Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Mi visita a la Universidad de Montevideo (UM) [Opinión]

UYPRESS |

Esteban Valenti

El rector Juan Manuel Gutiérrez y el vicerrector Enrique Etchevarren de la Universidad de Montevideo me invitaron a visitar la sede del rectorado y de alguna de sus facultades en el Parque Batlle. Naturalmente acepté la invitación y llevé como lo hago en todas mis visitas, toda la información que pude recoger, mis ideas, mi pasado y mis prejuicios.
Entre otras cosas, sabía, como todos, que es una institución con una fuerte relación con el Opus Dei, entidad con la que mantengo serias diferencias y sobre la que he vertido diversas críticas, pero…como ya fui a la escuela Los Pinos de Casavalle y me tuve que tragar varios prejuicios y escribí sobre ello, también traté de visitarlos con la cabeza abierta. No es fácil, soy además un defensor de la educación pública, desde que me conozco, incluso cuando iba al Colegio Marín de San Isidro en Buenos Aires, era bastante niño y estaba en auge el debate sobre educación laica o libre.

Lo primero y lo más importante, fue una reunión de más de dos horas entre gente de diferentes opiniones, que no se cerraron a ninguna pregunta, que me ofrecieron todas las informaciones que podían interesarme y con la cordialidad de los uruguayos amistosos y comprensivos de las ideas del otro.  Fue un buen paso.

Segundo además de la conversación y de los materiales que me regalaron, recorrí las dos casonas que albergan las instalaciones de la UM en ese lugar, hay varias más distribuidas por otros barrios, incluso una biblioteca especializada en varios autores, entre ellos el de Alberto Methol Ferre, al que le tengo mucho respeto y despierta mucho interés. Iré a visitarla.

¿De qué hablamos? Básicamente le hice preguntas, en particular sobre las principales interrogantes que me surgen sobre una universidad de ese tipo, es decir sobre su relación con la religión y con una parte específica del catolicismo con la “Obra”, es decir con el OPUS DEI.

Hay algo que quiero aclarar, se perfectamente que la educación es una clave en cualquier mecanismo de propalación de una fe, de una concepción, de una cultura determinada. No hay que ser por cierto muy agudo para llegar a esa conclusión. Pero, que esto se haga de forma abierta, clara y explícita y que además se acepte, en un país con la fuerte tradición laica como el Uruguay, el reto de construir y desarrollar una universidad con las diversas facultades, debo reconocer que me parece un gran esfuerzo que me interesa conocer. No es lo mismo que una obra social, como una escuela en un barrio carenciado.

Hay un segundo aspecto que considero fundamental, cuáles son las condicionantes, los límites que se imponen a la educación ¿hay exigencias ideológicas, religiosas? Por el cuerpo de docentes y de profesionales que me mostraron, no existen esas limitaciones.  Hay una afirmación realizada por un docente que reproduzco: “que respetan mis creencias no hay duda, nunca me preguntaron cuáles eran mis creencias”.

Que me hayan invitado a mí – que expongo mis ideas y creencias muchas veces y con cierta intensidad-, es también muestra de que no pretenden vivir entre las cuatro paredes de sus creencias y verdades.

Eso no quiere decir que no tengan una capilla dentro de la propia universidad, pequeña, recatada, donde además de Cristo en la cruz y una estatua de la Virgen de los “33” hay un retrato de José María Escriva de Balaguer.

Es obvio que todos aquellos que tienen una relación con  esa visión del catolicismo tienen en la UM un punto fundamental de referencia no solo religioso sino también intelectual. En mi pasado, debo registrar que entre las instituciones más respetadas de la iglesia católica están los Jesuitas aunque – como nadie en este mundo -, no tienen una historia lineal, son el pilar universitario desde hace muchos siglos de la iglesia católica, lo fueron en América Latina y fueron perseguidos por el papado y la inquisición. Y en América Latina se enfrentaron al rey de España y a la iglesia oficial por su actitud hacia los indios.

Así que la historia de las universidades en nuestro continente le debe mucho a los jesuitas. Por otro lado,  hubo que esperar muchos siglos para que se eligiera el primer Papa jesuita, Francisco. Luego de más de medio milenio la iglesia católica tiene un Papa que reivindica con su nombre al “poverello”,  a San Francisco de Asis. Me fui relativamente del tema, pero lo principal es que hacer funcionar una universidad es siempre una obra civilizatoria.

Recorrí las instalaciones y primero comprobé una vez más que los uruguayos hace algunos años edificábamos con sentido de grandeza y con pretensiones; ocupan dos magníficas casas en el Parque Batlle- Segundo, que las instalaciones son de primera calidad en todo sentido y que ambos -rector y vicerrector – se cruzaron durante la recorrida con varios estudiantes y el trato es exactamente igual que en cualquier instituto de educación uruguayo, de familiaridad y al mismo nivel. No es poca cosa.

Tienen más de 2.000 estudiantes en sus diferentes facultades (Comunicación, Ciencias Empresariales y Economía, Ingeniería, Derecho, Humanidades y Educación, Ciencias Biomédicas, IEEM – Escuela de Negocios, Centro de Formación Terciaria en Servicios e Innovación) de los cuales un importante porcentaje son becarios. Para acceder a las becas, que pueden alcanzar el 90% del valor total de la carrera hay que tener un buen porcentaje, creo que 8 al finalizar los estudios en secundaria. No entregan becas del 100% porque consideran que el estudiante y la universidad deben poder exigirse mutuamente en todas las situaciones.

No puedo evaluar la calidad de su educación, no tengo la capacidad para hacerlo ni obviamente ese era un objetivo. Si puedo decirles que me llevé una buena impresión, cálida, abierta y dispuesta a discutir y a intercambiar.

Y me acordé de una frase del Papa Francisco en su visita a Brasil “La única manera de que la vida de los pueblos avance es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tienen algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno a cambio”. Es un personaje al que sigo con mucho interés y respeto, al que muchas veces le envidio su optimismo, en este mundo torturado.

Ahora conozco algo nuevo, diverso, conversé con gente inteligente y aguda,  que ama profundamente su labor y que discute con respeto y atención y que es bien uruguaya, lo que para mí es una virtud. Además el vicerrector Enrique Etchevarren es periodista, colega.

Para terminar quiero compartir con ustedes un artículo que me envío el rector y que me parece una reflexión de uno de sus profesores, me pareció de gran importancia en esta época: (es un extra).

El peligro de tener razón

ABR 27, 2017 por FRANCISCO O’REILLY

Muchas veces se habla sobre cómo lograr superar los errores, o como tomar conciencia de los juicios erróneos que tenemos sobre algunas cosas, pero pocas veces se habla del peligro de tener razón y la necesidad de administrar las creencias sobre la verdad.

Por verdad entendemos aquí la verdad práctica, y cómo esta se relaciona con el sujeto que la ostenta. Su administración es un tema interesante a considerar, ¿por qué? La finalidad de la verdad práctica está en la elucidación de qué es lo bueno para uno o para un grupo de gente, entonces su verdad no está solamente en su formulación sino en la finalidad. Pero hay riesgos, ya que su formulación marca la intencionalidad del poseedor de la verdad y también la tentación de reivindicar la inteligencia por sobre el bien de la persona aconsejada.

Pongamos un ejemplo: el padre ve a su hijo hamacarse con la silla y le advierte: “Deja de hamacarte que te vas a caer”. El hijo no presta atención, no considera que esa observación sea relevante. Finalmente cae.

Frente a este hecho el padre se encuentra ante una encrucijada difícil. La tesis que se defenderá es que la acción correcta a seguir sería preguntarle “¿estás bien”, y dejar que el hijo procese la secuencia, y así quizás, él solo dirá “tenías razón” o con un gesto reconocerá su error, sentimiento que serviría para recordarlo en el futuro. El padre debería sentirse reconfortado si percibe que el niño aprendió de la experiencia y no tanto por haber tenido una observación razonable. Pero esto sucede contadas veces.

Lo que sucede, casi como un reflejo, es que el padre le grita: “¡Te lo dije!”. Esta afirmación suena a una patada que se le da a alguien ya caído. Sin duda que marca la verdad que contenía sobre la acción; sin embargo, también marca algo que puede abrir una puerta peligrosa, el sentimiento de orgullo por tener razón. La verdad del juicio práctico puede ser algo accidental, podría no haber sucedido. La naturaleza e intención del consejo ahora cambia en su percepción. El consejo que inicialmente se había vuelto por un interés por el otro, ahora pone el énfasis primero en su verdad y queda en un segundo plano el interés por el otro.

Así quien recibe el consejo y no escucha, finalmente recibe la confirmación de la realidad que ese consejo era el correcto puede advertir su error: no necesita un recordatorio, a fin de cuentas, su espalda ya acusó recibo del golpe, para tener que recibir una confirmación. Sin embargo, esta confirmación del error puede generar un sentimiento de rechazo y finalmente un extraño proceso de negación del mismo, produce rechazo a la actitud del consejero. El reproche de quien aconsejó bien es percibido más como una forma de autoafirmación y un interés mayor por parte del consejero en tener razón que en preocuparse por el otro. El resultado final es un alejamiento y el comienzo de un resentimiento sobre quien posee ciertas “verdades”.

Por parte de quien da el consejo, frente a esta actitud también se reafirma el orgullo de tener razón y aparece un menosprecio por el aconsejado. Quizás el consejero podría llegar a la radicalidad de percibirse a sí mismo como poseedor de la verdad a partir de un consejo particular, se instaura como el artífice de juicios certeros y en este sentido el consejero se vuelve una especie de enamorado de sus verdades más que un buscador del bien del otro o del bien propio.

Esto que sucede seguido en el entorno familiar, también nos afecta en la vida y en las relaciones de amistad o laborales.

No es vano recordar que, así como cuando tenemos sed buscamos agua, cuando tenemos dudas buscamos la verdad, y por ello poseer la verdad, o como se dice de los juicios prácticos “tener razón”, produce placer. Pero ese placer de tener razón no debe ocultar el sentido para el cual deseamos tener razón, esto es, buscar la forma mejor de hacer las cosas. En este sentido, un consejero que con sus consejos logra que el aconsejado lo deje de escuchar, lejos de buscar el fin propio del juicio práctico que es el bien, busca “tener razón”, y lejos de tratar de acercarse al otro y preocuparse por el otro, está tan solo preocupándose por su verdad.