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La Iglesia en los medios La incidencia de evangelistas en la política es una “amenaza real” para las feministas

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Uruguay “ya no es más la isla preservada de la laicidad” en el continente; los grupos religiosos fueron “subestimados” y ahora “entraron en la política” como pasó en Brasil, Colombia o Costa Rica, advierten investigadoras.

En la Ruta 8, llegando a la ciudad de Melo (Cerro Largo), un monumento hecho de chatarra reciclada representa a la Biblia. Fue instalado el martes 23 tras un acuerdo entre la Asociación de Pastores Evangélicos de Melo y el intendente nacionalista del departamento, Sergio Botana. Su instalación disparó una vez más la polémica por la colocación de objetos de carácter religioso en sitios públicos. Varios colectivos y dirigentes de la oposición del departamento criticaron el hecho y señalaron que se aparta de la normativa vigente.

El caso es un ejemplo más de una “larga lista” de la “creciente incidencia” que algunos movimientos religiosos están teniendo en la política uruguaya y cuya agenda “conservadora” y “antiderechos” preocupa a varias organizaciones de la sociedad civil, que ven en estos grupos a una organización “financiada internacionalmente”, que tiene un modus operandi y cuyo objetivo “es alcanzar el poder para restaurar el orden conservador”.

“Detrás del ataque a la agenda de derechos hay objetivos políticos. Quieren acceder al poder y ahí se prenden todas las alarmas, porque su discurso exacerba el odio y la violencia. Abiertamente sostienen que su accionar se basa en textos sagrados y demonizan toda visión que difiera de la de ellos. Eso atenta contra cualquier principio democrático”, dijo a Búsqueda Lilián Abracinskas, directora de la organización feminista Mujer y Salud en Uruguay(MYSU).

El ascenso del candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro en Brasil, la victoria del No en el referéndum en Colombia sobre el acuerdo entre el gobierno y la guerrilla o los pocos puntos que dejaron al pastor evangelista Fabricio Alvarado afuera de la presidencia de Costa Rica son los casos más recientes y significativos de esta incidencia creciente en la región, explicaron las activistas.

MYSU será la encargada en Uruguay de realizar un mapeo de los grupos “antiderechos” que se han instalado en el continente en el marco de una investigación que comprende 10 países y que es coordinada desde Brasil por la organización Sexuality Policy Watch, según informó la diaria.

Sonia Correa, activista brasileña y coordinadora del estudio, dijo a Búsqueda que “estos grupos tienen una agenda que conforma un fenómeno global y de largo plazo”.

MYSU será la encargada en Uruguay de realizar un mapeo de los grupos “antiderechos” que se han instalado en el continente en el marco de una investigación que comprende 10 países.

“Pensar estas cosas en cada país como algo excepcional o particular no nos ayuda, tenemos que entender que se trata de un fenómeno transnacional, de muchas décadas de crecimiento y procesos y cuyo desembarco político en América Latina fue en la última década”, añadió.

“Uno ve a ciertos grupos evangélicos como los más estridentes, pero detrás de todo esto, el corazón ideológico se creó en el Vaticano. Fue la Iglesia católica la que inventó el término ideología de género y en esa canasta colocaron varias cosas. Estamos viviendo una disputa por la hegemonía política”, sostuvo la investigadora.

Para Correa, estos movimientos “están activando el conservadurismo inercial de las sociedades para convertirlo en una fuerza política proactiva, como sucedió en Brasil con el señor Bolsonaro”.

“En Uruguay pensaban que podrían preservarse de esto, pero ya no son la isla preservada de la laicidad. Son un blanco más”, advirtió.

A las activistas les preocupa el hecho de que, de llegar al poder o ganar incidencia en el Poder Ejecutivo, logren “echar por tierra” las “conquistas” recientes.

“Los subestimamos y hoy ya hay una bancada evangelista en un país laico. Ya ni se cuidan en sus comentarios y sus discursos de intolerancia. No están abiertos a diálogo alguno. Es un problema grave, una amenaza real”, reconoció Abracinskas.

“Es como una cruzada mundial. Tienen un modus operandi en el que usan lo de la ideología de género para ocultar sus intenciones políticas. Uno ve las mismas alianzas entre evangélicos y sectores políticos de derecha o empresarios en varios países”, agregó.

A las activistas les preocupa el hecho de que, de llegar al poder o ganar incidencia en el Poder Ejecutivo, logren “echar por tierra” las “conquistas” recientes como la ley de matrimonio igualitario, la despenalización del aborto o la recientemente aprobada ley integral para personas trans.

Incidencia creciente.

“Es lógico lo que está sucediendo tanto aquí como en la región: venimos avanzando mucho en muchos frentes. El marco de los derechos humanos avanzó como nunca, hoy estamos en la cresta de la ola y eso genera la reacción de este grupo que entiende que se les está quitando la relación de poder que tuvieron durante años”, dijo a Búsqueda la coordinadora de Cotidiano Mujer, Lucy Garrido.

“Ellos tienen todo el derecho a pensar lo que quieran. Incluso decir los disparates que dicen. Pero lo que no puede pasar es que las cuestiones religiosas intercedan en las cuestiones de Estado”, añadió.

“Los diputados evangelistas no pueden llevar su moral a las cuestiones de Estado”, insistió Garrido, para agregar que “no cree” que esto sea “en contra de las feministas”: “Representamos un mundo subjetivo que nadie tenía en mente, venimos a cuestionar las relaciones de poder y eso los atemoriza”.

“Su incidencia aumentó porque tienen mucha plata, los financian desde afuera y no son un grupo aislado en Uruguay. El diputado (Gerardo) Amarilla dijo que somos financiadas por organismos internacionales, algo que no negamos y que hacemos público. A mí me gustaría saber quién le da el dinero a él. Lo invito a que transparente de dónde recibe dinero él”, agregó Garrido.

“Sigo creyendo que nuestros 100 años de escuela laica nos dieron anticuerpos para que no exista nunca un Bolsonaro en Uruguay. Pensé que no llegaría esta gente al país, pero creo que seguirán siendo un grupito menor. Sería insultar a la derecha uruguaya republicana pensar en que se plegarían a algo así”, dijo Garrido.

“En todos estos casos se ataca inicialmente la agenda de derechos, porque viene a cambiar las relaciones de poder. Es un cambio al que muchos se oponen porque no los beneficia”, dijo la otra coordinadora de Cotidiano Lilián Celiberti.

“Para mí son empresas religiosas. Juegan con la incertidumbre sobre el futuro y dan certezas; le dicen a la gente lo que está bien y lo que está mal. Esto no es ingenuo, es una política bien pensada para restaurar un orden conservador”, agregó.

La mirada de las organizaciones internacionales es similar a las de las representantes uruguayas. “Hay una tendencia en la región y a escala mundial que apunta hacia un crecimiento en el poder político y económico de actores conservadores y antiderechos, apoyados por discursos religiosos”, dijo a Búsqueda Ana Abelenda, coordinadora de Programa en la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID), una organización feminista global.

Alertas y diálogo.

Para las feministas el “primer paso” ante esta situación es “reconocer que esto está pasando”, para luego “generar información y datos” que permitan “movilizar a los sectores democráticos que defienden el pluralismo y la no discriminación”.

“Tienen un proyecto político y hay que alertar a los sectores democráticos de lo que está en riesgo”, sostuvo Abracinskas.

Para las feministas el “primer paso” ante esta situación es “reconocer que esto está pasando”, para luego “generar información y datos” que permitan “movilizar a los sectores democráticos que defienden el pluralismo y la no discriminación”.

Además de “conocerlos mejor” a través del mapeo, la activista entiende que se debe “promover un debate serio” sobre algunos de los argumentos que manejan estos grupos “para revisar sus justificaciones”.

Por su parte, Abelenda sostuvo que hay que “desenmascarar qué hay detrás de los discursos profamilia y defensores de la más estricta heteronormatividad: hay poder en disputa, entre fuerzas feministas y progresistas y un bloque tradicional masculino, blanco de clase media-alta que lucha por perdurar”.

Garrido y Celiberti entienden que “la mayor arma” que tienen para “combatir” este proceso “sigue siendo la palabra y la manifestación en las calles”.

“Hay que salir a contestar estas ideas, hay que seguir movilizándose, salir a decir que estas personas están en contra de la igualdad de derechos”, dijo Garrido.