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La Iglesia en los medios La «Missa Solemnis» con dos coros y 250 artistas

EL PAÍS |

Esta tarde: la cita es en el Auditorio Nacional Adela Reta

Hoy a las 18:30 horas en el Auditorio Nacional Adela Reta habrá un programa prometedor. Se trata de la Missa Solemnis, de Beethoven, que reúne al coro del Sodre con el Coro Polifónico Nacional, de Argentina.

El Coro y la Orquesta Sinfónica del Sodre se unen por primera vez a la destacada agrupación coral argentina, para dar vida escénica a la magnífica obra de Ludwig van Beethoven. En el podio estará, una vez más, Stefan Lano, a la cabeza de un espectáculo que cuenta con 250 artistas. Las entradas están en Red UTS y en la boletería de la sala (Andes y Mercedes), y valen $ 400, $ 300, $ 250, $ 200 y $ 150.

El concierto coral contará, además, con destacados solistas nacionales e internacionales, entre ellos la soprano argentina Mónica Ferracani, la mezzosoprano uruguaya Adriana Mastrángelo, el tenor argentino Enrique Folger y el bajo uruguayo Marcelo Otegui. También se contará con la participación de Roberto Luvini, quien dirige al Coro Polifónico Nacional.

Por su parte, el Coro Nacional del Sodre contará con dirección, una vez más, de Esteban Louise, quien describió el concierto que se presentará hoy como «una magnífica experiencia musical», explicando además que «se invitó al Coro Polifónico Nacional de Argentina para estar a la altura del desafío que imprime la obra, con una experiencia vocal extrema que le exige al coro cantar a lo largo de toda la obra, que tiene una duración aproximada de una hora y media».

«Es una experiencia sumamente positiva la integración de cuerpos artísticos del mejor nivel de la región. Será una oportunidad única para escuchar esta obra magna de Beethoven en todas sus dimensiones y con todos los requerimientos técnicos necesarios para que sea un gran concierto», agregó Louise.

Algunas particularidades de la partitura dan cuenta del desafío que el espectáculo implica. Beethoven trata al cuarteto de solistas y al coro de manera diferente. Al coro lo utiliza al modo orquestal, en amplias líneas. Los solistas están empleados a la manera de un cuarteto de cámara, en un estilo polifónico flexible, donde cada voz conserva claramente una línea y expresión independientes. La combinación de la polifonía vocal, con el tratamiento polifónico dio como resultado una Missa muy especial, que posee unidad en su diversidad, pudiendo considerársela una sinfonía sacra.

Tanto la escritura instrumental como la vocal ofrecen grandes dificultades interpretativas. Las exigencias trascienden los medios en juegos, desde las altas tesituras y la articulación melódica y rítmica, hasta el uso de antífonas entre solistas y coro, como muestra de la fragilidad del hombre ante el esplendor y la omnipotencia de Dios.

La Missa Solemnis puso en trance al músico. Cuenta Schindler que «desde el principio, todo el ser de Beethoven pareció que se transformaba. Confieso que ni antes ni después de esta época, lo he visto en un estado igual de absoluto olvido de las cosas de este mundo. Llevaba el compás rigurosamente con los pies, cantaba, daba palmas, volvía a su casa mojado por la tormenta sin darse cuenta que había desaparecido su sombrero, indicaba 10 veces durante una noche que le sirvieran la cena, la misma que no había probado. Por cierto, estaba en otra parte».