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La Iglesia en los medios La Tertulia Agropecuaria: el campo en el aula, el aula en el campo (Experiencia del Colegio Santa Rita)

ESPECTADOR.COM |

Este año el Colegio Santa Rita de Montevideo está implementado una nueva experiencia para docentes y estudiantes. En el liceo se está llevando a cabo un proyecto pedagógico centrado en la vida en el campo y la producción del agro de nuestro país. En una nueva edición de la Tertulia Agropecuaria Emiliano Cotelo y Rosanna Dellazoppa conversaron con Alejandro Gallesio, director de la institución y gestor de la idea, y Claudia Cabrera, profesora de filosofía del colegio. Gallesio contó que esta idea empezó a armarse luego de escuchar otra edición de La Tertulia Agropecuaria, cuando el historiador Gerardo Caetano analizaba el divorcio entre el campo y la ciudad. El director aseguró que el propósito de este proyecto era que la realidad del agro en Uruguay “entrara en el aula” porque “es importante y tiene que ser motivo de orgullo”.

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(emitido a las 8.49 hs.)

EMILIANO COTELO:

Nadie puede dudar sobre la importancia que el agro tiene en la economía y la cultura de nuestro país. Sin embargo, es claro que existe un divorcio que se mantiene entre la ciudad y el campo. Más de una vez lo hemos analizado en nuestro programa, ustedes lo saben.

Esta mañana los invitamos a pensar una dimensión más a propósito de este fenómeno, y quizás una dimensión constructiva: ¿cuánto esfuerzo dedica la educación a conocer y enseñar “el Uruguay rural”?

Hoy vamos a detenernos en la experiencia que este año puso en marcha en Montevideo el Colegio Santa Rita, una institución que decidió enseñar a sus alumnos y profesores de liceo qué implica el campo uruguayo.

Por un lado, se propone construir puentes entre lo urbano y el país agropecuario. Pero a la vez es un proyecto pedagógico en sí mismo y trata de innovar y encontrar respuestas a algunos de los problemas que atraviesa el sistema educativo uruguayo.

¿Con quiénes vamos a charlar sobre esta iniciativa, Rosanna?

ROSANNA DELLAZOPPA:

Un gusto presentarlos. Alejandro Gallesio, director del Colegio Santa Rita, fue quien gestó y ejecutó la idea junto a un grupo de cuatro personas, y Claudia Cabrera, profesora de filosofía de la institución y que, como docente, es una de las destinatarias del proyecto.

EC – Podemos empezar presentando la institución. El Colegio Santa Rita está ubicado en Punta Gorda, frente a la plaza Suiza, a una cuadra de Rivera y General Paz. ¿Qué características tiene su alumnado?

ALEJANDRO GALLESIO:

Es un colegio católico, nuestros alumnos provienen de la zona: Punta Gorda, Malvín, Buceo, Carrasco, también algunos de Malvín Norte, Carrasco Norte. Si vamos un poquito más allá, algunos de la Costa de Oro, hasta alguno de Pocitos.

EC – ¿Qué tipo de familias son las de sus alumnos?

AG – Son familias de clase media, hijos de profesionales, de comerciantes, de gente que tiene actividades independientes, digamos.

EC – ¿Cómo en un colegio como este se largan por este camino que ahora vamos a conocer? ¿Cuál es el origen de la propuesta que están implementando?

AG – Nosotros hace un tiempo que venimos con una preocupación porque hemos diagnosticado las dificultades que los chicos tienen para comprender.

EC – ¿Cómo es esto?

AG – Es un diagnóstico que hemos hecho en todo el colegio, desde los chiquitos de inicial hasta los grandes de sexto de liceo. En los más chicos de repente se expresa en las dificultades para comprender una consigna de la maestra o una lectura. Más adelante comprender la pauta de un examen, qué es realmente lo que se les está preguntando, y ni que hablar problemáticas sociales más complejas.

Eso lo venimos trabajando hace ya un tiempo, hemos hecho varios intentos y este año quisimos ensayar por el lado de hacer innovaciones dentro del aula que ayuden a alumnos y docentes a plantearse ese acto de aprendizaje y enseñanza desde otra perspectiva.

EC – ¿Cómo es el método?

AG – La idea es proponerles a los alumnos trabajar con una metodología de proyectos, esto habitualmente se hace en la educación a veces a iniciativa de uno o varios docentes, a veces en Ciencias. Pero acá queríamos proponerlo como una actividad para todos como una decisión más estratégica.

En esa metodología de proyectos se busca que los alumnos trabajen y aprendan en equipo, que el acto de aprender no sea solo cuando hay uno, el docente, que sabe y otro que no sabe, sino que ellos mismos generen entre sí la sinergia, la investigación, la búsqueda, que aprendan cómo trabajan los otros compañeros. Eso siempre con la tutoría de un docente que va acompañando ese proceso, que les enseña a trabajar en equipo.

EC – Ese es el marco general, ¿y cómo ingresa el agro en esa línea de trabajo?

AG – El año pasado hubo una Tertulia Agropecuaria en la cual entrevistaron al historiador Gerardo Caetano. Yo la seguí atentamente en la noche en mi casa y en un momento, no sé si una oyente o Rosanna, preguntó: “¿por qué no se enseña esto en la escuela?”. Con esa pregunta yo quedé como envenenado.

EC – Vamos a escuchar aquel momento de la entrevista con Gerardo Caetano:

(Audio.)

“(Emiliano Cotelo.) Una oyente, Silvia, dice: “Un problema es que maestros y profesores no trasmiten que dependemos económicamente de la producción agropecuaria.

(Gerardo Caetano.) Ahí está uno de los temas fundamentales. Yo le contaba a Rosanna que en la década de 1920 cuando se discutía el servicio militar obligatorio hubo un diputado, Legnani, que propuso el servicio agropecuario obligatorio, por el cual había una colimba rural. A los estudiantes, en determinado momento, se los enviaba un año al campo, un año al medio rural a hacer actividades vinculadas al sector agropecuario.

No salió ese proyecto, era un proyecto utópico, pero de alguna manera iba al tuétano de ese divorcio. Yo lo he visto, por ejemplo, en el campo historiográfico”

(Fin.)

EC – ¿Y entonces se les ocurrió implantar el servicio agropecuario obligatorio?

AG – (risas.) Me matan los alumnos. La idea puede ser interesante.

Nosotros tenemos alumnos de Montevideo y en su inmensa mayoría hijos de montevideanos con una relación con el campo nula. El lunes estuvo Rosanna trabajando con los alumnos…

RD –… Quedé sorprendida.

AG – Les preguntó quién estaba vinculado al campo, y en dos sesiones según los grupos habrá habido solo cuatro o cinco alumnos que dijeron que sí.

EC – ¿En cuántos?

AG – En más de 250.

RD – Pero más que vinculado quién conoce algo de las fotos que poníamos de los rubros, y nada, cero.

AG – La idea era que esta realidad, importante para Uruguay y que como dice Rosanna tiene que ser orgullo de los uruguayos, entrara en el aula. Hacerla entrar no viniendo una experta a hablar del tema sino a partir de lo que los docentes todos los días hacen en cada una de las asignaturas. La idea era que el profesor de Geografía, el de Biología, el de Matemáticas, el de Filosofía, el de Religión, todos tuvieran que pensar parte de lo que enseñan este año desde la perspectiva de la agricultura en Uruguay, que fue finalmente como formulamos el tema.

RD – Y tú habías visto que era el año internacional de la agricultura familiar, es más, nos lo dijo él antes de que la mayoría de los agrónomos lo supiéramos. A la hora de elegir tratamos de vincular eso con el sistema cooperativo, con el productor más chico, está todo enredado en este proyecto.

EC – ¿Qué pasa habitualmente con los programas? Por ejemplo, ¿qué lugar tiene formalmente el Uruguay agropecuario en los programas de Primaria o Secundaria?

CLAUDIA CABRERA:

Explícitamente no aparece, no hay pautas respecto a esos contenidos. Yo voy a hablar desde mí materia, que es la que conozco en particular, la Filosofía se presta justamente para trabajar con cualquier contenido con la excusa de trabajar determinadas habilidades cognitivas o lingüísticas, como la capacidad de argumentar, de producir razones, de diferenciar una justificación de una argumentación, trabajar con cualquier contenido.

En este proyecto se juntan por un lado la posibilidad de trabajar esas habilidades que son propias de la Filosofía con un contenido que creemos que es valioso, que en estos meses hemos aprendido a querer y a valorar.

También para los docentes ha sido una oportunidad de estudiar, de coordinar, de conversar entre los colegas, de contarnos cuáles son los contenidos de nuestras materias, y de esa forma tratar de encontrar puntos en común para no superponernos y complementarnos.

EC – Entre los profesores, ¿cuánto conocimiento del campo hay?

CC – Muy poquito.

RD – Nada, tampoco.

EC – Recién preguntábamos por los alumnos y el porcentaje era muy bajo, ¿entre los docentes?

CC – Prácticamente nada. Rosanna insistió y trató con un entusiasmo muy importante y decía: “Vamos a hacer unas salidas didácticas de profesores al campo”. Y todo el mundo decía: “Pah, todo el día, todo el sábado afuera”. Sin embargo fue una experiencia muy buena.

EC – Se están adelantando un poco. Todavía no contamos de qué manera se pusieron a armar este proyecto, qué papel juega Rosanna en toda esta historia…

RD –… Te cuento esta anécdota: yo estaba muy nerviosa en la primera charla con los docentes…

EC – Pero pará, ¿qué primer charla? (risas) Primero que cuente el director qué fue lo que resolvió hacer.

AG – Yo quería decir que el Uruguay agropecuario entra en el programa cuando se estudia Uruguay, cuando el profesor de geografía enseña la composición, las tierras, el suelo, las regiones. También el profesor de biología cuando enseña qué es el trigo… Pero ese conocimiento que se transmite no siempre tiene los rostros, los olores, las realidades, la historia de quienes están detrás de las cifras…

RD – De la integración.

AG – Claro, y lo que me parece muy rico de las salidas que hicimos es que los profesores pudieron poner historia de familias a conceptos que manejaban de libros.

EC – Bárbaro, pero siguen adelantándose y los oyentes todavía no saben cómo funciona esto. Primero, ¿qué tiene que ver Rosanna?

AG – Después de aquella tertulia yo llamé a la radio y pedí el correo electrónico de Rosanna. Pensé que no me lo iban a dar y efectivamente me lo facilitaron, le escribí, e inmediatamente Rosanna se sumó. Antes de eso en el equipo directivo habíamos conversado el tema y nos decidimos a plantearlo.

EC – ¿Y cuál es el papel de Rosanna?

AG – Yo le dije a Rosanna que necesitábamos que alguien viniera al colegio a abrir panorama, a dar información actualizada, que los docentes pudieran tomar conciencia de cuál es la realidad del agro, qué significa en el Uruguay de hoy la agricultura, cuál es la proyección que esto tiene y cómo este tema no puede estar ajeno a lo que pasa acá adentro. De algún modo ella tenía el desafío de “venderle” el tema a los docentes.

Junto con Rosanna contactamos a María Dibarboure, una educadora que hace tiempo que viene colaborando con nosotros en el colegio. A ella le pedimos que nos ayudara para que el docente pudiera encontrar la forma de hacer el salto pedagógico entre el programa que tiene que enseñar y el tema de la agricultura de forma tal que los chicos realmente aprendieran de la actividad que realizaran.

RD – Ahí yo entré en pánico.

EC – Claro, porque nuestro abordaje del tema agricultura no es técnico, no somos agrónomos, ni tampoco todos los chiquilines van a serlo. Nuestro abordaje es pedagógico, educativo, queremos que sirva para que ellos investiguen mejor, puedan hacer una comprensión más global de los temas, puedan entender que un mismo tema puede tener distintos abordajes. En el tema de la soja el profesor de Biología hace una lectura pero aportan otras el de Filosofía, el de Historia, ninguno tiene la comprensión completa de ese tema, acostumbramos a ver que en lo multidisciplinario está la riqueza.

RD – Y al mismo tiempo informar, porque es aplicación de conocimiento más la información de algo que desconocen.

EC – Aparte de esta inmersión en los temas vinculados al agro uruguayo que se ha venido haciendo en las propias instalaciones del liceo con profesores y alumnos, está previsto salir de Montevideo y pisar el barro. Ya lo hicieron con los profesores, ¿cómo es eso? ¿Por qué se empezó por ahí?

CC – Creo que la idea era motivarnos, Rosanna lo explicitó de esa manera: “Antes de seguir con sus planificaciones tienen que ir”. Y realmente la salida fue muy buena, nos sirvió para conocernos más entre nosotros, para dialogar, en mi caso fui a Flores, tres horas de ida y otras tres de vuelta. Caminar por una chacra, hacerle preguntas al propietario, arrancar una planta de soja, mirar las raíces, reconocer los granos, cosas sumamente empíricas pero que realmente fueron súper valiosas. Y de alguna manera uno encuentra motivación, el profesor de Biología se fue juntando ramas de todo, nosotros riéndonos; pensando el perfil de la familia, la composición; la profesora de Derecho pensando en las normas que tienen que ver con la actividad agraria, cada uno de alguna manera se sintió motivado, fue una experiencia muy grata.

EC – ¿Para ti era la primera de esas incursiones en el agro?

CC – En realidad yo soy del interior, pero soy de la ciudad del interior, que no es lo mismo, experiencia directa tenía muy poquita. Por ejemplo, el concepto de chacra, cuando el propietario decía “cosechar esta chacra” y yo decía, “¿a qué le llama chacra?” y era una parte cercada. Para mí chacra era otra cosa, me sirvió hasta para hacer precisiones conceptuales, fue muy bueno.

EC – ¿Cómo es esa parte del trabajo? ¿Cuántas salidas han hecho, con cuántos docentes?

RD – Yo le había dicho a Alejandro cuando él me propuso que me parecía sumamente interesante, para mí era un complemento espectacular con el trabajo que hacemos contigo en la radio, y le había puesto casi como exigencia que hubiera salidas de campo, porque si no no tenía sentido, seguíamos en lo teórico.

Finalmente lo tomaron y lo que hicimos también fue buscar dos instituciones que complementaran esto, pensando en darle más institucionalidad al proyecto. Fuimos a la directiva de Conaprole y a la Unión Rural de Flores. Tú siempre me preguntás por qué siempre voy a Flores, porque sé que en mi pueblo siempre me van a acompañar (risas). Tenían en común que eran dos cooperativas y a muchos docentes les pegó mucho la filosofía del sistema cooperativo.

EC – O sea, fueron a dos lugares hasta ahora: San José y Flores.

RD – Ahí está, y en San José vimos la cadena lechera, incluimos la planta número ocho de Conaprole, que es la más importante, y ahí pudieron ver toda la cadena. Porque en mi charla el concepto de cadena productiva era un aspecto fundamental para no ver compartimentado sino empezar en ese productor y su historia de vida y terminar en la planta que con la leche en polvo que para algún punto del mundo. Vimos a un productor que empezó con dos vacas trabajando para una persona y que hoy tiene a sus hijos trabajando con él, llegó a tener 90 vacas, un proceso de vida sumamente emocionante y de muchísimo trabajo y pasión por lo que hace.

EC – En San José la base fue Villa Rodríguez.

RD – Productor familiar y mediano, Uruguay es producción familiar pero también mediana y grande. Es una convivencia que no debería ser negativa, tenemos que aceptar que es así y agradecer al sistema cooperativo que es el que alberga a los productores chicos y a los grupos.

En Flores con la Unión Rural lo que hicimos fue agrícola ganadero. No podía no estar la soja, aunque fuera por marketing y por escucharlo, y ya que estábamos ahí, el productor, que también era chico y tenía una historia vida familiar. Trabajaba con su hermano y la madre, tenía además producción ganadera así que cerramos bárbaro eso. Además, vimos las plantas de silos de la Unión Rural recién inauguradas que son parte del paisaje que ahora ven en el costado de las carreteras.

EC – Hasta ahora ha habido dos salidas, ¿cómo sigue ese plan?

RD – En este momento cada uno de los docentes está mandando actividades a cada uno de los grupos de alumnos y el objetivo es que como parte de este trabajo hagamos una salida con alumnos. Veremos si es también a Trinidad y Villa Rodríguez o si hacemos otras salidas.

El tema se plantea y algunos alumnos tienen familiares o conocidos y empiezan a surgir otras posibles visitas o venidas de gente al colegio a contar su experiencia.

EC – Eso no más ya está muy bueno, que los que tienen algún vínculo indirecto con el campo salgan en busca de él, lo incorporen y lo pongan al servicio de este proyecto.

AG – Y que un alumno que sabe que su tío tiene una chacra pueda percibir que eso que pasa ahí tiene que ver con él y con su formación y con poder mostrar el trabajo de su familia a sus compañeros

EC – En seguida completamos este panorama a propósito de este proyecto en el Colegio Santa Rita.

***

EC – ¿Qué puede hacer la educación en nuestro país para conocer y enseñar “el Uruguay rural”? ¿Qué puede hacer para achicar el divorcio que existe entre la ciudad y el campo? En esta entrevista agropecuaria de hoy estamos conociendo una experiencia que este año implementa el Colegio Santa Rita en su sector liceo: un proyecto pedagógico centrado en la vida en el campo y la producción del agro de nuestro país.

Para coordinar este proyecto fue invitada Rosanna Dellazoppa, por eso con ella estamos charlando esta mañana, con el director, Alejandro Gallesio, y la profesora Claudia Cabrera.

Tenemos una cantidad de mensajes de los oyentes.

RD – Cada vez que hablamos de educación es así. Yo acá tengo uno que me hace acordar a otros compañeros que ya han dado clase en el interior cuando las maestras le piden algún apoyo. Acá se ofrecen: “encantado de colaborar con este proyecto desde un ángulo personal, ya lo he hecho en el colegio de mis hijos”. Hay otro que dice: “Felicitaciones al Colegio Santa Rita por la iniciativa, fue un placer recibirlos”, este viene de Flores, evidentemente.

EC – Sí, este es un mensaje de la Unión Rural de Flores.

RD – “Y contribuir a cortar la brecha campo-ciudad. Ojalá sea el inicio de una gran experiencia educativa multiplicadora”. A eso apostamos, a que por lo menos a través de redes sociales -o como sea- se forme un gran equipo de gente, por no decir que ojalá se cambien los contenidos de los planes de estudio. Entre otras yo me dediqué a mirar lo que se enseñaba en Geografía en 3° de liceo y la verdad que el panorama es muy pobre y compartimentado.

EC – Hay varios mensajes que hablan de intentos o experiencias parecidas. Dice Matilde de Pocitos que en la escuela pública N° 28 los niños de 6° año iban una semana al Centro de Capacitación Rural en Los Molles de Garzón, Rocha. “Era otra escuela, la de los años 80”, otra época.

Después está Marta, maestra jubilada de Cordón, que dice que Primaria tenía un programa de capacitación rural: “fui la primera maestra en ir a Molles de Garzón con diez varones de Pocitos, con seis de escuela rural” y cuenta lo que hacían, el tipo de actividades, ordeñaban, fueron a ferias ganaderas, “las horas de clase eran todas en base agropecuaria desde Matemáticas hasta Ciencia. No sé si sigue vigente”.

También está Juan, que dice: “Felicitaciones, yo soy de Caraguatá, Tacuarembó, traté de hacer algo parecido en un liceo público como subdirector” y manda “Fuerza” a su colega en esto del Santa Rita.

RD – A mí me parece que eso que les pasó a los docentes de Santa Rita, me acuerdo cuando en una evaluación el productor lechero les dijo “Devuélvanme algo ustedes, ¿qué recibieron?, ¿cómo se sintieron?”, y una profesora dijo, realmente muy emocionada, “nos abrieron la cabeza, fue como una lección de vida”, porque además era un productor muy sufrido en el buen sentido, muy luchador, muy contento y orgulloso de todo lo que había hecho. Me parece que mientras las autoridades que están en la educación no vivan ni conozcan ni salgan de los cordones de Montevideo va a ser difícil que la cosa cambie, va a quedar en experiencias particulares.

AG – A mí me gustaría destacar la importancia que tiene para el proyecto el involucramiento de la Unión Rural de Flores y de Conaprole, porque una parte muy importante de la visita que hicimos con los docentes, además de conocer el campo y la actividad que cada uno desarrollaba, fue el encuentro con las familias que conocimos y lo que el sistema cooperativo había significado para cada una de esas familias. Eso fue muy fuerte en Villa Rodríguez, en la experiencia de Conaprole, y el sentimiento con el que yo volví de que ninguna de las personas que conocimos ese día sería lo que es si Conaprole no existiese. A todo nivel, de cómo creció la unidad productiva y cómo cada uno creció, lo que aprendieron, la posibilidad de educar a los hijos, en fin, eso fue muy impactante y lo quiero destacar. Unión Rural y Conaprole inmediatamente dijeron sí, nos sumamos, colaboramos, apoyamos.

EC – Son gestos que vale la pena destacar, pero sin duda que tendría que haber más. En aquella charla que Rosanna me obligó a dar hace un par de años en un congreso de Fucrea, la Federación Uruguaya de los Grupos Crea…

RD – No, no, te votaron todos por unanimidad.

EC – Bueno. En aquella charla yo proponía que los productores tomaran la iniciativa, que ellos -o las instituciones en las que se agrupan, Fucrea podría ser una de ellas- abrieran las tranqueras para que se generara una especie de turismo agropecuario que permitiera a la gente de las ciudades conocer de primera mano cómo funciona ese sector de la economía del país. Sin duda que en esa línea, teórica, que yo planteaba en aquella ocasión el foco más inmediato tiene que estar puesto en los institutos de enseñanza, en los liceos más que en las escuelas.

Está bueno que ya haya habido dos instituciones, Conaprole y la Unión Rural de Flores, jugando ese papel, pero pueden sumarse otras, a esta iniciativa del Colegio Santa Rita o a otras. Se necesita que la cosa juegue de los dos lados.

RD – Sí, y la otra cosa increíble era la fascinación de los productores de poder enseñarles a los docentes. A mí eso en Flores me dejó impresionada. Yo iba antes a preparar la gira y a conversar un poco mano a mano para no avasallar al productor y no podían creer que iban a ir 20 profesores, que él tenía para contar, el reconocer que lo de él era sumamente valioso y que podía enseñar a otras personas. Eso para mí fue maravilloso.

EC – Acá aparece otro tipo de ofrecimientos. María dice: “Soy maestra jubilada dedicada ahora a una pequeña producción rural en Durazno. Me gustaría colaborar y que me visitaran”. Ahí tienen otra puerta abierta.

RD – Bueno, que me empiecen a mandar datos todos (risas).

EC – El teléfono celular lo tenemos acá, así que la posibilidad de comunicarse existe.

¿Cómo va a evolucionar esto a lo largo del año? Terminemos hablando del futuro.

AG – Ahora viene la parte de ejecución del proyecto en el aula. Cada equipo de alumnos va a ir trabajando distintos temas que los docentes plantearán: Hay un tema para cada año: 1º va a trabajar con el trigo, 2º con el tema agricultura y tecnología, 3º con la lechería, 4º con la soja y 5º y 6º con agricultura y alimentación. Ahora se trata de profundizar en cada uno de los temas. Cada equipo de alumnos va a ir armando un portafolio de trabajos que a fin de año se tendrá en cuenta en la evaluación.

De mitad de año para adelante cada equipo de alumnos tendrá que ir visualizando un proyecto final, que podrá ser una presentación que se hace a la clase o a alumnos de la escuela -tenemos tres niveles, Inicial, Primaria y Secundaria-. Algunos cursos harán también otro proyecto final, por ejemplo 1° quiere terminar con una wiki sobre el tema trigo.

EC – ¿Una wiki?

AG – Una página web que va concentrando todas las informaciones que ellos fueron recolectando y las investigaciones que hicieron.

CC – En mi caso desde la Filosofía estoy planificando junto con los colegas a efectos de tratar de coordinarnos y complementarnos. Desde mi asignatura pretendo que los estudiantes terminen con un ensayo argumentativo: partiendo de los temas propuestos formular problemas y trabajar el manejo de razones y opiniones y haciendo una valoración.

En principio yo lo había pensado individual, pero teniendo en cuenta este proyecto decidí que fuera colectivo. Actualmente estamos en el proceso de decidir cómo van a ser esos equipos, estamos conociendo a los estudiantes a efectos de dejar que ellos libremente trabajen pero también potenciarlos.

Después de que ese proyecto de ensayo argumentativo se pueda vehiculizar la idea sería hacer una exposición pública, por lo pronto a los compañeros o al resto del liceo, de esas producciones.

***

EC – La difusión de esta iniciativa del Colegio Santa Rita ha movilizado mucho a los oyentes. Esta movilización ha permitido conocer otras parecidas que afortunadamente existen. Nadie está diciendo que esto que hoy les contamos acá sea lo único ni lo mejor posible, nada de eso.

Fíjense por ejemplo en este mensaje que manda Alberto: “Los estoy escuchando desde el centro poblado Mones Quintela o Calpica, en Artigas. Feliz de escuchar la realización de esta actividad que están llevando adelante y sobre todo en el ámbito en el que se desarrolla: la educación de jóvenes. Felicitaciones. Ojalá sea una experiencia que se expanda rápidamente, es de mucha importancia para el crecimiento de nuestro país. Yo soy integrante del Rotary Club Salto Noreste y desarrollamos un programa en el que una o dos veces por mes transportamos a gurises de escuelas rurales de Salto y también de las escuelas urbanas a las rurales, a los efectos de que ambos conozcan a sus pares, sus costumbres, sus hábitos de vida. Es increíble ver cómo impacta en los jóvenes el hecho de conocer las realidades de sus pares. El programa tiene como colaboradores a la Inspección de Escuelas y a la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande”.

RD – Habíamos hablado con Alejandro de incentivar a los chiquilines a hacer una especie de concurso o campeonato, alguna motivación que los impulsara, y después presentarse a autoridades o gente de afuera para que los llevara a sacar lo mejor de sí.

AG – Sí, eso nos faltó decirlo. La idea es también generar una especie de concursos de proyectos, poder reconocer las mejores actividades propuestas por los docentes, no quiero usar la palabra concurso pero sí valorar las propuestas que tuvieron más trabajo, más pienso, más innovación. Si pudiéramos terminar publicando todo lo que hicimos sería también muy importante.

EC – Sigo repasando los mensajes y hay quienes les sugieren que abarquen otros sectores de la actividad agropecuaria, por ejemplo los olivares o la actividad de la huerta.

RD – Nosotros hablamos de ir variando los rubros si esto sigue, pero había que empezar con algo abarcable. Había que hablar del Uruguay ganadero, de soja y trigo, que están permanentemente, y de lechería como cadena que termina en el vaso de leche que ven los chiquilines. Había que elegir algo y elegimos eso.