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La Iglesia en los medios La Masonería “nació con el país” y tuvo una participación “activa” en la conformación del “Uruguay liberal” del siglo XIX, según estudio 

SEMANARIO BUSQUEDA |

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Ni 10, ni 50: fueron 33. Ese fue el número de medidas que presentó el presidente Tabaré Vázquez para “terminar con la violencia en el fútbol”. El número podría no ser casualidad. Treinta y tres es el grado máximo y último de la Masonería y ese condicionante no pasó desapercibido para varios actores políticos y sociales que mencionaron la coincidencia entre el significado masónico de la cifra y el número de medidas presentadas por Vázquez, un reconocido masón.

El caso es uno de los tantos indicios sobre la incidencia de la Masonería —una institución filantrópica de carácter iniciático, discreto y selectivo— en la vida de Uruguay, algo que se remonta a la conformación del país como tal, e incluso a la época colonial, según revela una investigación del Licenciado en Historia Efraín Cano, titulada “Nacimiento y desarrollo de la Masonería uruguaya en el siglo XIX”.

“Encontré que había un vacío en el estudio histórico sobre la Masonería uruguaya y cómo se entrelaza con la formación del país”, explicó Cano a Búsqueda.

“La Masonería da una nueva arista para entender la historia nacional. No se puede entender si no se entiende la historia de la Masonería uruguaya; desde el buen funcionamiento de una embajada en Brasil y el relacionamiento con ese país hasta las luchas políticas internas del país, estuvieron signadas por la Masonería. Sus miembros fueron elementos centrales en esta conformación”, afirmó.

La investigación fue publicada en la revista científica de estudios históricos de la Masonería latinoamericana y caribeña (Rehmlac), una de las publicaciones más importantes sobre el tema en el mundo.

Cano explica en su estudio la influencia de la Masonería uruguaya “incluso a nivel regional” ya que el “buen relacionamiento” entre logias masónicas situadas en países diferentes “favorecía el buen relacionamiento” entre los países en cuestión.

Uno de los ejemplos más importantes que destaca la investigación sobre este tipo de acciones es el de Gabriel Pérez, considerado el fundador de la Masonería uruguaya en 1856 (si bien ya existían logias en el territorio desde principios de siglo) a través de la fundación del Gran Oriente del Uruguay.

En ese momento, Pérez oficiaba como cónsul general ante el Imperio de Brasil y fue la Masonería brasilera la que le encargó dicha fundación en Uruguay.

“Durante todo ese siglo, y en particular con mucha más intensidad en la segunda parte, la Masonería conformó una escuela de pensamiento que ilustraba y adoctrinaba a las cúpulas de la sociedad en conceptos republicanos y liberales y ellos lo derramaban al resto”, señaló Cano.

“Era una forma de vanguardia del pensamiento, captó a los más influyentes y generó la construcción del Uruguay liberal del siglo XIX. Fue la responsable, la piedra angular de la construcción del Uruguay que conocemos, republicano y liberal, con ideas como la libertad, la igualdad, la fraternidad”, agregó.

En su investigación Cano concluye que “la participación de la Masonería” en los eventos del país del siglo XIX fue “activa”.

Sostuvo que la incidencia de la institución “se sostiene” hasta ahora, pero con otros objetivos.

“La Masonería nació con el país y perdura a nuestros días”, explicó el académico, y agregó que en la actualidad, con el estado republicano “ya conformado”, el “principal rol” de la Masonería “es la promoción de valores, en particular el de la laicidad”.

“Somos unos de los tres países más laicos del mundo según los estudios y la Masonería es la máxima institución que defiende la laicidad en el Uruguay. Queda por investigar la incidencia que tiene la Orden en esto”, dijo Cano.

El origen.
Desde las primeras logias a finales el siglo XVIII hasta el establecimiento del Gran Oriente en 1856 hubo un “camino largo de la institucionalización de la Masonería en el Uruguay”, dice el artículo científico.

Ya en tiempos de la colonia, se puede vislumbrar la presencia de masones en la banda oriental, señala Cano citando al profesor Mario Dotta.

Según el profesor, existía una red de masones, entre los que se encontraban numerosos agentes de la Corona española, que arribaban a estas tierras con el objetivo de marcar las posesiones frente a los portugueses.

Una de las primeras logias fundadas fue la de Caballeros Racionales en 1816 por Carlos María de Alvear, conformada por personalidades muy destacadas de la época, como Juan Zufriategui, Manuel Oribe, Santiago Vázquez, Ignacio Oribe, Carlos Alvear y Manuel Vidal, entre otros.

Cano marca dos periodos de la Masonería a principios del siglo XIX. El primero transcurre desde el primer gobierno de de Viana hasta 1818, año de la ocupación portuguesa. “Esta primera etapa es poco fértil en lo que refiere a logias estrictamente masónicas”, explica.

“La segunda etapa corre desde 1818 hasta el fin de la ocupación portuguesa y existe evidencia de una Masonería activa caracterizada”, agrega.

La logia Asilo de la Virtud, creada en 1828 y que continúa “sus trabajos hasta el presente”, es el puntapié inicial para la institucionalización de la Masonería en el país. En 1832 su venerable era Gabriel Pérez, futuro Cónsul del Uruguay en el entonces Imperio de Brasil en 1856.

Guerra Grande y fiebre amarilla.
En 1839 estalla la Guerra Grande y las logias de ese momento deciden cerrar su puertas “para que la fraternidad no se viera afectada por los acontecimientos” de la República. Manuel Oribe integraba una de las logias y lideraba el partido Blanco en la Guerra Grande contra Rivera y los colorados.

Luego de la Guerra Grande se multiplican las logias. Uno de los artífices de la reconstrucción fue el propio Gabriel Pérez, quien obtiene reconocimientos oficiales para la institución uruguaya.

Además, la fiebre amarilla de 1856 promueve una expansión masónica y la creación de una fundación, la Sociedad Filantrópica.

“La influencia que va a tener la Orden en la ayuda a todos los damnificados se va a producir a través de dicha sociedad”, explica la investigación.

La destitución del presidente Bernardo Berro también está signada por elementos masónicos, al ser su insistencia de que se enterrara en un camposanto a un hermano masón, lo que generó un choque con la Iglesia Católica y el levantamiento de Venancio Flores en 1863. Ya para finales del siglo, la Masonería era un institución “fuertemente establecida”.