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Mons. Pablo Galimberti Mons. Pablo Galimberti: “Con o sin marihuana, Dios quiere seguir naciendo en esta bendita tierra oriental”

En su columna publicada en el Diario “Cambio” el viernes 20, el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, reflexiona sobre la Navidad. El Obispo recuerda que “la Navidad esconde un milagro capaz de cambiar rutinas y aliviar cansancios” y que “Jesús nace en lugares y horas que sorprenden”.

“Aunque la sociedad demasiado ‘laica’ lo deje fuera de la cancha, aunque los que gobiernan las naciones gasten horas en largos debates donde la ‘verdad’ será resultado de encuestas o votos más que de razones, aunque los cristianos vivamos distraídos y entretenidos en inútiles divagues, Jesucristo camina cada día a nuestro lado”, asegura Mons. Galimberti. “El es gratuito, aunque no superfluo, es la piedra angular que aguanta y sostiene la arquitectura del universo y de los vínculos humanos. Necesitamos esa Presencia que pone orden en el caos de la vida y de la convivencia”, subraya.

El Obispo de Salto, asevera que a Dios es posible encontrarlo en lo cotidiano. “A Dios no hay que encontrarlo saliendo del mundo sino escuchando su presencia como un palpitar silencioso que ronda en las horas, pasos, ideas, sentimientos, sueños, enfermedades, fracasos, limitaciones y ausencias. Como dice una canción, para encontrar al Dios que nos mostró Jesús de Nazaret, “no hay que mirar ‘pá-rriba’”, puntualiza.

“Dios sigue dando señales de cercanía. Es la certeza de los cristianos. Porque en el corazón palpitan deseos que no se sacian con el afán de consumo, las crecientes ofertas de entretenimiento o las actividades de cada jornada”, destaca Mons. Galimberti.

El Pastor señala que “el vivir cotidiano es tocado delicadamente por la presencia de un Dios a quien que no le da asco compartir los oscuros rincones de la vida humana, de esta sociedad donde todavía hay mucho sufrimiento y explotación de vidas inocentes, donde falta el pan de la justicia a la espera que se abran muchas manos avaras de dinero o poder”.

“Navidad nos regala una tregua de paz, preparando vacaciones, con achaques o heridas sin cicatrizar, entrando en el año electoral. Con o sin marihuana, Dios quiere seguir naciendo en esta bendita tierra oriental. Porque Dios no juega a las escondidas; dijo y seguirá siempre diciendo Sí a su alianza con la creación y con sus hijos, como lo hizo patente la presencia histórica de Jesús el Salvador”, enfatiza Mons. Galimberti.

FELICIDAD NAVIDEÑA

Columna de Mons. Pablo Galimberti, publicada en Diario «Cambio» del 20 de diciembre de 2013

Aunque el final de año nos encuentre muy ocupados, Navidad esconde un milagro capaz de cambiar rutinas y aliviar cansancios.

Jesús nace en lugares y horas que sorprenden. A Zaqueo lo llama trepado en un árbol. A la samaritana junto a un pozo de agua, a los discípulos junto al lago o en una feroz tormenta, a Mateo cobrando impuestos para el imperio extranjero, a la mujer adúltera en circunstancias en que el machismo hipócrita pretendía lapidarla, al ciego Bartimeo cuando este le mostró su dolor, a la mujer extranjera cuando ella se atrevió a tocar por detrás el borde de su vestido. Al centurión romano apenas le pidió que curara a un servidor.

De modo semejante el Nacimiento de Jesús, el Mesías, ocurre en la noche, en un lugar improvisado, en circunstancias de un viaje para cumplir con la ocurrencia de un emperador.

Lo sencillo y asombroso se combinan en el relato evangélico de la nochebuena: “No teman, les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.

“No teman” equivale a “bajen la guardia”, “déjense tocar por lo novedoso,” olvídense un momento del dinero, la salud, las deudas, las vacaciones, los conflictos domésticos, los noticias deportivas, no se preocupen por lo que hoy no hicieron… dispónganse a salir de las rutinas.

Pero el relato sorprende mucho más al indicar cuál será la señal para encontrarlo: “encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lucas cap 2).

Lo extraordinario en lo cotidiano. A Dios no hay que encontrarlo saliendo del mundo sino escuchando su presencia como un palpitar silencioso que ronda en las horas, pasos, ideas, sentimientos, sueños, enfermedades, fracasos, limitaciones y ausencias. Como dice una canción, para encontrar al Dios que nos mostró Jesús de Nazaret, “no hay que mirar “pá-rriba”.

Dios sigue dando señales de cercanía. Es la certeza de los cristianos. Porque en el corazón palpitan deseos que no se sacian con el afán de consumo, las crecientes ofertas de entretenimiento o las actividades de cada jornada.

Al repasar los rostros y nombres de familiares, amistades, vecinos o personas, me animo a decir, quizás con más esperanzas que certezas, que los hombres y mujeres de esta tierra, de algún modo, compartimos las experiencias originales que describe en pocas pinceladas Antonio Machado hablando desde lo profundo del corazón: “converso con el hombre que siempre va conmigo; quien habla solo espera hablar a Dios un día”.

Cuando las cosas no nos salen como soñábamos, cuando aires quijotescos animan nuestro andar o mordemos el polvo de un fracaso, no se extingue el deseo de que de las cenizas nazca, empiece algo diferente o aparezca Alguien con rostro de Buen Samaritano que nos mire, nos cure, nos levante y vuelva a lanzarnos hacia un futuro limpio y reconciliado.

El vivir cotidiano es tocado delicadamente por la presencia de un Dios a quien que no le da asco compartir los oscuros rincones de la vida humana, de esta sociedad donde todavía hay mucho sufrimiento y explotación de vidas inocentes, donde falta el pan de la justicia a la espera que se abran muchas manos avaras de dinero o poder.

Navidad nos regala una tregua de paz, preparando vacaciones, con achaques o heridas sin cicatrizar, entrando en el año electoral. Con o sin marihuana, Dios quiere seguir naciendo en esta bendita tierra oriental. Porque Dios no juega a las escondidas; dijo y seguirá siempre diciendo Sí a su alianza con la creación y con sus hijos, como lo hizo patente la presencia histórica de Jesús el Salvador.

Aunque la sociedad demasiado “laica” lo deje fuera de la cancha, aunque los que gobiernan las naciones gasten horas en largos debates donde la “verdad” será resultado de encuestas o votos más que de razones, aunque los cristianos vivamos distraídos y entretenidos en inútiles divagues, Jesucristo camina cada día a nuestro lado. El es gratuito, aunque no superfluo, es la piedra angular que aguanta y sostiene la arquitectura del universo y de los vínculos humanos. Necesitamos esa Presencia que pone orden en el caos de la vida y de la convivencia.