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La Iglesia en los medios La Iglesia presentó una “guía” para prevenir abusos sexuales a menores

ECOS. LA |
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Se trata de una “herramienta” para actuar en caso de detectarse un caso como este en dependencias de la institución.

En abril de 2016, la Iglesia Católica Uruguay divulgaba la carta “Perdón y compromiso”. Allí se pedía, precisamente, perdón por los abusos cometidos por parte de sacerdotes contra menores de edad, se ponía un número telefónico a disposición para recepcionar denuncias en todo el país y se comprometía a realizar todo lo que estuviera a su alcance para que hechos como estos no volvieran a suceder.

La institución, de la mano de la Conferencia Episcopal Uruguaya, se abocó entonces a la tarea de elaborar una “guía” para la protección de menores y prevención de abusos en sus ámbitos de actuación.

El trabajo, considerado una “herramienta”, fue divulgado este martes[/url] en una conferencia de prensa encabezada por el arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla.

En casi 40 páginas, se establece una definición concreta de qué constituye un acto de abuso de esa naturaleza por parte de adulto contra un menor o contra una persona vulnerable.

También las características de este tipo de hechos y la importancia, para los responsables de la institución, de dar credibilidad al relato de la víctima, que según la guía se confirma en el 95% de los casos.

La guía explica a percibir los síntomas físicos y de conducta que pueden revelar que un menor está siendo sometido a abuso. De igual forma, se procede sobre las características del adulto abusador y las etapas que atravesará para consumar su agresión.

Como forma de prevención, la guía establece una serie de “criterios orientadores” para el relacionamiento cotidiano con los menores a cargo de la institución.

Entre ellas que las entrevistas personales, ya sean diálogos formativos, de acompañamiento espiritual o confesiones, se deben realizar en lugares que permitan la visibilidad por parte de terceros: espacios abiertos, o bien cerrados pero con la puerta abierta o con puerta transparente.

Se llama, asimismo, a observar con “mucha prudencia” los viajes en los que se trasladan menores. Ningún adulto podrá ir solo en un vehículo con un menor. Debería ir siempre acompañado por otro adulto, preferentemente del sexo opuesto al responsable.

Deberá entenderse como inapropiado cualquier contacto físico con los menores que vaya más allá de los propios de un saludo o de los deportes de contacto.

A partir de la difusión de esta guía, la Iglesia establece una serie de requerimientos para la selección del personal que se desempeñe en centros educativos, parroquias u obras sociales.

Entre ellos, una entrevista personal con presencia de terceros, y la presentación de un certificado de buena conducta y referencias personales por escrito y verificables.

También se incluye un plan de “prevención terciaria”, que opera una vez cometido el abuso. Su objetivo primario es amparar a la víctima.

Si la persona sospechosa de ser abusadora es un sacerdote, se seguirá de inmediato el protocolo aprobado por la Conferencia Episcopal. La Diócesis correspondiente, en su condición de “garante” respecto de las personas bajo su cuidado, quedará en situación de denunciar los hechos de los que tenga fundada sospecha o conocimiento.

En el plano estrictamente religioso, las actuaciones deberán ser remitidas a la Congregación para la Doctrina de la Fe, en el Vaticano, que tendrá su cargo el pronunciamiento final sobre el responsable.

Más allá de este aspecto, la guía aclara que toda persona, aún los religiosos, tienen responsabilidad penal y civil sobre sus actos.