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La Iglesia en los medios La oración, el mazo y el lavado

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por Raúl Ronzoni

Todo proverbio de origen desconocido abre un amplio abanico a las interpretaciones y es lo que sucede con “A Dios rogando y con el mazo dando”. La explicación más convincente es del lexicólogo y ex director de la Biblioteca de Madrid, Francisco Rodríguez Marín, quien en 1929 sostuvo que el aserto cuestiona “a muchos eclesiásticos, más atentos a lo temporal que a la otra vida”.

Cuando el director de la Secretaría Nacional Antilavado, Carlos Díaz, advirtió que se debe mejorar el control sobre las iglesias y lo vinculó al lavado de activos, probablemente consideró esa temporalidad. En los últimos años proliferaron cultos religiosos, mayoritariamente de origen brasileño, con multimillonarias inversiones en ex cines, publicidad audiovisual y construcciones. El nuevo templo de la Iglesia Universal del Reino de Dios (“Pare de sufrir”), el mayor de todos, fue inaugurado en 2013 a un costo de U$S 15 millones en 18 de Julio y Pablo de María. Se asienta sobre 7.400 metros cuadrados y tiene 2.400 butacas para recibir a desesperados ingenuos en la búsqueda del amor o de un milagro express para curar el cáncer, la ceguera o la invalidez. En 18 de Julio y Yaguarón, en el ex cine Trocadero, tiene otro templo.

Su principal competidor en ese negocio, “Dios es amor”, compró en 2013 el ex cine Plaza en U$S 4 millones.

Al finalizar un seminario sobre corrupción, Díaz sostuvo que se deben hacer cambios para mejorar el control de las asociaciones religiosas, clubes deportivos y partidos políticos que hoy son supervisados por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC).

Pese a los controles, el lavado circula en un río incontenible que a su paso inunda y destruye. Cuando al MEC se le asignaron esos controles no existía este “nuevo mundo” que requiere “otro tipo de aproximación” y una “revisión del tema”, dijo Díaz a “El País”.

Durante el próximo gobierno los cambios serán inevitables porque deberán presentarse ante el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). El lavado de activos se controla por la ley Nº 18.494 de 2009, pero no incluye los sectores citados por Díaz. El GAFI es un organismo intergubernamental establecido en 1989 para elaborar y promover medidas de combate al blanqueo de capitales y al origen ilegal de productos de naturaleza criminal.

Los tentáculos empresariales de la droga son uno de los nudos gordianos de los casos sometidos a la Justicia del Crimen Organizado cuyo creciente volumen enfrentan solo dos jueces y dos fiscales, desbordados por esos y otros asuntos crecientes de naturaleza criminal, como los empresariales, comerciales y gubernamentales.

Algunos religiosos decidieron combatir voluntariamente las actividades ilegales. El papa Francisco y el arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, han tomado medidas en diferentes escalas.

En junio de 2013 la Policía italiana detuvo a monseñor Nunzio Scarano, acusado de lavar dinero: fletó una avioneta para trasladar 20 millones de euros desde Suiza a Italia. “No fue a la cárcel porque se pareciera a la beata Imelda”, ironizó el Papa rompiendo el código de silencio de sus antecesores. Scarano blanqueaba dinero ilícito como si fueran donaciones para los pobres. El Papa designó al arzobispo de Sidney, George Pell, como prefecto de Economía del Vaticano en busca de transparencia financiera.

Sin escándalos locales a la vista, Sturla decidió transitar un camino preventivo. Ordenó una auditoría y nombró como secretario personal al sacerdote —no es casualidad que también sea contador— Pablo Coimbra, porque la Iglesia enfrenta “problemas económicos muy grandes”.

La Iglesia Católica uruguaya se financia con el aporte de los fieles en las misas dominicales y dos colectas anuales denominadas Fondo Común Diocesano. Años atrás recibió fondos para destinos concretos donados por católicos alemanes, obispos de Estados Unidos y la Conferencia Episcopal Italiana, “que en los últimos años han mermado debido a la crisis, porque la prioridad es África”, me dijo Sturla.

El arzobispo destacó la “austeridad” de los sacerdotes. Ejemplificó con su salario mensual de $ 5.000 para gastos personales, que incluyen el pago de medicamentos, órdenes mutuales y ropa. El alojamiento y la comida son por cuenta del Arzobispado.

Las sedes católicas padecen un fuerte deterioro edilicio. La contracara son las evangelistas brasileñas y los cultos pentecostales. En 2013, Brasil registraba más de 55.000 de esas organizaciones, varias investigadas por la Justicia. La principal es la Iglesia Universal del Reino de Dios, indagada por lavado de dinero, evasión fiscal, asociación ilícita y extorsión. En México, tres bancos cancelaron sus cuentas.

“Pare de sufrir” tiene diez millones de seguidores en casi 200 países. Varios políticos responden a su orientación, especialmente en Brasil, donde tiene una bancada de 34 diputados. “Hermano, vota por hermanos”, alienta su líder Edir Macedo, que vive en Estados Unidos y que, según “Forbes”, tiene una fortuna de U$S 1.100 millones.

En Uruguay la incursión en política todavía no es notoria. El único caso público es el del pastor pentecostal Jorge Márquez, de “Misión Vida”, sucursal de “Dios es amor”. En 2009 hizo campaña en contra de José Mujica y lo justificó en que “el dedo de Dios puede intervenir para elegir”.

La cuestión es que seguimos cruzando el semáforo con luz roja pese a que la preocupación de Díaz rompe los ojos. Salvo intereses escondidos detrás de la libertad de cultos, no hay argumentos para demorar los cambios en esas áreas que involucran la seguridad y la salud de todos. Pero también hay intereses poderosos para que no suceda.