Iglesia al día

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Noticeu Mons. Galimberti invita a ser “Fuertes en la Fe”

Ante el inicio el próximo 11 de octubre del Año de la Fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, dirigió una carta a la comunidad diocesana en la que invita a concretar iniciativas, a analizar las causas del enfriamiento de la Fe, “empezando por nosotros mismos”, y a revisar las estructuras pastorales.

En su carta, dirigida el 4 de octubre, Fiesta de San Francisco de Asís, el Pastor destaca que “el espíritu del Concilio Vaticano II ha producido muchos frutos”, aunque admite “signos de debilitamiento, confusión y pérdida de fe”.

Es por esta realidad, que  el año de la Fe “servirá para buscar cuáles son las trabas y cobardías que apagan el único gran deseo: palpitar con los mismos sentimientos de Cristo. Toda la Iglesia Diocesana necesitará revisar sus estructuras pastorales para que sean instrumentos más útiles en las manos de Nuestro Señor”, indica el Obispo.

Mons. Galimberti expone que “las pruebas en la vida de la fe son normales, también los santos las saborearon. ‘Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor’ decía Santa Teresa. En nuestra sociedad uruguaya hay muchos buscadores silenciosos del ‘Dios desconocido’. Algunos adoptan una actitud escéptica o agnóstica, pero en los monólogos interiores, quizás susurren, como A. Machado: ‘Converso con el hombre que siempre va conmigo; quien habla solo, espera hablar a Dios un día’”.

“Contando con la compañía de María, la Madre de Dios, confiamos en que Ella pedirá a su Hijo el vino necesario que está faltando en nuestra fiesta de bodas. Sin esa mirada femenina, que regala María a la iglesia, equivocamos el diagnóstico sobre las causas de la tristeza, descontento y crisis en la iglesia”, señala el Pastor.  En este sentido, el Obispo de Salto, anima a acudir a María “para prevenir  la desolación, el activismo y el vacío de una Fe que ha olvidado las obras del Amor”.


“PERSEVEREN EN LA FE” (1 Cor 16,13)

Carta del Obispo a la Comunidad Diocesana en el “Año de la Fe”

El 11 de octubre de 2012 la Iglesia Católica conmemora los 50 años del inicio del Concilio Ecuménico Vaticano II, el acontecimiento más importante de la Iglesia en los tiempos modernos. Con tal motivo el Papa Benedicto XVI nos invita a celebrar un “año de la Fe” cuyo objetivo es fortalecer nuestra Fe en Jesucristo y sus enseñanzas transmitidas por el Magisterio y la Tradición de la Iglesia.

Las pruebas en la vida de la  fe son normales, también los santos las saborearon. “Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor” escribe Santa Teresa. En nuestra sociedad uruguaya hay muchos buscadores silenciosos del “Dios desconocido”. Algunos adoptan una actitud escéptica o agnóstica, pero en los monólogos interiores, quizás susurren, como Machado: “Converso con el hombre que siempre va conmigo; quien habla solo, espera hablar a Dios un día”.

El espíritu del Concilio Vaticano II ha producido muchos frutos. Por ejemplo, el mayor acercamiento a la Biblia, la publicación del Catecismo de la  Iglesia Católica y el surgimiento de nuevos carismas que el Espíritu Santo ha regalado a la Iglesia.

Pero son innegables también signos de debilitamiento, confusión y pérdida de fe. Basta mirar lo que ocurre con la Misa del Domingo; se participa si no hay otros compromisos de tipo laboral, deportivo o familiar, rompiendo así el saludable ritmo entre trabajo y descanso. En muchos jóvenes funciona la cultura de la emotividad: no lo siento, no voy.

Muchos añoran hablar y escuchar a Dios pero nadie les ha facilitado las claves de este lenguaje.

A la escasez de vocaciones a la vida consagrada se suman escándalos en el clero. El mercado religioso ofrece propuestas alternativas que a veces, más que buscar a Dios proponen momentos de serenidad en una sociedad depresiva. Católicos “a su manera” justifican el aborto y una onda cultural prefiere una religiosidad “nueva era” sin vínculos institucionales.

Recordar el Concilio, más que volver al pasado es sintonizar con el Soplo de Jesús Resucitado que sigue amando, rejuveneciendo a su Iglesia y a cada bautizado, invitando al arrepentimiento y a palpar vida nueva en los huesos muertos de muchas desilusiones y viejas estructuras, empezando por la propia, por mi familia y comunidad, por mi capilla, barrio y los ministros que la animan. Así podrá surgir, con la ayuda del Señor una Iglesia renovada por la confianza en el Señor que nunca la abandona, cuando la barca de Pedro surca mares tempestuosos: “¿por qué tienen miedo hombres de poca fe?” (Mt 9,26).

Las causas del enfriamiento de la Fe son múltiples y podremos analizarlas mejor en este año, sin olvidar que deberemos empezar por nosotros mismos.

Un “año de la Fe” servirá para buscar cuáles son las trabas y cobardías que apagan el único gran deseo: palpitar con los mismos sentimientos de Cristo. Toda la Iglesia Diocesana necesitará revisar sus estructuras pastorales para que sean instrumentos más útiles en las manos de Nuestro Señor.

Contando con la compañía de María, la Madre de Dios, confiamos en que Ella pedirá a su Hijo el vino nuevo que está faltando en nuestra fiesta de bodas. Sin esa mirada femenina, equivocamos el diagnóstico sobre las causas de la tristeza, descontento y crisis en la iglesia actual.

Acudamos a María para prevenir  la desolación, el activismo y el vacío de una Fe que ha olvidado las obras del Amor.

Los bendigo y propongo que en cada comunidad concreten iniciativas   para trabajar a lo largo del año litúrgico 2012-2013

En la Fiesta de San Francisco de Asís, Salto, 4 de octubre de 2012

+Pablo Galimberti di Vietri

Obispo de Salto