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Noticeu Las dos caras de la nostalgia en la reflexión de Mons. Galimberti

Galimberti

Mons. Pablo Galimberti, Administrador Apostólico de la Diócesis de Salto, este 24 de agosto dedica su habitual columna de los viernes en el diario “Cambio”, a “la nostalgia”.

El Obispo comienza su reflexión en torno a la etimología del término y a partir de allí invita a una recorrida desde el cancionero popular, las Sagradas Escrituras y diversas artes para hacer notar los sentimientos que genera la nostalgia en el ser humano, partiendo de que implica un “retorno” y también “dolor o tristeza”.

“Las nostalgias esconden ambigüedades” dice Galimberti, “tienen dos caras”. Nos recuerda que como todos los sentimientos humanos “ayudan y pueden atar”.

NOSTALGIAS 

Resulta imposible abarcar las innumerables maneras en que, en el devenir de la historia de la humanidad, se ha expresado ese sentimiento o estado anímico que llamamos “nostalgia”.

La raíz griega de la palabra nos orienta en dos direcciones. Por un lado “nóstos” que significa “retorno” y por otro “álgia” que significa dolor o tristeza.

Las letras y el arte de todas las épocas ofrecen ejemplos. Sin olvidar la música popular. “Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien. Sentir que es un soplo la vida… que febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombra. Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez.” (Tango Volver).

Aquí el intento impotente de volver al tiempo de la juventud termina en llanto y ausencia.

Los cantos poéticos conservados en la Biblia recogen el lamento ante la lejanía o ausencia de Sión (monte sobre el cual está construida Jerusalén). La nostalgia expresa el vivo deseo de volver a visitar el templo. Un claro ejemplo es el salmo 42. “Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?”. Casi con sed animal y salvaje, se marca el término de toda búsqueda para el creyente inmerso en la tradición judeo-cristiana. En este caso el recuerdo alimenta el presente y abre futuros. “Recuerdo otros tiempos y  desahogo mi alma conmigo”.

La tonalidad melancólica y de nostalgia se aprecia en otro salmo, el 136: “Junto a los canales de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión…”. Es interesante observar cómo aquella dolorosa experiencia del exilio del pueblo judío sirvió de paradigma para trasladarla a otras situaciones similares. Eso explica que a lo largo de la historia ese salmo ha sido y continuará siendo parte integrante de la oración y el canto de la iglesia peregrina en la historia.

También inspiró a Temistocle Solera, autor del libreto de la ópera Nabucco, inaugurada en 1842 en el Teatro de la Scala de Milán. Esta obra es considerada representativa del llamado “Risorgimento”, cuando cristalizó la unidad italiana. Los espectadores de la época encontraban paralelos entre su dolorosa condición política y la de los antiguos judíos desterrados en Babilonia. Pero además añadían con astucia un ingrediente político, ya que, cuando el pueblo ovacionaba a “VERDI”, creador de la música, estaba aclamando también a Victorio Emanuel II, futuro primer Rey de Italia (V E R D I). Sea como sea ¿quién no se emociona escuchando el “Va pensiero sull ´ali dorate..”?

También se despiertan nostalgias al recorrer el cementerio de nuestra ciudad. El panteón de la Sociedad Italiana, por ejemplo, propone una clave para descifrar ausencias: “Fe Esperanza Amor y no estéril llanto pide la voz del sepulcro”. Hasta el ciprés da sentido a las nostalgias: “gran dedo vegetal que siempre está indicando al ruido: calla!” (Juana de Ibarbourou).

Pero las nostalgias esconden ambigüedades. Lo ilustra un pasaje evangélico: “Jesús dijo a otro: Sígueme y él respondió: Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre. Pero Jesús le respondió: Deja que los muertos entierren a sus muertos…”. Algo semejante le pasó a la mujer de Lot, convertida en estatua de sal por mirar hacia atrás, cuando debían huir con urgencia.

Las nostalgias tienen dos caras. Ayudan y pueden atar. Como todos los sentimientos humanos.

Columna publicada en el Diario “Cambio” del viernes 24 de agosto de 2018