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La Iglesia en los medios Laicidad uruguaya: indiferencia frente a la discriminación religiosa [Opinión]

LA REPÚBLICA |

Por: Susana Andrade, Diputada (S)

Quisiera expresar matices con la declaración “Día de la Laicidad” actualmente aprobada en comisión parlamentaria.

Para las tradiciones espirituales africanas y afroamerindias, la laicidad es un concepto ajeno porque no evita ni logra mitigar la intolerancia religiosa padecida. Permítaseme recordar que no hay libertad sin derecho ejercido y en cuanto a cultos, esto supone las manifestaciones ceremoniales.

Los cultos afro cargan estigmas nunca resueltos ni combatidos institucionalmente, estereotipos y preconceptos acérrimos instalados en el imaginario colectivo y en la práctica cotidiana. Umbanda es la única religión a la que se le pregunta si hace daño, lo cual es altamente ofensivo.

Las dificultades de inserción social y faltas de respeto hacia la diversidad religiosa afro no solo vienen desde la colonización y sus consecuencias, como la jerarquización de las culturas que instalaron la subalternidad de las prácticas indígenas y africanas y por ende sus costumbres rituales, sino que se suman hace ya muchas décadas los ataques de los telepastores televisados que las demonizan públicamente a vista y paciencia de todo el país.

Un comentario en redes da la pauta del nivel de la situación, alguien escribió “Te dieron la oportunidad de ser gente y elegiste ser macumbera”. Se comenta solo. De allí al incendio en Rivera de un templo afroumbandista en el barrio Pueblo Nuevo hace pocos días, donde los bomberos constataron que la puerta había sido rociada con combustible.

Laicidad no significa: arreglate como puedas cuando padeces odio en razón de la religión. Por algo la Convención contra toda forma de Intolerancia habla especialmente de las “comunidades religiosas de origen africano”, su vulnerabilidad específica y las políticas públicas que los Estados republicanos -garantes de los derechos humanos y dignidad de la ciudadanía y de la equidad social- se comprometen a llevar adelante para contrarrestar la exclusión.

Casi cien años después de una Constitución que no la nombra ni define dejando libre su interpretación, una ley aprobada por nuestro Parlamento en 2009, rescata la laicidad plural e inclusiva como principio básico rector de la educación pública, haciéndose eco de “Todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay” aspecto central del tema.

Celebro entonces que un ámbito representativo de soberanía como el Poder Legislativo se detenga para pensar en valores fundamentales presentes y vivos en nuestra democracia, de los que sin embargo no toda la población disfruta, y aunque se han hecho variados reclamos y denuncias, todavía nadie toma la iniciativa de ayudar a aliviar la violencia sufrida endémicamente por la sensibilidad sagrada de matriz afro.

Sabemos que una declaración no es milagrosa, aunque sería una buena oportunidad de darle contenido al enunciado.

Sinceramente tenemos pocas esperanzas en que un “día de” cambie las cosas, aunque, como somos gente de fe; nos toca creer.