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Noticeu Mons. Pablo Galimberti: “Sentí vergüenza”  ante lo sucedido en el INISA

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“Sentí vergüenza ante el informe periodístico sobre el (INISA) Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente”, confiesa el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, en su columna semanal publicada en el Diario “Cambio”.

“Entre la bronca” reconoce como “bueno” que “en nuestro país podemos conocer e intentar sumarnos a una cadena de ojos, manos y gestos solidarios para intentar cambiar”.

El Obispo detalló las irregularidades detectadas, fruto de un “sistema corrupto”: “Abusos sexuales, regalos a los prisioneros `obedientes´, castigos físicos a los `desleales´, entrada de cortes carcelarios a los Hogares, funcionarios que se cubren, venganza, muerte, etc.”.

Si bien destaca la importante gestión de la directora del organismo, Gabriela Fulco, quien impuso la “tolerancia cero” a cualquier tipo de violencia física o psicológica, indica que “una situación crónica es la poca profesionalización de sus funcionarios”. Y afirma que “intentar reeducar adolescentes con escasos vínculos o referentes familiares, desafía al mejor sistema reeducativo”.

“Gigantesca tarea de estos centros de rehabilitación y que gracias a funcionarios competentes parecen retomar el buen camino. A pesar de zancadillas que nunca faltan”, concluye.

¿INCLUSIÓN? 

Mons. Pablo Galimberti

La inclusión tiende trampas. Elegimos un nombre de moda como “inclusión” o “rehabilitación” pero la maquinaria institucional funciona como antes. Cambiar el nombre a estructuras atrofiadas es auspicioso pero insuficiente para producir genuinas transformaciones. El procedimiento también se conoce como “gatopardismo”: cambiar algo para que todo siga como antes.

El ingreso a un macabro lugar como los campos de concentración nazis era sarcástico. Ingresando a ese infierno empujados como ganado, los prisioneros leían sobre el dintel: “arbeit macht frei” (el trabajo hace libres). Era preferible citar a Dante al ingreso del infierno (canto III): “Por mí se va a las penas eternas…Los que aquí entráis dejad toda esperanza”.

“Inclusión” es un concepto de la pedagogía referido al modo en que la escuela debe dar respuesta a la diversidad. Surge en los 90 y pretende sustituir al de “integración”, hasta ese momento el más manejado en la práctica educativa.

Sentí vergüenza ante el informe periodístico sobre el INISA: “Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente”. Entre la bronca lo bueno es que en nuestro país podemos conocer e intentar sumarnos a una cadena de ojos, manos y gestos solidarios para intentar cambiar. Algunos parlamentarios estudiarán las denuncias de torturas y abusos cometidos por funcionarios. Gabriela Fulco, que asumió la dirección en mayo 2015, muestra firmeza para encarar irregularidades.

Una situación crónica es la poca profesionalización de sus funcionarios. Intentar reeducar adolescentes con escasos vínculos o referentes familiares, desafía al mejor sistema reeducativo.

Los casos mencionados en el informe recogen lo peor de un sistema corrupto, expresó Fulco. Abusos sexuales, regalos a los prisioneros “obedientes”, castigos físicos a los “desleales”, entrada de cortes carcelarios a los Hogares, funcionarios que se cubren, venganza, muerte, etc. Pero desde que Fulco tomó la conducción del organismo impuso la “tolerancia cero” a cualquier tipo de violencia física o psicológica.

Al día de hoy cambió el panorama, afirma la Directora. Y detalla que actualmente “dedicamos mucho tiempo a capacitación de los funcionarios, con aliados como Unicef y la Institución de Derechos Humanos”.

El “infierno” que leímos en el informe de prensa, según la Directora, ya pasó, para alivio de los internados y además como muy buena noticia para la sociedad. Pero nos sirve igualmente para descubrir cuántos “infiernos” que se perpetúan por dentro de cientos de historias individuales, que han sufrido todo tipo de violencia. Esas que difícilmente se borran en la memoria.

La Directora, psicóloga profesional y conocedora de la necesidad de poner en palabras los nudos interiores, ofrece espacios para manifestar abusos y violencias. Pero algunos fantasmas perduran y los adolescentes se cuidan temiendo represalias. Ante esto se procura ampliar espacios de diálogo donde poder manifestar situaciones violentas.

El fantasma del tenebroso pasado aún ronda e impide hablar. Algunos reclusos quieren denunciar violencias y abusos pero temen represalias. No obstante hay jóvenes que son portavoces de sus compañeros y se reúnen una vez al mes de manera confidencial con los miembros del directorio.

Gigantesca tarea de estos centros de rehabilitación y que gracias a funcionarios competentes parecen retomar el buen camino. A pesar de zancadillas que nunca faltan.