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Noticeu Misa exequial del P. Elizaga: Un sacerdote de Cristo, predicador, audaz y dialogante, que tocaba el corazón

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Foto publicada por ICM

El sábado 2 de diciembre, en la Parroquia Jesús Misericordioso de Belén, se celebró la Misa de exequias por el fallecimiento del Padre Julio César Elizaga. La Eucaristía fue presidida por el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla, y concelebrada por el Obispo de Canelones, Mons. Alberto Sanguinetti, el Obispo emérito de Florida, Mons. Raúl Scarrone, el Obispo emérito de Canelones, Mons. Orlando Romero, y el Obispo auxiliar de Montevideo, Mons. Milton Tróccoli, oriundo de la Parroquia de Belén. Además una gran cantidad de sacerdotes y diáconos acompañaron a la comunidad parroquial, que dio su despedida a quien fue párroco de Malvín Norte durante 52 años y marcó, con su testimonio, a varias generaciones de creyentes.

“Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor”

La Eucaristía comenzó pocos minutos pasadas las 10 de la mañana, con un templo que estaba colmado en su capacidad. También había muchísimas personas en el atrio y alrededores. En la celebración, de cuerpo presente, se notaba más allá de la tristeza por la despedida del pastor, un gran agradecimiento por su vida y su misión al servicio de la Iglesia de Montevideo. Los cantos, la homilía y las palabras de recuerdo hacia el P. Elizaga, dieron clara muestra de la huella del pastor en su barrio y especialmente en su querida Parroquia de Belén.

En primer lugar, el Cardenal Sturla quiso leer algunas palabras enviadas Mons. Miguel Barriola, amigo del P. Elizaga. El Arzobispo de Montevideo destacó de dichas palabras la forma de pastorear del P. Elizaga y lo resumió “como dice el Señor `tampoco yo te condeno´. Pero sin dejar de amonestar `vete y en adelante no peques más´”. Y secundó las palabras del P. Barriola diciendo que “seguramente, no cabe duda, ya habrá escuchado de parte del Señor en la Gloria, `Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor´”.

“Nos reúne la vida de un sacerdote de Cristo”

En la homilía, Mons. Tróccoli subrayó que “nos reúne la vida, y la vida de un sacerdote de Cristo. Hoy despedimos al padre, al confesor, al confidente, al amigo, al pastor. Un hombre con coraje, sin miedo al futuro, creativo, emprendedor y empecinado por la evangelización”. Señaló que el P. Elizaga era una persona “de carácter fuerte, y por momentos áspero, pero se volvía cercano y cariñoso en el dolor, en la duda o en la fragilidad”. Agregó que “le gustaba jugar en el límite; como cuando se metió por una ventana en el convento del Padre Pío y luego en su despacho. Para disimular le dijo que le traía saludos del Cardenal Barbieri. Días después fue a confesarse con el Padre Pío”.

El obispo auxiliar de Montevideo dijo que el P. Elizaga “era incansable contando historias propias o ajenas, muchas de las cuales quedarán en nuestra memoria. Recordaba con precisión fechas, personas y lugares. Desde seminarista comenzó con los diálogos ecuménicos, invitando pastores al Seminario Interdiocesano; Juan XXIII había abierto las puertas del diálogo, él tomó la iniciativa”.

También lo describió como un gran predicador, con palabras que “hicieron volver a la fe a quienes se habían alejado de la Iglesia, de encontrarla a quienes nunca la habían conocido”. Lo destacó también como un cura pionero “palabras como kerygma, discipulado o evangelización resonaron en este lugar a partir de la década de los 70”. Y recordó que “en el momento de furor de Los Beatles contrató a un grupo de música beat del barrio para que animara las misas dominicales. El éxito de la Misa beat, como se la llamó, llevó incluso a que vinieran de la televisión”.

“Nadie se iba indiferente”

Mons.Tróccoli habló de la preocupación del P. Elizaga por llegar más al barrio: “Fundó un colegio parroquial (…) nacieron también aquí varias obras sociales, la atención a los asentamientos cercanos, la policlínica, el CAIF, etcétera. Trabajó por el barrio buscando mejoras en sus calles y su iluminación. También fue ampliando el templo y la sede parroquial, a fin de que la parroquia brindara mejores servicios”. Y aseguró: “Siempre preocupado porque más gente conociera a Cristo”.

Otro aspecto fundamental de la misión del P. Elizaga que destacó Mons. Tróccoli, fue su celo pastoral. Mencionó que de ese celo “nacieron muchas vocaciones a la vida sacerdotal, diaconal y consagrada. Casó y bautizó a varias generaciones, animó la catequesis de niños y adolescentes, la formación de numerosas comunidades de jóvenes y adultos”. Habló también sobre la constante necesidad de profundizar “en la Palabra de Dios, también en la Eucaristía con gran amor, a quien dedicaba varias horas de Adoración”,

Otro punto que enfatizó el obispo auxiliar de Montevideo fue el tiempo que dedicaba el P. Elizaga “a la confesión y al acompañamiento de personas; lo que él llamaba el consultorio pastoral. A veces las personas le pedíamos para hablar y otras veces que él nos llamaba si veía que hacía mucho tiempo que no pasábamos”.

Más adelante, Mons. Tróccoli remarcó que “su vínculo ecuménico lo llevó a conocer la Renovación Carismática, y a emprender este camino en su parroquia. Desde ahí esta comunidad se volvió lugar de peregrinación y de búsqueda de fe para tantos”. “Pobres, ricos, intelectuales, obreros, políticos de renombre pasaron por este humilde rincón de Montevideo para hablar con él, para buscar consejo” dijo, “nadie se iba indiferente” agregó.

“Que todos conocieran a Jesús”

Como oriundo de la Parroquia de Belén, Mons. Tróccoli mencionó que el P. Elizaga “nunca se olvidaba de las fechas significativas de cada miembro de la comunidad parroquial. Cada uno de los que pasábamos por aquí recibíamos puntualmente su llamada telefónica saludándonos por el cumpleaños”. Y aseguró “era su gran preocupación que todos conocieran a Jesús y que lo sirvieran”.

Del último tiempo, el obispo auxiliar de la Arquidiócesis dijo que el P, Elizaga “vivió su enfermedad con entereza y buscando más hondamente a Dios. Finalmente, reconociendo ya cercano el momento de la partida lo aceptó con serenidad”.

Mons. Tróccoli compartió que “con el Cardenal Daniel hablábamos que nos esperó. Los obispos estábamos todos en la visita ad Limina, allí en Roma, y me decían aquí que él, la semana antes de la internación, preguntó numerosas veces “¿cuándo vuelven los obispos?, ¿cuándo vuelve Daniel?, ‘cuándo vuelve Milton?”. “Nos esperó”, repitió.

Para terminar la homilía, el prelado dijo: “Querido padre, no le decimos adiós, sino hasta siempre. Ahora lo recibió la comunidad del cielo, aquellos que como usted decía se nos han adelantado en el camino de la vida. Seguramente lo estaban esperando para darle el abrazo de paz y cantar juntos el Aleluya pascual. Padre, misión cumplida, descanse en paz. Y que el rostro luminoso de Jesús resucitado lo reciba ahora en la patria del cielo”.

El legado y el futuro

Sobre el final de Misa, el Cardenal destacó: “Qué bueno que esta comunidad siga unida, fiel, trabajando junto a su párroco por la extensión del Reino, por la evangelización”. Subrayó que cariño que vio “en el P. Eliomar (Carrara) y en tantos y tantos, en este tiempo cuidándolo (al P. Julio Elizaga), gente tan cercana al padre”.

Para terminar, mencionó que “no solamente tendrán un intercesor ante Dios, sino alguien que colmará de bendiciones a la comunidad de la parroquia y ni que hablar del obispo auxiliar. Sin dudas la comunidad seguirá siendo un foco de luz en la Arquidiócesis”.

Homilía misa exequial P. Julio Elizaga

Fuente: http://icm.org.uy/una-vida-dedicada-cristo/