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Noticeu Mons. Galimberti cuestiona votación de Uruguay en Asamblea General de la ONU

 

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“Nuestro país se alineó con los países que se alejan de una base ética estable, fundada en fuertes raíces humanistas, plasmadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)”, subraya el Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, al referirse a la votación efectuada por Uruguay en la reciente Asamblea General de la ONU realizada en Nueva York.

En su columna semanal en el Diario “Cambio”, el Obispo explica que “se quería relativizar el derecho de los padres con respecto a la educación de sus hijos, en particular lo referido a lo afectivo y sexual”.

Mons. Galimberti señala que “Uruguay votó en contra de un derecho reconocido en el artículo 12 inc. 4 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos y de los artículos 5 y 18.1 de la Convención sobre Derechos del Niño”. “También se dejó de lado nuestra Carta Magna que en su art. 41 establece que `el cuidado y la educación de los hijos, para que estos alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social, es un deber y un derecho de los padres´”. “Este derecho de los padres no es caprichoso”, puntualiza el Obispo y recuerda que “está consagrado en el art. 68 de nuestra Constitución : `Todo padre o tutor tiene derecho a elegir, para la enseñanza de sus hijos o pupilos, los maestros o instituciones que desee´”. También elCódigo Civil establece que “los padres dirigen la educación de sus hijos y los representan en todos los actos civiles” (art. 258).

“¿Qué está pasando? ¿A los gritos de qué tribuna prefiere escuchar nuestro gobierno cuando pretende claramente debilitar el legítimo derecho de los padres? A buen entendedor pocas palabras. Observemos a qué tribuna está complaciendo nuestro gobierno y a qué tribuna le está dando la espalda. Y adivinemos las intenciones y futuras consecuencias”, concluye el Obispo de Salto.

¿Cobran al grito?
Mons. Pablo Galimberti

Hay fundadas sospechas. La pregunta surge al conocer cómo votó nuestro país en la reciente Asamblea General de la ONU realizada en Nueva York.

Se quería relativizar el derecho de los padres con respecto a la educación de sus hijos, en particular lo referido a lo afectivo y sexual. ¿Para transferirlo a quién? ¿De los niños que no tienen discernimiento y van estructurando su conducta con ayuda de sus educadores? Evidente que no. Obvio que para colmar esa tierra de nadie acudiría el “estado paternalista”.

El asunto no era nada sencillo, al menos para los países con fuertes tradiciones culturales donde la familia es un pilar muy presente.

Luego de tres votaciones el grupo liderado por naciones de Africa más el voto de Estados Unidos obtuvo la victoria. Esto puede parecer extraño. Porque los que se negaron al cambio no fueron solamente los países etiquetados cómodamente como “subdesarrollados”.

Muchos países africanos cultivan fuertes vínculos de pertenencia familiar. El mes pasado pasé unos días en Roma en una comunidad de Hermanos de la Sagrada Familia donde hay un africano de Burkina. Me comentaba que a la hora del almuerzo la costumbre familiar es poner un plato grande en el centro y todos, con la mano, van tomando el alimento de una fuente común.

Lo llamativo es que Estados Unidos, cuna del “fast food”, la comida rápida y en la calle especialmente al mediodía, también votó en defensa de la familia “tradicional”. Hay valores que subyacen en ciertas culturas. Fue la comprobación que hizo el político francés Alexis de Tocqueville en el siglo 19 cuando llegó a Estados Unidos para estudiar el sistema penitenciario. Según consignó en “La democracia en América” pudo palpar que una cierta sensibilidad cristiana subyacía en las pautas de conducta del pueblo.

La votación reflejó una clarísima ruptura. Nuestro país se alineó con los países que se alejan de una base ética estable, fundada en fuertes raíces humanistas, plasmadas en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). Entonces todavía se respiraba humo de las trincheras y sangraban las ausencias en tantas familias. El dolor predispone a ver la realidad sin los espejismos de las ideologías.

Uruguay votó en contra de un derecho reconocido en el artículo 12 inc. 4 de la Convención Interamericana de Derechos Humanos y de los artículos 5 y 18.1 de la Convención sobre Derechos del Niño.

También se dejó de lado nuestra Carta Magna que en su art. 41 establece que “el cuidado y la educación de los hijos, para que estos alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social, es un deber y un derecho de los padres”.

Este derecho de los padres no es caprichoso. Está consagrado en el art. 68 de nuestra Constitución : “Todo padre o tutor tiene derecho a elegir, para la enseñanza de sus hijos o pupilos, los maestros o instituciones que desee”.

Y el Código Civil establece que “los padres dirigen la educación de sus hijos y los representan en todos los actos civiles” (art. 258).

¿Qué está pasando? ¿A los gritos de qué tribuna prefiere escuchar nuestro gobierno cuando pretende claramente debilitar el legítimo derecho de los padres? A buen entendedor pocas palabras. Observemos a qué tribuna está complaciendo nuestro gobierno y a qué tribuna le está dando la espalda. Y adivinemos las intenciones y futuras consecuencias.

Publicado en el Diario “Cambio” del viernes 15 de diciembre de 2017