Iglesia al día

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Noticeu Mons. Pablo Jourdan en su ordenación episcopal: Este tiempo “difícil” de la Iglesia ha sido tiempo, también, de santos y de mayor número de mártires

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En su acción de gracias, en el marco de la Misa en su ordenación episcopal, el Obispo Auxiliar de Montevideo, Mons. Pablo Jourdan, destacó que pese a la situación difícil que atraviesa la Iglesia este tiempo es también “apasionante y con grandes posibilidades” ya que “hemos vivido en tiempos de santos: San Juan Pablo II, de madre Teresa, del siglo de mayor números de mártires, de una iglesia Latinoamericana profética que ha engendrado un Papa rioplatense”.“Somos testigos de ser Iglesia en nuestro querido Uruguay laico y plural… y hoy estamos queriendo vivir una Iglesia de puertas abiertas… con una misión permanente al estilo de Mons Jacinto Vera”, puntualizó.

“Con María me sumo hoy en la corriente de alegría para alabar a Dios: `Mi alma canta la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava´”. Con estas palabras inició su acción de gracias el flamante Obispo Auxiliar de Montevideo.

El Obispo le dio gracias a Dios por su “gran misericordia” y por llamarlo a este servicio para que “manifestándose Jesucristo y a través del Espíritu Santo poder ser testigos hoy de la alegría del Evangelio”.

“Soy consciente que siempre te has hecho presente a lo largo de mi historia y de que todo llamado está en función del bien común, especialmente de los hermanos necesitados; como dice el evangelio de hoy `no escandalicemos a los pequeños´, `cortemos de raíz todo pecado´”, destacó.

“Llevo en el corazón a cada persona que hemos compartido la lucha por la vida… el humilde camino de la fe…  y de modo especial a los niños, maestros para entrar en el `Reino de Dios´, para volver a creer cada día”. “Me siento unido a todos los que están siguiendo están celebración por los diversos medios de comunicación y un cariño especial a los enfermos”, subrayó.

En su alocución, Mons.Jourdan tuvo palabras de agradecimiento para con Dios, la Virgen María, el Papa a través del Nuncio Apostólico, el Cardenal, los obispos, las comunidades por las que ha pasado y también para el “mundo del fútbol, de la medicina y de los enfermos” por “la enseñanza del amor por la vida, el deporte y el ejemplo de compromiso transformador de la realidad”.

“¡Qué lindo es ser cristiano! ¡Con qué entusiasmo miramos hacia adelante! Pero siempre y únicamente `En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo´”, concluyó.

TEXTO COMPLETO DE LA ACCIÓN DE GRACIAS
DEL OBISPO AUXILIAR DE MONTEVIDEO, MONS. PABLO JOURDAN

Con María me sumo hoy en la corriente de alegría para alabar a Dios: “Mi alma canta la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.

Te agradezco Padre Dios que -por tu gran misericordia- me has llamado a prestar este servicio, para que continúe manifestándose Jesucristo y a través del Espíritu Santo poder ser testigos hoy de la alegría del Evangelio.

Soy consciente que siempre te has hecho presente a lo largo de mi historia y de que todo llamado está en función del bien común, especialmente de los hermanos necesitados; como dice el evangelio de hoy “no escandalicemos a los pequeños”, “cortemos de raíz todo pecado”.

Te agradezco por la creación -que tanto he disfrutado en el campo-, porque te has dado a conocer en la historia y a través de tu Pueblo: la Iglesia, “Casa de todos”. La Iglesia del Cielo -que como una gran tribuna nos anima, empezando por “Felipe y Santiago”- y de la tierra…

Gracias Señor por haberte manifestado a través de muchas personas y comunidades. Hoy quiero mencionar a algunas de ellas:

Quiero agradecer, a nuestro querido Santo Padre, el Papa Francisco, y lo hago en la persona del Nuncio Apostólico, Mons. Martín Krebs, por la confianza que ha depositado en mí con el nombramiento para este servicio en la Iglesia y el mundo. Agradezco al Card. Daniel Sturla, por su apoyo y cercanía de padre al recibirme como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Montevideo. También, a mi hermano obispo auxiliar Luis Eduardo y a los demás obispos que integran la Conferencia Episcopal y hoy están aquí presentes.

Agradezco por la presencia de cada uno de ustedes: las diversas autoridades (civiles, políticas, militares) y hermanos en la fe y/o del camino de la vida.

Gracias porque me diste una familia en la tierra, que viviendo de tu Palabra me enseño que el amor es la comunión de personas: gracias mamá y papá (-que aunque no estás ya en la tierra, te siento vivo en Dios-) gracias a los dos por querernos desde antes de nacer y entregar sus vidas por nosotros… y así podría hablar de cada uno de mis hermano/as y sobrino/as. Gracias a mi familia Paraguaya, que es una fuente de donde brota espontáneo el ser familia y que hoy están aquí, gracias tío Antenor por tu cariño y testimonio en la enfermedad. Gracias a mi familia salteña. Gracias a mis abuelos y especialmente abuelas por ser pilares en lo esencial: la enseñanza de ser discípulo de Jesús. Gracias queridos padrinos: una en el Cielo que tanto me amó y hoy intercede… y otro aquí presente.

Unidos a la familia quiero mencionar amigos y amigas que están aquí  -y algunos a la distancia-; así como también unos “hija/os espirituales” que me ha dado la hermosa vocación de ser sacerdote (sus nombres no es necesario decirlos… se susurra a cada uno en su corazón). Agradezco y rezo siempre por mis ahijado/as.

La fe hace el milagro hermoso de agradar la familia y transformarla en Diócesis. Gracias a la Diócesis de Minas en la persona de Mons Jaime y del vicario general P. Pablo; y a cada sacerdote misionero que ha dado (o está dando) su vida; quisiera mencionar a Mons Gil (ya en el Cielo), al P. Santos (como forma de recordar a todos los que están en el Hogar); a las comunidades parroquiales en las que nací y crecí Nuestra Sra. de Pompeya (Mariscala) y San Antonio (Aiguá) y a los religiosos y religiosas y los laicos comprometidos. Quiero aquí tener un recuerdo especial por los Hermanos de la Sagrada Familia que me iniciaron en una educación integral; y toda la influencia de las Hermanas religiosas, especialmente de María Auxiliadora. También al Movimiento de Cursillo de Cristiandad y el Camino Neocatecumenal.

Nací en Montevideo y me bautizaron en el Círculo Católico… con cuánto agradecimiento lo he vivido y cómo me gustaría que muchas cosas siguieran igual. De joven me recibió nuevamente la Arquidiócesis de Montevideo y a través de la Fraternidad Contemplativa María de Nazaret me reintegré a la Iglesia, con un hermoso carisma -la contemplación en la acción- que marco para siempre mi vida; quiero profundamente agradecer a todos…en la persona de su fundador Mons. Nicolás y de la moderadora del movimiento Silvia, por tanto bien espiritual realizado –especialmente hacia los jóvenes-…

Agradezco al mundo del fútbol, de la medicina y de los enfermos la enseñanza del amor por la vida, el deporte y el ejemplo de compromiso transformador de la realidad.

Agradezco la formación del Seminario, la Facultad de Teología, la Universidad de Navarra y el Colegio Echalar.

De una manera muy especial tengo en mi corazón a las Comunidades Parroquiales donde fui aprendiendo a ser pastor (a cada hermano/a): en San José, en la Catedral de Minas, San Francisco (de Lascano), San Nicolás (de Nico-Batlle), Sagrado Corazón (de Zapicán), San Carlos (de Varela) -todas aquí representadas y que saben bien son mi familia y cuánto los quiero-.

Gracias a las obras educativas sociales donde hemos trabajado codo a codo y aprendido de que todos somos hermanos, hijos de un solo Padre providente: Colegio María Auxiliadora en Batlle; Hogar Juan Pablo II, Caif Juan Diego, Club de niños San Nicolás, Colegio María Auxiliadora Lascano; Club de niños Jubilar…

Agradezco a las parroquias de Montevideo aquí presentes y las diversas comunidades… a los Sacerdotes –que tan bien me han recibido-, Diáconos permanentes, Religiosa/os y a los seminaristas. En estas primeras semanas viviendo aquí he quedado gratamente sorprendido de tanto trabajo por el “Reino de  Dios”.

A quienes han organizado esta celebración y el compartir posterior: desde ambientación, la música, el canto, el DECOS, padre Pablo y a Riki, al maestro de ceremonia Ramón y nuestro párroco Juan.

Llevo en el corazón a cada persona que hemos compartido la lucha por la vida… el humilde camino de la fe…  y de modo especial a los niños, maestros para entrar en el “Reino de Dios”, para volver a creer cada día. / Me siento unido a todos los que están siguiendo están celebración por los diversos medios de comunicación y un cariño especial a los enfermemos.

Pastoralmente deseo sumarme plenamente a la corriente tan rica de la Iglesia en Montevideo y a las intenciones de nuestro querido Cardenal, y de la Iglesia en el Uruguay  y el mundo.

Para terminar quisiera transmitirles un sentimiento íntimo: estamos viviendo una situación de la Iglesia difícil pero a la vez apasionante y con grandes posibilidades, que nos lleva a decir también con sano orgullo: que hemos vivido en tiempos de santos: San Juan Pablo II, de madre Teresa…del siglo de mayor números de mártires…  de una iglesia Latinoamericana profética que ha engendrado un Papa rioplatense… Somos testigos de ser Iglesia en nuestro querido Uruguay laico y plural…

 y hoy estamos queriendo vivir una Iglesia de puertas abierta… con una misión permanente al estilo de Mons Jacinto Vera.

¡Qué lindo es ser cristiano! ¡Con qué entusiasmo miramos hacia adelante! Pero siempre y únicamente “En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.