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Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Los curas “stars” que Francisco encontrará en Brasil

EL OBSERVADOR

Son católicos pero se nutren de las estrategias de los evangelistas para inspirar a millones; conozca a los sacerdotes católicos de Brasil que montan shows populares con música, coreografías y macromisas.

Sacerdotes católicos como Marcelo Rossi o Reginaldo Manzoti  logran atraer a multitudes de fieles utilizando el estilo de comunicación que popularizaron desde los 90 los pastores evangelistas en grandes teatros y cines: misas multitudinarias convocadas en megatemplos para miles de personas, cantos y danza, entre otras estrategias.

Con la visita del papa Francisco a Brasil se plantea una nueva actitud de la iglesia Católica hacia ellos. En 2007, prohibió a Rossi cantar en la visita del entonces papa Benedicto XVI a Sao Paulo, pero seis años después el sacerdote podrá hacerlo ante el papa Francisco, en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud en Rio.

No es el concierto de un ‘popstar’, pero se parece: es una misa católica donde multitudes rezan, cantan y lloran guiadas por sacerdotes carismáticos, símbolo de una corriente que atrae miles de fieles mientras el resto de esta iglesia los pierde.

La noche es fría, pero la temperatura no importa en este enorme templo del Movimiento de Renovación Carismática de la zona sur de Sao Paulo. Miles de fieles sentados y varios miles más de pie esperan por horas hasta que, a las ocho de la noche, aparece el “padre Marcelo”, el cura más popular de Brasil.

Sonriente, activo, secundado por una banda de música, con micrófono en mano y zapatillas deportivas bajo la sotana, el sacerdote Marcelo Rossi, de 46 años y un físico de actor de cine con sus 1,94 m de altura, empieza la misa cantando y agitando a los fieles.

“¡Dios convertirá su tristeza en alegría!”, clama desde el altar, y el techo se viene abajo por la emoción de los asistentes.

Cada jueves en la noche y domingo en la mañana Rossi encabeza la liturgia en Madre de Dios, el mayor templo católico de Brasil con capacidad para 100.000 personas, que inauguró en 2012.

“El padre Marcelo es un hombre carismático, humilde. Si vienes una vez para acá, ya no dejas de venir nunca más”, asegura a la AFP Olga Ribeiro, de 72 años, que desde hace una década sigue a este sacerdote que incluso ha encabezado misas en el estadio Morumbí de la capital paulista.

Nacido en Sao Paulo en 1967, Rossi ha vendido millones de discos, tiene programas en la televisión y radio, ha protagonizado películas, tiene asesoría de prensa, es muy activo en su cuenta de Twitter y por estos días recorre el país presentando su último libro, ‘Kairós’, que ha vendido medio millón de ejemplares en menos de un mes.

En el clímax de la liturgia, se apagan las luces y sólo quedan las velas encendidas por los fieles. Muchos lloran.

Una hegemonía en retroceso

Brasil es el país con más católicos del mundo, 123,3 millones, según el censo de 2010. Representan un 64,6% de la población, pero 10 años antes eran 73,6% y en 1970 un 91,8%.

Mientras los católicos han perdido terreno, los evangélicos -sobre todo los pentecostales- han crecido hasta alcanzar el 22,2% de la población, con 42,3 millones de personas.

“Desde los años 1990 se registra en Brasil una crisis en la Iglesia católica, con templos vacíos y la Teología de la Liberación en retroceso”, comenta a la AFP Magali Cunha, de la Facultad de Teología y posgrado de la Universidad Metodista en Sao Paulo.

“Los grupos carismáticos llaman a la Iglesia a una renovación para traer de vuelta a los fieles y dar aliento a la institución a través de una popularización basada en el modelo pentecostal”, añade.

Pero el jefe del departamento de Ciencias de la Religión de la Universidad Católica de Sao Paulo, Edin Abumansur, resalta que “decir que la renovación carismática es una respuesta o una estrategia de contención de fieles es una lectura muy estrecha. Tampoco es una versión católica del pentecostalismo, es un fenómeno mayor, más amplio, propio de la Iglesia católica.

“Pentecostalismo católico”

Conocido en un comienzo como “pentecostalismo católico”, la renovación carismática llegó a Brasil en las décadas de 1960 y 1970 y evolucionó hacia un movimiento muy heterogéneo, siempre bajo el alero de la Iglesia católica.

Asuntos como la mediación del clero, la familia o el matrimonio entre un hombre y una mujer no están en discusión.

Pese a que los carismáticos no han tenido éxito para frenar el retroceso de católicos en el país, “sin ese tipo de espiritualidad, la Iglesia católica habría perdido muchos más fieles de los que ya ha perdido”, plantea Abumansur.

Misas de sanación, emociones a flor de piel, bendiciones para encontrar empleo, grupos de oración, expresión corporal de la fe: el abanico de ofertas es amplio y variado.

“Si hay técnicas que resultan, los carismáticos dicen ‘vamos a probar con ellas también’, como los grandes eventos públicos potenciados por los medios de comunicación”, añadió Cunha.

Según cifras de la organización Renovación Carismática de Brasil hay un millón de brasileños en este movimiento, pero otros nueve millones se vincula a través de retiros espirituales o encuentros.

Misa por internet

“Hoy hay misa en el Santuario. No se olvide de traer una vela. Si no puede venir, síganos por nuestro sitio web. ¡Dios lo bendiga!”, escribió Rossi en su cuenta de Twitter hace unos días.

En una entrevista por correo electrónico con la AFP, Rossi asegura que le da “gran importancia” a las redes sociales porque “el mundo cambió”.

“Pero el gran desafío de la Iglesia es saber cómo usar esos instrumentos para el bien, para la evangelización”, añadió.

Con un lenguaje directo y recurriendo siempre a la música, Rossi transmite su mensaje. En misa habla de delincuencia, pero no menciona los problemas sociales que aún aquejan a este país de enormes diferencias entre ricos y pobres.

“No se puede mezclar Iglesia y política. En el momento en que usted entra en política necesita afiliarse a un partido y la Iglesia es apartidaria”, escribió a la AFP.

Y su mensaje cala hondo en sus seguidores.

“Es una misa moderna, animada. Yo había dejado de ir a la iglesia porque me aburría, pero esto es distinto”, dice Luis Fernando Camentori, de 58 años.