruz de Carrasco) y refiere a un acontecimiento tan importante como el Concilio Vaticano II, que lo tuvo como protagonista. En las páginas de la publicación el lector encontrará, asimismo, las tendencias en pugna dentro del Concilio, los alineamientos de los Obispos uruguayos en la interna del mismo y, posteriormente, la aplicación de las normas conciliares en la Iglesia uruguaya. “También va a encontrar una referencia bien interesante de aquel magno acontecimiento que fue la Conferencia de Medellín donde se intentó ‘traducir’ el Vaticano II en la realidad Latinoamericana. En los años cruciales de la década del 70 y 80 se verá la gestión de un obispo en una diócesis pequeña, del interior, al servicio de su pueblo, protegiendo a sus sacerdotes y a su pueblo en las relaciones tan difíciles con el Estado de la época”. Sansón adelantó que en el libro aparece una hermosísima crónica de la venida de Juan Pablo II al Uruguay y relatos que no salieron en la prensa. “Se trata de un trabajo realizado en el contexto de lo que metodológicamente llamamos la historia oral, una larga entrevista, pero también hay exhumación de documentos, transcripciones documentales que ilustran de toda esta vida. Hay síntesis de carácter histórico que le permiten al lector entender la sociedad en la que Monseñor Cáceres actuó”, finalizó el autor.

Esperanza, alegría, caridad y mucha fe

El historiador Cayota comenzó su alocución señalando que se trata de un libro “polifónico” porque recoge la voz de su principal protagonista, pero también el testimonio de sacerdotes y laicos que han sido sus colaboradores o simplemente lo conocieron y trataron. “A estas voces se suma la del propio autor del libro que aporta esclarecedoras informaciones que ubican al lector en la no siempre conocida historia de la Iglesia Católica uruguaya”, precisó.

El Prof. Cayota destacó como una virtud del autor el haber conseguido pintar a Mons. Cáceres tal cual es: “con su cordialidad, su campechanía, su alegría, su espontánea frescura juvenil”. “Don Roberto es un gran maestro”, aseveró, al tiempo que sugirió que “hay que mirarlo en su vida, en sus hechos, como a Jesús”. Profundizando en las enseñanzas que se desprenden de la vida del protagonista destacó su optimismo “basado en la virtud teologal de la esperanza que, además, es contagiosa, lo mismo que su alegría”.

“Pero no se crea que Monseñor Cáceres es persona de radicalismos intransigentes”, advirtió el historiador. “En el libro que comentamos se narran episodios que aluden a distintas posiciones cuando se celebró el Concilio Vaticano II y Monseñor lo hace con gran respeto y consideración hacia todas ellas, aún cuando él no era indiferente a lo que se debatía”, precisó.

“El vive en la esperanza pero también en la caridad y supo y sabe que se debe a todos”, enfatizó el Prof. Cayota. Recordó que “en la época difícil dictatorial, supo estar siempre animado por el espíritu al que aludimos, muy cercano a su pueblo y a sus sacerdotes, aún con aquellos que eran perseguidos, y eso sin partidizarse”.

“Su amor a Dios lo ha llevado a amar a su prójimo pero ello de una manera muy concreta, a quien está a su lado, por eso es un hombre de cercanías”, dijo el historiador. Aseveró que Mons. Cáceres “en muchos aspectos, fue un verdadero precursor del Concilio Vaticano II”, como en el uso de los medios de comunicación para la evangelización.

Al finalizar su presentación, el historiador subrayó que además de la esperanza y la caridad, Mons. Roberto se caracteriza por su gran fe que “se nutre de la oración y del encuentro con el Señor Jesús”.

“La única dignidad es ser persona humana y estar desde siempre en la mente de Dios”

Luego de los tres presentadores del libro, hizo uso de la palabra su protagonista, Mons. Cáceres, quien aseguró haber escuchado con atención lo que expresaron sobre su persona “para saber cómo debo ser, cómo debo procurar ser y al final decir y desear que así sea”.

“Uno recibe todo esto valorando el afecto de la gente, lo buena que es la gente, confirmando una convicción muy honda que tengo de la bondad de la persona humana”, dijo.

“Se han dicho cosas tan lindas que comparto; otras, no tanto”, confesó el Pastor. En este sentido, expuso su discrepancia respecto a la dignidad episcopal a la que se aludió en el video preparado para sus 50 años de Obispo y que fuera emitido al inicio de la presentación. El Pastor subrayó que “la única dignidad es ser persona humana, haber estado desde siempre en la mente de Dios” “Tenemos que sentir esta dignidad honda de que estuvimos y estamos desde siempre en la mente de Dios y Dios nos amó primero”, aseveró.

Luego de narrar algunas anécdotas de sus tiempos de Párroco hasta llegar a Melo como Obispo, Mons. Cáceres destacó su contacto cercano y familiar con todas las personas del barrio.

Del Concilio rescató la discusión que se dio en torno al lugar asignado en la Constitución Dogmática “Lumen Gentium” al capítulo referido al Pueblo de Dios. Finalmente se dedicó el segundo capítulo al Pueblo de Dios y el siguiente a la Jerarquía y no a la inversa: “He venido a servir y no a ser servido”, puntualizó. Destacó del Concilio, asimismo, la Constitución Dogmática “Gaudium et Spes” referida a la presencia de la Iglesia en el mundo, en la que se decide comenzar con la alegría y la esperanza en lugar de mostrar en primer lugar lo negativo y las amarguras.

Mons. Cáceres invitó a ejercitar la alegría de vivir y a la esperanza de no morir eternamente. “Dios no nos va a escamotear la eternidad, el alma no muere, lo físico sí vuelve a la tierra, pero creemos en la resurrección de la carne”. “Comencemos el ensayo de una vida que esperamos que sea Gaudium y que sea eterna”, concluyó Mons. Cáceres.