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La Iglesia en los medios Médicos dicen que no mostrarán ecografías previas a abortos

EL PAÍS |

Si una mujer que prevé interrumpir su embarazo concurre a un centro hospitalario a realizarse una ecografía, ya sea que en la receta lo explicite o que la persona lo plantee, el ecografista no debe mostrarle las imágenes ni permitir que escuche los latidos del embrión y solo debe brindar un comentario, dijo a EL PAÍS digital la coordinadora del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, Leticia Rieppi.

Si bien esto ya fue estipulado en el procedimiento a partir de la ley que despenaliza el aborto antes de las 12 semanas de gestación, Rieppi sostuvo que se va a “insistir” en que “todos los incorporen” en febrero cuando se concreten las capacitaciones.

“Se va a hacer la capacitación de los profesionales a partir de febrero. Ahora está todo el mundo de licencia, no hay nadie y si yo llamo a cursos de capacitación me quedo sin nadie, no tengo más remedio que hacerlo en febrero”, sostuvo Rieppi.

Consultada sobre qué ocurre si alguien lo quiere hacer antes de febrero sostuvo que la atención se brinda igual aunque “la forma puede ser diferente”.

En uno de los primeros abortos legales que se realizaron, la mujer debió atravesar una serie de peripecias para concretar finalmente la interrupción. Según una nota publicada por La Diaria, la joven, que utilizó el nombre ficticio de Gabriela, decidió inicialmente comprar a través de internet la medicación ya que la ley no había entrado en vigencia, pero una vez operativa decidió recurrir al hospital de Pan de Azúcar, en Maldonado. Si bien afirmó a La Diaria que el procedimiento fue “todo coordinado, rápido y bien resuelto” hubo “cosas que realmente no estuvieron buenas”.

Entre los aspectos negativos que resalta figura que “cuando le dije al ginecólogo que había tomado Misoprostol y no había funcionado largó la carcajada”. Al borde de las 12 semanas y tras tomar nuevamente Misoprostol sin resultados la joven, relata, le exigió al médico que resolviera la situación de forma urgente a lo que el ginecólogo le dijo “te voy a dar el gusto”. “El sistema de salud en general fue violento. La ecógrafa me preguntó si quería escuchar el corazoncito. No está preparado el equipo técnico; cada operador dejó ver su opinión sobre el tema. En la ventanilla, una de las funcionarias me hizo caras [de desaprobación] y después comentarios a la otra. Diga que a mí no me importa, pero quizá a otra…”, relató la joven.

Para Rieppi “lo que se muestra es un caso particular, no en todos los casos es igual. En muchos lugares cuando la señora va a hacerse la ecografía ya va clasificada como que va a realizarse la interrupción del embarazo y por tanto no se le muestra nada de la misma forma que si querés seguir con el embarazo y el ecografista no te muestra los latidos, allí te sentirías ofendida; por eso es que no se puede hacer un criterio para toda la población igual sino que hay que ir buscando alternativas”.

Pero a esto se suma otro problema: la identidad. “Lo que ocurre es que si tenés anotado todo el mundo se entera entonces hay situaciones difíciles. La identificación de personas va en contra de la confidencialidad del proceso. Además puede ser en una institución privada que genere conflictos”, sostuvo Rieppi.

Para todo esto es que en febrero se prevé hacer un llamado a cursos que estandarice el tratamiento de los pacientes no importa si se trate de una institución pública o privada.