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Noticeu Mons. Fajardo en la Ordenación de Damián Legelén: “En lo que aguanta la brasa está la diferencia”

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Comunidades y fieles de todas partes de la Diócesis de San José participaron en la tarde del sábado 12 de diciembre, en la Catedral, de la Apertura de la Puerta de la Misericordia y de la Ordenación sacerdotal del Diácono Damián Legelén.

Mediante la imposición de manos y la plegaria de ordenación, el Obispo de San José de Mayo, Mons. Arturo Fajardo, ordenó al nuevo sacerdote.

La celebración contó con la presencia del Obispo auxiliar de Montevideo, Mons. Milton Tróccoli, actual rector del Seminario Mayor Interdiocesano Cristo Rey y del Padre Mario Hernández, que con sus 87 años de vida y 61 de sacerdote, es el decano del Presbiterio de la Diócesis, residiendo actualmente en el Hogar sacerdotal en Montevideo.

APERTURA DE LA PUERTA DE LA MISERICORDIA

La procesión comenzó en el Hogar Católico y se desarrolló por las calles de alrededor del templo de la Catedral hasta llegar al atrio, donde comenzó el rito de apertura de la “Puerta de la Misericordia”. Las otras puertas de acceso al templo estaban cerradas, al igual que la central. El Obispo diocesano realizó una oración y un diácono proclamó una lectura bíblica y se explicó el sentido del Año Santo de la Misericordia y el significado del rito de la apertura de la puerta Basílica Catedral, corazón de la comunidad diocesana, como expresión de inicio del Año jubilar convocado en toda la Iglesia universal por el Papa Francisco.

“Abran las puertas de la justicia, entraremos para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: por ella entramos para obtener misericordia y perdón”, expresaba la plegaria leída por el Obispo. En ese momento empujó para abrir la puerta principal de la Basílica Catedral y se fue organizando la procesión hasta el altar. Al Obispo diocesano le siguió Mons. Milton Tróccoli, el resto de los celebrantes y los fieles. Durante la procesión, Mons. Fajardo fue portando únicamente el libro de los Evangelios “Evangeliario”.

Seguidamente tuvo lugar el gesto del recuerdo del Bautismo, con la bendición del agua y la aspersión al pueblo.

ORDENACIÓN SACERDOTAL

En el marco de la Santa Misa Mons. Fajardo ordenó sacerdote al Diácono Legelén Pintos.

Luego de la proclamación de la lecturas, se realizó el llamado y presentación del candidato para el orden de los presbíteros, en este caso el sacerdote designado fue el Padre Nelson González, Vicario General de la Diócesis.

En su homilía, el Obispo destacó la coincidencia de la ordenación sacerdotal al inicio del Año Jubilar de la Misericordia y agradeció la presencia de Monseñor Tróccoli, Obispo Auxiliar de Montevideo y rector del Seminario “un gran amigo, querido amigo, con el que tanto trabajamos en el Seminario, hoy es su rector, agradecemos su presencia, a la vez que damos gracias al Seminario por el trabajo de formación de las vocaciones”.

Mons. Fajardo recordó algunos aniversarios sacerdotales recientes: el Padre Marco Antonio Jorquera cumplió sus 22 años de ordenación sacerdotal, el Padre Jorge Scalzotto, 11 años de ordenado y en estas semanas celebraron aniversarios el P. Sergio Pinto y el P. Ricardo Paullier.

Un efusivo aplauso de los fieles y de los sacerdotes presentes se hizo sentir en el momento que el Obispo agradeció la presencia del Padre Mario Hernández, decano del presbiterio diocesano: “ejemplo de fidelidad y entrega”. El Obispo agradeció, asimismo, al hermano del Padre Mario, también sacerdote, David y al padre José María Besora, sacerdote catalán, amigo del Obispo diocesano y que en 2016 cumple sus 50 años de ministerio.

Mons. Fajardo hizo extensivo su agradecimiento a toda la comunidad diocesana, a las religiosas, a las comunidades parroquiales, a los sacerdotes, los diáconos y todos los que han querido acompañar de distintas Diócesis del país. También tuvo palabras de agradecimiento hacia las religiosas del Hogar Sacerdotal de Montevideo: “hace un año me estaban cuidando, estaba saliendo de la internación, muy agradecido de los cuidados y atenciones que recibí en el Hogar durante 70 y pico de días”.

Aludiendo al lema elegido por el Diácono “Al final la misericordia triunfará” el Obispo planteó: “¿Al final que importa en la vida?, al final estará firme el monte de la casa del Señor, no vivimos tiempos fáciles, pero la seguridad en el Señor está firme, ni el mal ni el limite triunfan”.

Como es habitual, el Obispo recogió en sus reflexiones algunos dichos o versos del folclore popular y en este caso señaló que “en lo que aguanta la brasa está la diferencia, en apariencia todas las leñas son iguales, sin embargo hay algunas que no tienen la capacidad de llevar de punta a punta de la noche el fuego encendido, estamos llamados a llevar el fuego de la fe, de la punta a la punta de la noche, llevar el calor de la fe en la noche fría y el desierto del mundo, llevar la luz de la fe en medio de oscuridad, de la violencia, del sufrimiento”,

Refiriéndose a la Virgen en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, el Pastor recordó que “es la Madre de la Misericordia, es la que con piel morena anuncia el Evangelio, que se hace realidad en nuestras tierras, hoy que tenemos un sucesor de Pedro nacido en esta tierra”, recordó, en referencia al origen del Papa Francisco.

La “revolución de la ternura” como pide el Papa Francisco, “unos pobres pañales y una montaña de ternura, es María la expresión de la ternura de Dios y la cercanía de Dios con su pueblo. María es la Madre de la Misericordia, rostro misericordioso del Padre”, señaló el Obispo.

SER MISIONEROS DE LA MISERICORDIA

En el marco del proyecto pastoral de la Diócesis, el cual invita a vivir un tiempo de Misión, el Obispo subrayó que es necesaria “una iglesia misericordiosa que se hace cargo de los otros, que quiere curar las heridas, los dolores, los sufrimientos y descubrir que la vida es misión, a hacer misioneros de la misericordia”. El Obispo recomendó tres acciones para vivir de manera más plena el Año jubilar de la Misericordia: leer el evangelio de Lucas, renovar el sacramento de la Reconciliación, y practicar obras de misericordia personales y comunitarias.

“Dios no se cansa de perdonar, nosotros nos cansamos de pedir perdón”, recordó el Obispo citando una conocida expresión de Francisco.  “Nuestra vida se puede resumir en dos palabras, ‘miseria’ y ‘misericordia’, nuestra fragilidad y pequeñez, nuestra nada, pero la misericordia, la ternura de Dios es más grande”, expresó Mons. Fajardo.

Dirigiéndose al nuevo sacerdote, el Obispo repasó varias expresiones contenidas en la Plegaria de ordenación: “celebra cada misa como la primera y cada misa como la única y la última”.

AGRADECIMIENTO DE DAMIÁN

Luego del rito de ordenación sacerdotal, en el momento de la Acción de gracias, el flamante sacerdote agradeció “a las personas que me ayudaron a vivir la certeza de mi vida, profesionales, compañeros, grupos, comunidades, laicos, consagrados, religiosos, sacerdotes, movimientos, a nuestro Obispo Arturo y todos aquellos que de alguna manera forman parte de este camino de misericordia que tiene mi vida”.

Al final de sus palabras, se encomendó a San José, patrono de la Diócesis y al cual está dedicado el templo de la Catedral, “A San José le pido que nos siga hablando de Dios, y él siga hablando a Dios de nosotros”, pidió, a la vez que suplicó a María, que hoy la miramos con el nombre de Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe, “… que Ella interceda por Jesús para que siga ordenando con su misericordia nuestra vida”, reflexionó. Cerrando su acción de gracias, propuso tres “vivas” a la Virgen “pidiendo por la gente que amamos y por la vida que nos queda por vivir”, concluyó.

Luego de la celebración se invitó a todos al ágape fraterno que tuvo lugar en el Hogar Católico junto al templo de la Catedral y saludar al nuevo sacerdote.

Fuente: http://diocesisdesanjosedemayo.org/mons-fajardo-en-la-ordenacion-de-damian-en-lo-que-aguanta-la-brasa-esta-la-diferencia/