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Peregrinación Nacional Virgen de los Treinta y Tres 2019

Noticeu Mons. Pedro Wolcan en su primera Misa Crismal como obispo invitó a anunciar la Buena Noticia a todos, “sin exclusiones”

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En su primera Misa Crismal como Obispo de Tacuarembó y Rivera, Mons. Pedro Wolcan, llamó el Martes Santo al Presbiterio Diocesano a anunciar la Buena Noticia a todos, “sin exclusiones y en el servicio solidario y caritativo preferencialmente a los humildes, pobres y desprotegidos”.

En la Eucaristía, celebrada en la Catedral San Fructuoso de Tacuarembó  el Pastor animó a favorecer los “vínculos fraternos y de comunión en la Fe que profesamos y en la Caridad que nos debemos unos para con otros”.

Al inicio de su homilía hizo memoria “orante y agradecida” de los Obispos que lo precedieron: Mons. Parteli, Mons. Balaguer, Mons. Gil, y Mons. Julio Bonino.

Luego, invitó a la Asamblea Diocesana congregada a hacer “un vivo y orante agradecimiento para quienes estamos aquí, pastores del hoy para esta Iglesia, para ustedes, tal vez frágiles, humildes y pequeños, fruto de la mirada polivalente e injusta que a veces hacemos, pero fieles, perseverantes y dedicados en el servicio ministerial”. “Somos aquellos que estamos y servimos desde el ministerio que el Señor nos ha dado, es el Señor que nos ha convocado e integrado, y ejercerlo para “alabanza de su Gloria“ y bien del pueblo que Él mismo nos manda apacentar”, acotó.

“Él, el Ungido anunciado, el consagrado, el que se reconoce ungido, nos hace partícipes de Su Unción y nos consagra para que en su nombre actuemos, trasparentando su persona y con solicitud por todos, transformando las realidades de nuestros hermanos que encontramos en el camino de la vida y del ministerio recibido: tantos con  heridas  e inhumanas situaciones de vida, por  falta de reconocimiento de la presencia actuante del Señor y de la apertura del corazón a Él”, dijo el Pastor.

Mons Wolcan animó a los sacerdotes de su Diócesis a anunciar la Buena Noticia a todos, “sin exclusiones y en el servicio solidario y caritativo preferencialmente a los humildes, pobres y desprotegidos”. “Vida en sencillez la del Presbítero, preocupado por toda persona  y  su situación, no teniendo a nadie por alejado y que persona alguna no le sea indiferente. Dejando, tal vez sí, por las limitantes que tenemos  aquello que no podemos alcanzar o lejos de nuestras posibilidades personales o Diocesanas”, agregó.

El Obispo de Tacuarembó resaltó que la celebración de la Misa Crismal “nos hace ver y sentir la participación activa y dinámica en la Misión de la Iglesia a la que pertenecemos”. “La presencia aquí nos ayuda a reconocernos parte de ella, nos posibilita descubrir una identidad Diocesana que nos lleva al surgimiento de vínculos fraternos y de comunión en la Fe que profesamos y en la Caridad que nos debemos unos para con otros, ambas expresiones inseparables en los componentes del Pueblo de Dios y que como Pastor aspiro a contribuir en un todo para que sea vida entre nosotros; entre quienes peregrinamos en esta Diócesis de Tacuarembó, siendo así una Iglesia que se extiende no solo en un territorio sino el corazón de cuantos aquí vivimos y esperamos la realidad plena de vida en Dios”, concluyó.

Más fotos en este enlace 

Texto completo de la Homilía de Mons. Pedro Wolcan

Misa Crismal 2019

Nos damos hermanos unos a otros la Bienvenida a esta celebración. Venimos de distintos lugares de nuestra Diócesis: Tacuarembó – Rivera, pertenecemos a una misma comunidad que Como Pueblo de Dios  peregrina en estas tierras con características del paisaje tan diversas e igualmente bellas.

Nuestra vida llana y participativa se desarrolla y construye en las distintas comunidades: Parroquia, Capillas, centros Pastorales, casas de familias, movimientos y grupos de vínculo espiritual.

Hoy nos encontramos en esta catedral “Iglesia Madre” de todas, ella nos acoge a todos como hijos del mismo Padre  en la Fe, y en la profesión de Jesucristo como Señor de la historia, Señor de nuestras vidas.

Se visibiliza HOY y AQUÍ muy particularmente este ser de Iglesia Particular,   de Comunión en el Señor  Resucitado que creemos y que nos reúne para celebrar Su presencia en medio nuestro, por ello es Él  que nos trae a este sitio, a esta Aula Litúrgica.

La presencia de todos ustedes, la participación del clero, de los “pastores”, la vida religiosa y de específica consagración hacen que descubramos el ser de la Iglesia y de que somos la Iglesia, en la representación de tantos que con nosotros traemos a esta celebración.

Hoy una vez más celebramos la Misa Crismal, para mí como Obispo la primera vez, unas cuantas celebré  como parte de un Clero al que desde este sitio saludo agradecido y orante por cuanto significaron en el ministerio Sacerdotal que con ellos compartí.

Igualmente y sin dejar pasar, quiero hacer memoria orante y agradecida a  los Obispos que me han precedido, Mons. Parteli, Mons. Balaguer, Mons. Gil, y particularmente a Mons. Julio, como cariñosamente lo llamaban y recordamos hoy.

Invito  a Uds. querido Clero de esta Diócesis hacer también memoria agradecida y orante  de quienes los han precedido, vivos o difuntos, constructores de esta iglesia, a Uds. laicos,  religiosos y religiosas hacer lo propio por aquellos miembros  que participaron  en  sus comunidades.

Hoy invito a la Asamblea Diocesana congregada  a hacer un vivo  y orante agradecimiento para quienes estamos aquí, pastores del hoy para esta Iglesia, para ustedes, tal vez  frágiles,  humildes y pequeños, fruto de la mirada polivalente e injusta  que a veces hacemos, pero fieles, perseverantes y dedicados en el  servicio ministerial. ( quiera que seamos como aquellos de los cuales se testimonió como: el heroico y abnegado clero oriental )

Somos aquellos que estamos y servimos desde el ministerio que el Señor nos ha dado, es el Señor que nos ha convocado e integrado, y ejercerlo para “alabanza de su Gloria “ y bien del pueblo que Él mismo nos manda apacentar.

Él, el Ungido anunciado, el consagrado, el que se reconoce ungido, nos hace partícipes de Su Unción y nos consagra para que en su nombre actuemos, trasparentando su persona y con solicitud por todos, transformando las realidades de nuestros hermanos que encontramos en el camino de la vida y del ministerio recibido: tantos con  heridas  e inhumanas situaciones de vida, por  falta de reconocimiento de la presencia actuante del Señor y de la apertura del corazón a Él.

Transformar esta situaciones en  realidades existencialmente plenas y colmadas de la presencia de Dios por el anuncio de la Buena Noticia  que estamos llamados hacerles a todos, sin exclusiones y en el servicio solidario y caritativo preferencialmente a los humildes, pobres y desprotegidos. Vida en sencillez la del Presbítero, preocupado  por toda persona  y  su situación, no teniendo a nadie por alejado y que persona alguna no le sea indiferente. Dejando, tal vez sí, por las limitantes que tenemos  aquello que no podemos alcanzar o lejos de nuestras posibilidades personales o Diocesanas.

Misa Crismal que con gestos y signos, nos están significando y acercando a la vida Sacramental, Ministerial, en su diversidad de posibilidades y acciones y con lo cual estamos llamados a abarcar el amplio arco de la vida de nuestros pueblos con los que compartimos la fe y estamos llamados a apacentar.

Esto se expresa en el Ministerio Sacerdotal y Diaconal con la renovación de las promesas Sacerdotales y diaconales, estas que fueron hechas en su momento no son del ayer, son siempre actuales  por su renovación y por la vivencia de sus contenidos en el hoy de la vida de quienes las hacen. Pretendemos con esto una permanencia de la vitalidad y de la vida presbiteral y diaconal,  lo de ayer se transforma en un HOY, cada día se actualiza en el diálogo con aquel de quien recibimos el llamado a seguirlo en la participación de Su Misión, Jesús Buen Pastor.

Junto a esto hacemos la Consagración del aceite para el Santo Crisma,  cuyo uso en el Sacramento del  Bautismo y en  la posterior Confirmación nos permiten comprender muy particularmente la unidad de la Iglesia  a la que somos integrados y asumiendo por lo tanto la responsable participación y su construcción junto al Señor Resucitado.

Bendecimos el óleo para la unción de  los catecúmenos que inician  el camino del seguimiento del Señor, dándoles la fortaleza para transitar por él, descubriendo no sólo la exigencia que él tiene sino la belleza del encuentro con Jesús y el caminar junto a Él.

La bendición del óleo para los enfermos, nos hace comprender la presencia del Señor Resucitado en medio del dolor,  que  a nadie  esquiva, sana las heridas del Alma, e infunde fortaleza en la ancianidad y precariedad de la vida.

Lo que celebramos hoy, esta Misa Crismal,  en su unidad e integridad que nos hace ver y sentir la participación activa y dinámica en la Misión de la Iglesia  a la que pertenecemos.

La presencia aquí nos ayuda a reconocernos parte de ella, nos posibilita descubrir una identidad Diocesana que nos lleva al surgimiento de vínculos fraternos y de comunión en la Fe que profesamos y en la Caridad que nos debemos unos para con otros, ambas expresiones inseparables en los componentes del Pueblo de Dios y que como Pastor aspiro a contribuir en un todo para que sea vida en entre nosotros; entre quienes peregrinamos en esta Diócesis de Tacuarembó, siendo así una Iglesia  que se extiende no sólo en un territorio sino el corazón de cuantos aquí vivimos y esperamos la realidad plena de vida en Dios.