Iglesia al día

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La Iglesia en los medios La Iglesia y la masonería han logrado una “fuerte” incidencia en el gobierno de Vázquez y lo han alejado de su hermano Jorge

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Eduardo Lalo Fernández, histórico dirigente del Partido Socialista, recibió la carta, la leyó y la guardó bajó llave en un cajón de su despacho. El secretario general del partido quería digerir la noticia y diseñar una estrategia para hacerla pública unos días después, pero se filtró a la prensa antes de tiempo. “Un socialista sin carné”, se declaraba en la carta fechada en noviembre de 2008 el presidente Tabaré Vázquez. Allí anunciaba la renuncia al único partido al que perteneció y votó en su vida, al cual se acercó pues, cuando era un niño, fue un diputado socialista quien logró la amnistía que permitió a su padre, en huelga por derechos de agremiación, volver a trabajar en Ancap.

“El alejamiento del Partido Socialista dejó a Vázquez más cerca de concepciones conservadoras que se expresan a través de la Iglesia y de la propia masonería”, concluye hoy el periodista Sergio Israel en su libro Tabaré Vázquez, un compañero del poder (Editorial Planeta). Israel señala que aquella decisión disminuyó el rol del grupo de dirigentes políticos que acompañaron a Vázquez en el inicio de su carrera política y allanó el camino para que en el actual gobierno nacional tengan “peso” otras personas del entorno familiar con un “fuerte componente católico y masón”, en especial su hijo Álvaro y el empresario y asesor presidencial Juan Salgado. Además de ellos, un importante número de masones y católicos, algunos con pasado en los partidos tradicionales, ocupan posiciones jerárquicas a escala nacional. Sin embargo, esta situación planeada por el propio Vázquez ha enfriado su relación con otros familiares, como su hermano Jorge, subsecretario del Ministerio del Interior.

Concepción del mundo.
“Creemos que un presidente de izquierda debe defender las convicciones de su pueblo”, criticó la Juventud Socialista a Vázquez por su posición de vetar en el Parlamento el proyecto de ley de interrupción del embarazo que buscaba despenalizar el aborto. Horas después, un congreso del Partido Socialista resolvió rechazar el veto y mandatar a sus representantes a que votaran el proyecto en la siguiente legislatura. Era noviembre de 2008 y la fractura entre el partido y su integrante más emblemático era irrecuperable.

Trece años después, al diseñar el equipo más cercano para su segunda presidencia, Vázquez “decidió hacer una renovación”. No lo acompañó Eduardo Bandeira, quien estaba junto a él desde 1989 en la campaña a la Intendencia de Montevideo por orden de Líber Seregni. Tampoco Ariel Bergamino, otro militante que se sumó a Vázquez en aquel momento desde el Partido Socialista. “El nuevo staff tuvo un fuerte componente católico y masón con cercanía a Álvaro Vázquez Delgado, como el prosecretario Juan Andrés Roballo, un cuadro de la Iglesia católica del Cerro que tiene línea directa con el cardenal Sturla, un moderno sacerdote de derecha”, afirma el libro de Israel, que es periodista de Búsqueda, en el capítulo El tercer gobierno: sin agenda y apoyado en colorados, masones y católicos.

“De hecho, sus dos principales asesores son masones: el empresario Juan Salgado y Álvaro Vázquez Delgado, su hijo mayor, que es también un ferviente católico ubicado en posturas más conservadoras que el papa Francisco”, añade en otro capítulo.

Del staff cercano del presidente también forma parte el masón y excolorado Miguel Ángel Toma, secretario de Presidencia. Otros de los colorados masones que tienen responsabilidades en el segundo gobierno de Vázquez son Glenda Rondán, directora de Centros MEC; Alberto Scavarelli, director de Servicio Civil; Alfredo Etchandy, subsecretario del Deporte, y Daniel Borrelli, vicepresidente de la Junta de Transparencia y Ética Pública.

En cuanto a los “católicos o democristianos”, el libro menciona a varios que no ocupan cargos de primer nivel en la administración: José Luis Veiga en la Secretaría de Comunicación Institucional; Matías Rodríguez en el Ministerio de Desarrollo Social; Nelson Villarreal en la Secretaría de Derechos Humanos; Antonio Carámbula en Uruguay XXI, y Fernando Cáceres en la Secretaría de Deportes.

Ante este panorama, “el peso de la familia Vázquez Delgado y de Salgado en el segundo gobierno y lo que ellos representan en cuanto a concepción del mundo, influidos por el pensamiento masónico y católico”, han “alejado” a Vázquez de su hermano menor Jorge, subsecretario del Ministerio del Interior, que “si bien se mantuvo en el equipo de gobierno dejó de frecuentar” la casa de Buschental. “Los hermanos dejaron de asistir a sus respectivos cumpleaños, quizás porque ya no se sentían tan cómodos como cuando comenzaron a recorrer los barrios de Montevideo y los villorrios del interior en buscar de adhe­siones políticas”, sostiene el libro.

Cosas de familia.
El telegrama al dictador Gregorio Álvarez en 1981 y la compra en 1995 de un equipo informático a su hijo Javier por parte del Instituto de Oncología también están presentes en el libro sobre Vázquez, aunque no son centrales. Un asunto que sí ocupa más espacio es el enfrentamiento que el presidente y sus socios en la industria médica mantuvieron con los hermanos Félix y José Leborgne en el año 2005.

Los Leborgne, prestigiosos especialistas uruguayos en radiología y radioterapia oncológica, competían en ese mercado con el Centro Oncológico y de Radioterapia (COR), una clínica formada por Vázquez y sus colegas Helmut Kasdorf, Álvaro Luongo y Miguel Torres, en la cual Vázquez fue luego sustituido por su hijo Álvaro. Cuando el Frente Amplio alcanzó la presidencia en 2005, ambas empresas estaban confrontadas por informes e inspecciones nacionales e internacionales que alertaban del mal estado de los equipos de radioterapia en el país.

“Poco después de llegar su competidor a la presidencia de la República, José Leborgne fue sustituido del cargo de director del Instituto de Radioterapia del Hospital Pereira Rossell por la doctora Blanca Tasende, una profesional de vasta experiencia que había trabajado junto a Vázquez en COR”, rememora el libro. Israel añade que los exsocios y colaboradores del presidente en ese emprendimiento pasaron a ocupar “los lugares más destacados en la especialidad”: Kasdorf fue director del Servicio de Radioterapia del Instituto Nacional del Cáncer (Inca); Luongo fue director del Inca y presidente de la Comisión Honoraria de Lucha contra el Cáncer; y hasta los 65 años, Torres fue catedrático de radioterapia en la Facultad de Medicina. “La llegada del Frente al gobierno permitió al grupo vinculado a COR no solo pasar a controlar todos los cargos del Estado, sino a Álvaro Vázquez Delgado presionar para conseguir más contratos con privados”, indica.

Según integrantes de la industria médica consultados por el autor, esta actuación en torno a los Leborgne distanció a Vázquez de “muchos médicos frenteamplistas que, no obstante, en general, optaron por un silencio incómodo” respecto a lo sucedido, quizás “en aras del éxito” del primer gobierno frenteamplista y del Sistema Nacional Integrado de Salud. “No hay motivo académico, profesional, administrativo ni ético que justifique el pésimo trato a los Leborgne. Todo parece ser capricho o venganza”, analizó una alta fuente médica frenteamplista.