Iglesia al día

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Noticeu Mons. Cotugno presentó Carta Pastoral al inaugurar el Año de la Fe

Con la procesión eucarística y la celebración de la Misa presididas por Mons. Nicolás Cotugno, la Iglesia que peregrina en Montevideo inauguró el domingo 21 el Año de la Fe y conmemoró los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II y 20 años de la promulgación del catecismo de la Iglesia Católica.

Al terminar la procesión, el Arzobispo de Montevideo dirigió unas palabras con las que dio inicio al Año de la Fe . En la oportunidad, Mons. Cotugno presentó su Carta Pastoral “El Año de la Fe” en la que destaca dos acentuaciones que se desprenden de la Eucaristía “Sacramento de nuestra Fe”:

– “la primera: el crecimiento de nuestra vida de comunión, por medio de una renovada e intensa Pastoral de Conjunto, uno de los grandes frutos, para nuestra Iglesia, del Concilio Vaticano II.

– la segunda: el compromiso de llevar a la práctica, personal y comunitariamente, la conversión pastoral, insistentemente pedida por nuestro Sínodo, Aparecida y el Sínodo de la Iglesia universal que se está realizando en Roma sobre La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe en el mundo de hoy”.

El Arzobispo adelantó que en la III parte de la Carta plantea la concreción de las referidas acentuaciones pastorales en algunas opciones concretas que van desde:

  • “la renovación de la catequesis en clave catecumenal, a la vida litúrgica , en todas sus expresiones, en todas sus expresiones;
  • de la vida de fe nutrida en la Palabra de Dios, al compromiso por la solidaridad, sobre todo en la pastoral penitenciaria;
  • de una renovada pastoral familiar que aspira a hacer de nuestras parroquias y de nuestra Arquidiócesis, en palabras de Benedicto XVI, Familia de Familias, a las Escuelas Católicas, dando gracias al Señor, entre otras cosas, por haber podido duplicar la capacidad del Liceo Jubilar Juan Pablo II y por la creación del nuevo Liceo católico del Cerro, Nuestra Señora de la Ayuda, encarnando así, junto a las demás iniciativas, el efectivo compromiso de nuestra Iglesia con los más pobres y necesitados.”

Anunció que en la Carta Pastoral ofrece, asimismo, opciones concretas que  van:

  • “de una intensa Pastoral de la Salud y de la Esperanza, a una renovada Pastoral Popular;
  • De una pastoral específica para los adolescentes, a una dinámicaPastoral Juvenily Vocacional”.

Luego de presentar los principales lineamientos de su Carta Pastoral dedicada al Año de la Fe, Mons. Cotugno invitó a los presentes a responder el llamado de ser “contemplativos en acción”.

PALABRAS PRONUNCIADAS POR MONS.  NICOLÁS  COTUGNO AL INAUGURAR EL AÑO DE LA FE

Estamos en la presencia de Jesús, realmente presente entre nosotros en el sacramento de la Eucaristía. Nuestros ojos ven pan. Nuestra fe nos dice que ahí está Cristo. Todo Cristo. Cristo, Cabeza del cuerpo, del que nosotros, por el bautismo, somos miembros vivos. Cristo Pastor del Pueblo de Dios, del que nosotros todos somos miembros.

Su Santidad, el Papa Benedicto XVI nos ha convocado, con la Carta Apostólica Porta fidei, la puerta de la fe, a celebrar con toda la Iglesia el AÑO DE LA FE. Estamos contemplando LA EUCARISTÍA, SACRAMENTO DE NUESTRA FE. Con esta procesión eucarística y con la celebración de la Misa en la Catedral Metropolitana, que haremos a continuación, también nosotros, la Iglesia de Montevideo, inauguramos el Año de la Fe. En comunión con la Iglesia universal y con las Iglesias de nuestro País, CONMEMORAMOS LOS 50 AÑOS DEL INICIO DEL CONCILIO VATICANO II Y LOS 20 AÑOS DE LA PROMULGACIÓN DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA. Animados por el Espíritu Santo nos proponemos PEDIRLE AL SEÑOR RESUCITADO QUE ALIMENTE NUESTRA FE, asumiendo el espíritu y la letra de los documentos conciliares y conociendo orgánicamente el Catecismo promulgado por el Papa Juan Pablo II. A tales efectos, he pedido al Rector de la Facultad de teología que instituya para el próximo año la cátedra sobre el Concilio Vaticano II y la Cátedra sobre el Catecismo de la Iglesia Católica.

 El Año de la Fe no viene a sobreponerse o a distraernos de la MISIÓN CONTINENTAL que estamos llevando a cabo después de nuestro IV SÍNODO ARQUIDIOCESANO, celebrado en el año 2005; y en plena sintonía con las conclusiones de la V CONFERENCIA DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO DEAPARECIDA del año 2007. Al contrario, dinamizando nuestra fe, podremos asumir LA MISIÓN que estamos realizando con más fervor, más entusiasmo, más alegría, más esperanza y más amor.

Les escribí una Carta pastoral: EL AÑO DE LA FE. Octubre 2012- noviembre 2013. Será repartida al terminar la celebración eucarística. En ella encontrarán dos acentuaciones que se desprenden de la Eucaristía, SACRAMENTO DE NUESTRA FE:

1- la primera: el crecimiento de NUESTRA VIDA DE COMUNIÓN, por medio de una renovada e intensa PASTORAL DE CONJUNTO, uno de los grandes frutos, para nuestra Iglesia, del Concilio Vaticano II.

2- la segunda: el compromiso de llevar a la práctica, personal y comunitariamente, LA CONVERSIÓN PASTORAL, insistentemente pedida por nuestro Sínodo, Aparecida y el Sínodo de la Iglesia universal que se está realizando en Roma sobre LA NUEVA EVANGELIZACIÓN PARA LA TRANSMISIÓN DE LA FE AL MUNDO DE HOY.

También encontrarán en la III parte de la Carta la concreción de estas acentuaciones pastorales en algunas opciones concretas, que van de:

  •  la RENOVACIÓN DE LA CATEQUESIS EN CLAVE CATECUMENAL, a la VIDA LITÚRGICA, en todas sus expresiones;
  • de la vida de fe nutrida en la PALABRA DE DIOS, al compromiso por LA SOLIDARIDAD, sobre todo en la pastoral penitenciaria;
  • de una RENOVADA PASTORAL FAMILIAR que aspira a hacer de nuestras parroquias y de nuestra Arquidiócesis, en palabras de Benedicto XVI, FAMILIA DE FAMILIAS, a las ESCUELAS CATÓLICAS, dando gracias al Señor, entre otras cosas, por haber podido duplicar la capacidad del Liceo Jubilar Juan Pablo II y por la creación del nuevo Liceo católico del Cerro, Nuestra Señora de la Ayuda, encarnando así, junto a las demás iniciativas, el efectivo compromiso de nuestra Iglesia con los más pobres y necesitados.

Habrá también opciones concretas que  van:

  • de una intensa PASTORAL DE LA SALUD Y DE LA ESPERANZA, a una RENOVADA PASTORAL POPULAR;
  • DE UNA PASTORAL ESPECÍFICA PARA LOS ADOLESCENTES, a una DINÁMICA PASTORAL JUVENIL Y VOCACIONAL.

Estamos en el AÑO DE LA FE:

“La fe se fortalece dándola”, decía el beato Juan Pablo II. Y aspiramos  ser “UNA IGLESIA EN PERENNE ESTADO DE MISIÓN”.

Nos preguntamos: en este contexto del año de la fe y de la misión continental, ¿cómo hacer posible la realización del objetivo misionero de Aparecida de llegar a ser Iglesia en perenne estado de misión?

Sin olvidar o dejar de lado lo ya realizado al respecto en las etapas anteriores de nuestraMisión, quisiera ofrecer una sugerencia que se transforma también en una propuesta de renovada espiritualidad a la luz de la eclesiología del Vaticano II, del Magisterio pontificio posterior y de la realidad de la Eucaristía que estamos contemplando en esta celebración.

No cabe duda de que uno de los aspectos fundamentales de la eclesiología del Concilio es la presentación de la misma como MISTERIO, es decir como manifestación actual, viva y sacramental de la presencia personal entre nosotros de Jesús, el Señor resucitado. El pan es transformado en Cuerpo de Cristo por la consagración que el Espíritu Santo lleva a cabo por la epíclesis en la celebración eucarística. Al mismo tiempo, nosotros también somos el Cuerpo de Cristo por la consagración bautismal que nos transforma en el Pueblo de Dios de la Nueva Alianza. Hechos partícipes de la vida divina de Cristo, nacemos a la vida nueva de los hijos de Dios, que pone en nosotros una radical exigencia de unión con el Padre, por Cristo, en el Espíritu.

El Magisterio de la Iglesia llama a esta exigencia de UNIÓN CON DIOS, LA DIMENSIÓN CONTEMPLATIVA DE LA VIDA CRISTIANA.

En efecto, el Siervo de Dios Pablo VI en la conclusión del Concilio Vaticano II – ¡vaya momento importante y trascendente para la Iglesia universal! – el 7 de diciembre del año 1995, afirmó solemnemente: “EL ESFUERZO POR FIJAR EN DIOS LA MIRADA Y EL CORAZÓN – que Nosotros llamamos contemplación – ES EL ACTO MÁS ALTO DEL ESPÍRITU, EL ACTO QUE AÚN HOY PUEDE Y DEBE CORONAR LA INMENSA PIRÁMIDE DE LA ACTIVIDAD HUMANA”. Actividad humana que no sólo se da en los monasterios y en los claustros, sino en todos los ámbitos de la vida.

Por otro lado, el beato Juan Pablo II, en la conclusión de su encíclica sobre la misión de la Iglesia, REDEMPTORIS MISSIO, en el N° 91, sostiene con radical contundencia: “EL MISIONERO HA DE SER UN CONTEMPLATIVO EN ACCIÓN”.

Aparecida nos ha recordado hasta el cansancio que todos somos DISCÍPULOS MISIONEROS.

Todos, pues, misioneros por ser discípulos de Cristo a partir de nuestra consagración bautismal, estamos llamados a ser “contemplativos en acción”.

Y sigue afirmando Juan Pablo II, seguramente desde su experiencia personal: “EL FUTURO DE LA MISIÓN DEPENDE EN GRAN PARTE DE LA CONTEMPLACIÓN. EL MISIONERO, SI NO ES CONTEMPLATIVO, NO PUEDE ANUNCIAR A CRISTO DE MODO CREÍBLE. EL MISIONERO ES UN TESTIGO DE LA EXPERIENCIA DE DIOS Y DEBE PODER DECIR COMO LOSAPÓSTOLES: ‘LO QUE CONTEMPLAMOS…ACERCA DE LA PALABRA DE VIDA…, OS LO ANUNCIAMOS’ (1 Jn 1,1-3)” (RMi 91).

Ya lo había afirmado, con otras palabras, uno de los grandes teólogos de los últimos tiempos, el padre jesuita K. Rahner: “El cristiano del futuro será un místico o no será cristiano”. Si será cierto: lo constatamos a diario…en nosotros y en todos los ámbitos de la Iglesia, sobre todo en su relación con la sociedad, en la educación, en la política, en la economía, en la cultura.

En los próximos números de nuestro quincenario ENTRE TODOS les comunicaré los detalles de una iniciativa para adentrarnos, con toda libertad, concretamente en esta espiritualidad, cuyos rasgos fundamentales son exigidos por nuestra consagración bautismal y están al alcance de todo discípulo de Cristo, en cualquier estado de vida.

Porque:

TODOS ESTAMOS LLAMADOS A LA SANTIDAD.

Y NO HAY SANTIDAD SIN UNIÓN CON DIOS.

Y NO HAY UNIÓN CON DIOS SIN CONTEMPLACIÓN.

Aprovecho esta instancia para invitar en primer lugar a todos mis hermanos sacerdotes, seculares y religiosos – ellos son sacramento de Cristo Cabeza, por quien el Espíritu Santo nos dona toda gracia – para un próximo encuentro, absolutamente libre, en la CASA VIANNEY, el lunes 5 de noviembre, a meditar sobre un posible camino para llegar a ser CONTEMPLATIVOS EN ACCIÓN. Quienes desean participar, avisen al P. Juan González, Secretario de la Curia, con el fin proveer para la MISA Y LA MESA…

MARÍA ESTRELLA DE LA EVANGELIZACIÓN, estando con los Apóstoles y los discípulos a la espera de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, hace posible la existencia de la Iglesia en su naturaleza y en su misión. No por nada el Vaticano II la incorpora en el capítulo VIII de la Constitución Lumen Gentium, como TIPO, MODELO y SUPREMA REALIZACIÓN DEL MISTERIO DE LA IGLESIA.

María es la perfecta discípula misionera. Poseída por Dios en la Anunciación en Nazaret, la VIRGEN NAZARENA se vuelve inmediatamente misionera: sale de apuro poniéndose en camino hacia Ain Karim para acompañar a su prima Isabel que estaba en su sexto mes.

Porque totalmente unida con Dios, como nadie; porque consagrada por el Espíritu Santo en su Maternidad Divina, como nadie es misionera, llevando Cristo a los demás.

LA UNIÓN CON DIOS NOS HACE INDEFECTIBLEMENTE MISIONEROS.

PORQUE CONTEMPLATIVOS, UNIDOS CON DIOS:

SUMAMENTE ACTIVOS Y SOLIDARIOS.

¡MISIONEROS!

La auténtica devoción mariana es imprescindible para la nueva evangelización. Como hijos de la Iglesia, en este Año de le fe nos encomendamos de una forma especial a Ella para imitarla en su disponibilidad a la acción del Espíritu Santo, a los efectos de que juntos seamos cada vez más la Iglesia de Pentecostés al servicio de la nueva evangelización como discípulos y misioneros del Resucitado y podamos, como Ella, EXPERIMENTAR LA FELICIDAD POR HABER CREÍDO.

En profunda comunión con nuestro Papa Benedicto XVI, los exhorto a rezar el SANTO ROSARIO, oración tradicional siempre actual de todo el Pueblo de Dios. Posiblemente en familia.

Ahora recibimos con fe de Jesús Eucaristía su bendición.