Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

Noticeu Mons. Galimberti destaca gestos de los jugadores y de los que alentaron a la celeste

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El Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, agradece a los deportistas que participaron en el mundial de fútbol y a “los que viajaron, alentaron y festejaron”. “El pabellón patrio desplegado fue una caricia para el sudor de quienes corrían peleando una pelota”, señala.

Monseñor Galimberti, en su columna semanal en el Diario “Cambio”, repasa algunos gestos que tuvieron lugar en este mundial y que mostraron que “hay conductas de respeto y cercanía que conviene cultivar”. “Y si un día lo olvidamos nos queda pedir perdón, levantarnos y seguir escribiendo nuevas páginas en la común historia del vivir y convivir”, destaca el Obispo.

Adiós al “mundial”

Mons. Pablo Galimberti

El deporte es una de las manifestaciones sociales donde además de competir canalizamos energías y agresividades. Se practica en todos los grupos sociales.

Es un modo de encauzar enfrentamientos mediante reglas. Lo vemos en los niños que dispuestos a jugar inventan reglas.

Obvio, también en los deportes profesionales hay gran flujo de dinero, contratistas, pases, derechos de unos y otros, medios de prensa, patrocinadores  y un anecdotario interminable. Pero por sobretodo rescato esa cuota de riesgo, entrenamiento y competición, valores que todos necesitamos cultivar. Lo hemos visto por ejemplo en “Lola” (Dolores Moreira) velerista sanducera, que acaba de obtener el cuarto lugar del sub 21 en Polonia.

Este mundial nos ha mantenido expectantes, regalado momentos de suspenso y explosión de alegrías: goles, atajadas, el VAR, etc. Agradecemos a todos los deportistas que participaron y previamente entrenaron. Gracias también a los que viajaron, alentaron y festejaron. El pabellón patrio desplegado fue una caricia para el sudor de quienes corrían peleando una pelota.

El deporte, en cualquier disciplina, expresa y alimenta sueños colectivos. Se introduce en una cantidad de expresiones populares. Hace poco se realizó en el Museo del Fútbol una mesa redonda sobre este deporte como generador de lenguaje. Produce de manera incesante palabras o frases que se incorporan al discurso público.

El deporte es espejo de la convivencia. Somos adversarios en el fútbol, la política u otros campos, pero valores como la lealtad deben estar por encima. Es el difícil arte de la convivencia en paz. El fútbol acerca y distancia. Como en toda relación humana madura, evitando extremos: identificaciones u odios.

En la cancha los equipos se enfrentan. Pero hay gestos que muestran algo diferente. Lo mostró el francés Antoine Griezmann que hizo el segundo gol de Francia pero no lo festejó. Es compañero de Diego Godín y Josema Giménez en Atlético Madrid. A propósito de Francia el nuevo embajador Moret, recién llegado a nuestro país, es gran admirador de Cavani a quien le pidió que le firmara una camiseta celeste.

Seguramente todos quedamos sorprendidos por el gesto del portugués Cristiano Ronaldo después que Cavani pidió cambio aquejado por un gran dolor en la pierna izquierda. La estrella de Portugal lo acompañó tomándolo de un brazo en un destacable gesto deportivo.

El deporte y el juego es siempre aleatorio. Te toca o no festejar. Quedamos un momento contrariados pero enseguida nos reponemos. Vivir es eso: compartir, aceptar al otro, al diferente, al que no coincide con mis ideas, creencias o gustos.

Pero un país necesita alimentar oportunidades, espacios, gestos, que vayan más allá de los cálculos electorales, políticos, de mi gremio o iglesia. La sencilla condición humana nos tiene que animar a fomentar gestos de buena vecindad. Por encima de colores, preferencias o diferentes roles sociales que cada uno desempeñe.

Este mundial nos ha dejado muchos gestos, no todos evaluables en términos de ganadores o perdedores. También ha mostrado que hay conductas de respeto y cercanía que conviene cultivar. En la familia, el barrio, la escuela, escenarios deportivos, en lo que decimos o escribimos. Y si un día lo olvidamos nos queda pedir perdón, levantarnos y seguir escribiendo nuevas páginas en la común historia del vivir y convivir.

Columna publicada en el Diario “Cambio” del viernes 13 de julio de 2018