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Noticeu La necesidad de sacerdotes en la Diócesis de Melo: Puntualizaciones y reflexiones del Obispo a partir de nota en El País

Beto hablando

El martes 22 de abril, el diario “El País” publicó una crónica realizada por su corresponsal en Cerro Largo, Néstor Araújo, titulada “Hay decenas de capillas en Cerro Largo sin sacerdote”.

En su blog, el Obispo de Melo, Mons. Heriberto Bodeant, publicó un post en el que recoge el artículo y efectúa algunas puntualizaciones y reflexiones que reproducimos a continuación:

Puntualizaciones y reflexiones del Obispo de Melo 

En el día de ayer tuvimos con Néstor Araújo una conversación telefónica de la que surgen algunos de los datos que él presenta. En la tarde él intentó comunicarse conmigo para pedirme algunos datos y, al no poder hacerlo, hizo algunas aproximaciones.

Rápidamente, podríamos decir que las actividades que se desarrollan o pueden desarrollarse en una parroquia o capilla no dependen exclusivamente de la presencia del sacerdote. Fieles laicos y religiosas participan activamente en la catequesis, la educación, las obras sociales, la visita a ancianos y enfermos, la reunión de grupos bíblicos o comunidades eclesiales de base. En ese sentido, no puede decirse que la Parroquia Santo Domingo Savio y sus capillas estén cerradas y sin actividad. De ningún modo es así: la vida de las comunidades continúa. Las hermanas Carmelitas de Vedruna, trabajando a la par de varios laicos comprometidos mantienen viva la comunidad. Pero es verdad que no hay en este momento un párroco, un sacerdote responsable de acompañar la comunidad y de celebrar la Eucaristía diariamente, lo que no es menor.

La falta de sacerdotes es aún mayor que la señalada: son 7 y no 11 los sacerdotes en Cerro Largo (ver abajo).

Las Parroquias de Cerro Largo son las siguientes:

– 5 en la ciudad de Melo: Catedral, Carmen, San José Obrero, Santo Domingo Savio y Buen Pastor. Solo Carmen y Domingo Savio tienen dos capillas cada una. Las demás, varias capillas en la ciudad y capillas rurales.

– Las otras parroquias del departamento son 3, y tienen sus respectivas sedes en Aceguá (que tiene otras capillas además de Noblía); Fraile Muerto y Río Branco, ambas con varias capillas.

El título de la nota, que no viene del corresponsal de Melo sino, normalmente, de la edición del diario dice: “decenas de capillas sin sacerdote”. En realidad, en Uruguay, prácticamente ninguna capilla tiene sacerdote, en el sentido de que haya un sacerdote viviendo allí y al servicio permanente de esa comunidad. Expliquemos un poco mejor esto.

Parroquias y capillas

Para entender la situación, tenemos que entender qué es una parroquia y qué es una capilla.

La Parroquia, hablando mal y pronto, es como una sección judicial: es un territorio. Para un católico, normalmente, su parroquia es aquélla que le corresponde por el lugar donde vive. La parroquia tiene una sede, que es la iglesia parroquial o templo parroquial. Por ejemplo, cuando decimos “la Parroquia Santo Domingo Savio” en Melo, estamos hablando de una zona que abarca una buena parte de la ciudad, desde Bvar. Francico Mata hacia el Este, al Sur de Avda. Italia y al Norte de calle Remigio Castellanos y otras por las que el límite se va trazando. Entran varios barrios: Caltieri, Serrato, Souza hasta Rufino Pérez, Féder, Agua Hermosa, pasando por otros más…

La parroquia Santo Domingo Savio cuenta con tres centros de culto: la iglesia parroquial, dedicada a Santo Domingo Savio y San Carlos Borromeo; la capilla Santa Cruz y la capilla San Juan Bautista, en el barrio Féder. Las capillas son pequeñas iglesias que dependen de la parroquia. A veces tienen una vida propia muy rica, pero siempre están en referencia a la parroquia a la que pertenecen.

Por eso, lo que preocupa al Obispo es que no haya al menos un sacerdote en cada parroquia, para que desde allí se atienda toda la zona.

Pero arriba decíamos “hablando mal y pronto” que la parroquia es un territorio… En realidad, la parroquia es, sobre todo, la comunidad de fieles que vive en ese territorio. Y si dentro del territorio hay varias pequeñas comunidades, nucleadas en las capillas o en otros centros donde la pequeña comunidad se encuentra (a veces una casa de familia), entonces se trata de que la parroquia sea comunidad de comunidades.

En la Diócesis de Melo, que abarca los departamentos de Cerro Largo y Treinta y Tres, hay 16 parroquias. Actualmente hay cuatro en las que no hay un sacerdote residente:

María Auxiliadora de La Charqueada, atendida por un Diácono permanente

San José de Tupambaé y

Santa Clara de Olimar, estas dos atendidas por las Misioneras de Jesús Verbo y Víctima.

Santo Domingo Savio en Melo

En las tres primeras, sacerdotes de las parroquias vecinas (Vergara para Charqueada, C. Chato para S. Clara, Fraile Muerto para Tupambaé) van a celebrar la Misa un domingo al mes; en los demás domingos hay una Celebración de la Palabra presidida por el Diácono o las religiosas, según el caso y se distribuye la Sagrada Comunión a los fieles.

En Santo Domingo Savio se ha organizado la atención en el sentido de que haya Misa dominical en el templo parroquia, semanal (viernes) en la Capilla Santa Cruz y al menos mensual en San Juan Bautista. Una atención mínima, pero posible, mientras siguen las gestiones para conseguir sacerdotes. El Obispo dedicó la Semana Santa a esta comunidad parroquial, presidiendo las celebraciones de cada día de la semana, incluyendo una en Santa Cruz y otra en San Juan Bautista.

El Clero de la Diócesis de Melo

Por clero entendemos a los obispos, presbíteros (sacerdotes) y diáconos.

En la Diócesis de Melo (recordemos: Cerro Largo y Treinta y Tres) contamos con:

4 diáconos permanentes (dos en Melo, uno en la ciudad de Treinta y Tres, uno en Charqueada)

13 sacerdotes:

En Cerro Largo: 4 en Melo,  y 3 en Aceguá, Fraile Muerto y Río Branco

En Treinta y Tres: 4 en la ciudad de Treinta y Tres y 2 en Vergara y Cerro Chato

2 obispos: 1 en Melo (Mons. Bodeant, obispo diocesano), 1 en Treinta y Tres (Mons. Cáceres, obispo emérito)

 Gestiones en busca de nuevos sacerdotes

Siguiendo una tradición de la Diócesis, se ha buscado ayuda en diferentes lugares:

– pedidos a congregaciones religiosas sacerdotales

– pedidos a diócesis

– candidatos al sacerdocio de otros países que puedan completar aquí su formación y ser ordenados para la Diócesis.

Muchas de estas gestiones siguen encaminadas, con la esperanza de resultados a mediano plazo.

Por lo pronto, se incorporaron a la Diócesis dos colombianos que fueron ordenados sacerdotes aquí.

A Treinta y Tres llegó un sacerdote perteneciente a la Cruzada del Espíritu Santo, una asociación sacerdotal que tendría la posibilidad de enviar a otro sacerdote en el correr de este año.

Vocaciones sacerdotales

Sin embargo, el “recurso genuino” de una Diócesis para tener sacerdotes es la propia comunidad cristiana. Allí, Dios sigue llamando a jóvenes a entrar a su servicio. En estos años, algunos jóvenes se han planteado una posible vocación sacerdotal. Algunos han desistido, otros siguen en búsqueda. Si ingresan un día al Seminario, les espera un camino largo: unos ocho años de formación; años en los que tienen que perseverar para llegar a ser ordenados y comenzar allí su servicio.

Diáconos permanentes

La Diócesis ha iniciado un camino de formación de Diáconos permanentes. Estos son hombres casados que, después de un tiempo de discernimiento y de algunos años de formación (no tantos como los de un futuro sacerdote) pueden ser ordenados por el Obispo para ejercer este ministerio al servicio de las comunidades: acompañamiento pastoral, celebración de la Palabra, distribución de la Comunión, Bautismos, Casamientos, etc. No pueden, en cambio, realizar algunos servicios propios del sacerdote: la celebración de la Misa, la Confesión y la Unción de los Enfermos.

El Pueblo de Dios y su misión

Como decíamos al principio, la vida de una comunidad cristiana no está limitada a lo que el sacerdote haga o deje de hacer. La Iglesia es la comunidad de los creyentes, el Pueblo de Dios. La integran todos los bautizados. En ella, todos están llamados a participar activamente, dentro de la medida de sus posibilidades, en el cuidado de quienes forman la comunidad, en la preocupación misionera de llevar el anuncio del Evangelio a quienes no la integran o se han alejado y en el cuidado a los “heridos del camino” con los que se van encontrando, sean o no miembros de la comunidad cristiana.

La integración a la Iglesia se vive en una comunidad concreta. No es un mero sentimiento. Significa no sólo la fe y la relación personal con Dios, sino también la relación con los demás miembros de la comunidad, la participación en la vida de la comunidad en varios aspectos (no sólo la Misa). Sí: los sacerdotes son pocos en la Diócesis de Melo y en el Uruguay en general: uno cada 10.000 habitantes. Sí, sería muy bueno contar con más sacerdotes. Es más: los necesitamos realmente. Pero la Iglesia vive en todos sus miembros, y crece cuando cada uno responde al llamado que Dios le hace desde el día de su bautismo, a ser “sal y luz de la tierra”.

Los pastores no somos los principales actores de la obra de la Iglesia, ayudados por algunos colaboradores bajo nuestras órdenes. En primer lugar, quien actúa en la Iglesia es Jesucristo. Y todos los miembros de la Iglesia tenemos que ponernos a la escucha de su Palabra. Dejar que Él, como Buen Pastor, nos conduzca. Y todos juntos, como Pueblo de Dios, seguir su camino. Los pastores tenemos la delicada misión de ayudar a la porción del Pueblo de Dios a nosotros confiada a buscar la voluntad de Dios y ayudarlo a realizarla. En ese sentido somos guías, conductores; buscamos preparar y formar a los fieles para su misión; los alimentamos y fortalecemos con los Sacramentos y la Palabra de Dios, que también nos alimenta y fortalece a nosotros mismos, en nuestra humana fragilidad.