Iglesia al día

" El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos. #FratelliTutti "
@Pontifex

La Iglesia en los medios María Auxiliadora: cómo conoció a Vázquez y su vínculo con la fe

EL OBSERVADOR |
https://www.elobservador.com.uy/nota/maria-auxiliadora-como-conocio-a-vazquez-y-su-vinculo-con-la-fe-2019731132357

Caracterizada por su bajo perfil, Delgado dio pocas entrevistas. Así se definía la esposa del presidente, que en 2017 contó cómo fue su infancia y su vida al lado de Vázquez.

María Auxiliadora Delgado, la esposa del presidente Tabaré Vázquez, murió en la madrugada de este miércoles a los 82 años. Compartió junto con el mandatario más de 50 años y criaron a sus cuatro hijos: tres biológicos y uno adoptivo.

Caracterizada por su bajo perfil, Delgado dio pocas entrevistas. Una de ellas fue al Boletín Salesiano, una publicación vinculada a la congregación salesiana de la Iglesia Católica. La entrevista, a la que accedió El Observador, se realizó en 2016, en la casa de El Prado donde Delgado y Vázquez vivían. Quien hizo la nota describió “un living amplio, impecable, sencillo, con un mobiliario impoluto, que parecía ser el de toda la vida”. El siguiente es un resumen de ese intercambio, en el que Delgado rememoró algunos de los momentos más importantes de su vida.

Los primeros años de vida

María Auxiliadora nació el 11 de marzo de 1937, en el seno de una familia católica. Era la menor de 11 hermanos que crecieron en el barrio La Teja, en Montevideo, donde vivían junto con sus padres. Por ser la más chica, sabía que estaba “predestinada” a despedir al resto. En la entrevista se conmovió al contar que en ese momento solo vivían dos de sus hermanos: dos mellizas de 84 años, que residían en Argentina.

Uno de los momentos más traumáticos de su vida fue la muerte de su padre, cuando apenas tenía tres años. Los únicos ingresos que la familia Delgado tenía venían de la actividad laboral de él, que trabajaba como cobrador del Círculo Católico del Paso Molino. La madre se había dedicado a criar a sus 11 hijos –tres varones y ocho niñas– y a trabajar de manera honoraria en organizaciones católicas que asistían a personas enfermas.

La importancia del catolicismo

El catolicismo tuvo un papel central en la vida de María Auxiliadora, incluso antes de nacer. Su padre y su madre se conocieron en ámbitos franciscanos y cuando la familia se mudó a La Teja, se vincularon a la comunidad salesiana. En el hogar se rezaba todos los días el rosario, sin excepción. “Yo no busqué la fe: la mamé, nací y me crié en ese ambiente”, contó a Boletín Salesiano.

A la esposa del presidente Vázquez siempre le dijeron “Mary”, incluso de adulta. No fue sino hasta que él incursionó en política que la gente empezó a llamarla por su nombre completo: María Auxiliadora. Para ella, este nombre tenía un peso simbólico vinculado a la virgen.

“Lo que siento por María Auxiliadora es difícil de explicar. Yo soy de María Auxiliadora y me siento partícipe de la familia salesiana”, armó en 2017, y recordó que de pequeña armaba un pesebre para homenajear a la virgen y dedicaba mayo a recorrer todas las iglesias de María Auxiliadora de Montevideo. “Mayo siempre fue un mes glorioso para mí”, expresó.

La vida al lado del presidente de la República

Era 1956. Los jóvenes Tabaré Vázquez y María Auxiliadora Delgado se habían criado en La Teja, pero nunca se habían cruzado. El presidente se había educado en un centro laico –la escuela Yugoslavia–, y se había vinculado a la congregación salesiana para poder jugar al fútbol en el centro de exalumnos “Pablo Albera”, con el único requisito de ir todos los domingos a misa.

Ese año los salesianos realizaron la primera kermesse mixta, donde Vázquez y Delgado se conocieron. Siete años después se casaron en la Parroquia de los Vascos, en una ceremonia presidida por el Padre Luis Chocho.

La vida al margen de las cámaras

María Auxiliadora se identificaba como “ama de casa”. En la entrevista del Boletín Salesiano le pidieron que jerarquizara los roles que ocupaba, y ella –entre risas– eligió el siguiente orden: “esposa, luego abuela y después madre”. Contó también que sus hijos le reclamaban que estaba más dedicada a sus nietos y ellos. “Saben que si me precisan, me tienen. Creo que nunca les fallé a ninguno de ellos. Nunca dejé de estar presente, aun en los tiempos de mayor trabajo”, aseguró.

Las claves para cultivar buenas relaciones con los hijos, según Delgado, eran “estar siempre cerca de ellos, escucharlos mucho, respetarlos, saber entenderlos (contemplando las distancias generacionales y las problemáticas de cada época), y ponerles frenos y límites, pero siempre con afecto”.

María Auxiliadora consentía a sus nietos e incluso les confeccionaba prendas a mano. De hecho, fueron ellos la razón por la que Vázquez y ella no se mudaron a la Residencia Presidencial de Suárez y Reyes en ninguno de los períodos de gobierno (2005-2010 y 2015- 2020). “Con Tabaré hablamos mucho del tema y decidimos quedarnos acá porque, si no, nuestros nietos iban a ir a la Casa Presidencial y no a la ‘casa de los abuelos’”, armó.

¿Qué cualidades valoraba del presidente de la República? La inteligencia de Vázquez era el mayor atractivo que le encontraba, pero también su “capacidad de trabajo impresionante” y que nunca criticaría “gratuitamente” a nadie.

María Auxiliadora prefirió tener una vida alejada de las cámaras. El cuidado de sus plantas y una pequeña huerta eran algunos de los placeres de los que más disfrutaba, indicó a la publicación salesiana. De hecho, en su casa de La Teja tenía un invernadero con ores, tunas y plantas diversas.  También coleccionaba rosarios, una tradición que empezó cuando quedó en su poder el rosario de oro que su padre le regaló a su madre el día que se casaron. Atesoraba tantos que había perdido la cuenta, pero la colección incluía cinco rosarios que habían sido regalos de distintos papas, la máxima autoridad de la Iglesia Católica. El primero de ellos se lo había obsequiado el papa Juan Pablo II a su esposo cuando era intendente de Montevideo, en el período de gobierno comprendido entre 1990 y 1994.