Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

Noticeu La familia que reza unida permanece unida

Rosario en familia

Tomado de Quincenario “Entre Todos” 

«Dios te salve, María, llena eres de gracia…»

En la seguidilla de días abrasadores, con temperaturas que rondaron los 35º de calor aquí en Montevideo, y una sensación térmica más picante todavía, la perpleja nochecita del sábado 23 que se presentó en la Aduana de Oribe, inducía por el contrario a ponerse un abrigo liviano, o a buscar la cercanía de otros en el afán de parapetarse de esas buenas corrientes de aire fresco que surcaban el puerto del Buceo y desconcertaban a más de un desprevenido que empezaba a añorar y reclamar la canícula que lo había atormentado en los días previos. «El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va». Vencido este desafío meteorológico en una noche de cambio climático, no hay más que agradecer el bien espiritual que ofrece, desde hace ya cinco años, el Gran rosario de bendiciones para las familias.

El cardenal Daniel Sturla encendió con sus palabras el deseo del encuentro con la Virgen, y recordó la bondad y ternura de María. El arzobispo anunció también que pronto, con la ayuda de Dios y de las oraciones de todos, una imagen de María testimoniaría, ya de modo permanente, su presencia en este hermoso emplazamiento, e invitó tempranamente a rezar la novena de la aurora, la semana previa al 8 de diciembre, día de la Inmaculada (ver Cartelera de noticias).

«Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud venía a Él» (Jn 6, 5)

El lugar es incomparable, una verdadera platea inclinada sobre la bahía, desde la cual, mientras se van desgranando las cuentas del rosario, o uno se suma a alguna canción, cuya letra en esta oportunidad podía seguirse en alguna de las dos pantallas gigantes instaladas a diestra y siniestra del escenario, se puede contemplar el apacible cuadro de los numerosos y pequeños yates recostados sobre la costa, en una de las perspectivas más preciadas que ofrece la ciudad.

No queda más que sentarse en la silla playera, o recostarse en el pasto, o mantenerse de pie para poder recoger la noche entera en la mirada, y dejarse llevar en la marea suave del rosario que suele inspirar las buenas intenciones en el corazón, el recogimiento, la comunión en la fe, la fuente de la paz, la cercanía del Señor, y el marco de la creación:

«Al ver el cielo, obra de tus manos,

La luna y las estrellas que has creado;

¿qué es el hombre para que pienses en él,

El ser humano para que lo cuides?» (Sal 8).

Uno se siente muy bien recibido por los organizadores, que no han dejado nada librado a la negligencia, que han hermoseado el escenario, que distribuyen gratuitamente y como siempre rosarios, cirios y pantallas para mantenerlos al socaire del viento, y algún material suplementario, todo hecho con sumo cuidado y cariño y confiando en la Providencia para recuperar todo el dinero y esfuerzo invertidos; han reservado y acordonado dos áreas —a ambos lados del auditorio— para que los fieles puedan confesarse. Había unos 20 sacerdotes, pero hubiesen sido necesarios otros 20, pues la cola de penitentes no cesaba. En estos encuentros se escuchan profundas confesiones, y muchos que tenían olvidada la reconciliación, acaso atraídos por la Madre, buscan el perdón en las fuentes de la misericordia del sacramento.

Palabras del cardenal

«¡Qué felices! ¡Qué felices estamos junto a María, junto a la Madre! Estamos contentos, felices, damos gracias a Dios, y somos cada vez más, y esto es una invitación que el Señor nos hace, no solo a venir sino a venir y a seguir trayendo gente para que sean muchos, muchos hermanos que en la mano de María, descubran la inmensa alegría del amor de Dios.

»Hoy leía un relato que me llenaba de emoción. Era un relato sobre la Virgen, era un relato de la primera guerra mundial, allí donde mucha gente perdió la vida en las trincheras. Y en esas trincheras de la guerra había un grupo de italianos, y resulta que en esa guerra muchos seminaristas fueron llamados a las armas. Y en este grupo que estaba allí, en una trinchera, había un seminarista.

»Un día el jefe le dijo: “tenemos que ir a aquella guarida de los enemigos porque de ahí nos ametrallan”. En una noche muy oscura dijeron: “esta es la noche”. Y se acercaron en el silencio de la noche para destruir a los enemigos, y cuando estaban bien cerquita comenzaron a sentir un cántico.

La guerra y la paz

»Estaban en el siete de diciembre, vísperas de la Inmaculada, y estos enemigos que eran alemanes cantaban en latín, un canto a la Virgen, un canto a la Inmaculada madre de Dios. Entonces, cuando estaban por llegar para asaltarlos, al escuchar ese canto a la Virgen, el jefe dijo: “no, ellos son católicos como nosotros”.

»Siguieron acercándose, y cuando estaban allí, a la puerta, interrumpieron y dijeron en alemán, al jefe: “buenas noches, hermanos”. Ahí enseguida cundió un momento de pánico, de incertidumbre, agarraron fusiles, pero dijo: “buenas noches, nosotros también somos cristianos, también queremos a la Virgen”. Entonces allí unos y otros se dieron la mano, se abrazaron y rezaron juntos, cantando  a la Virgen Madre de Dios.

»Unos años después, el sacerdote que contaba esto, que era ese seminarista, contaba que estaban en un seminario internacional después de la guerra y él llegó cuando un seminarista estaba contando lo que había pasado en la guerra, y este seminarista alemán dijo “ y nosotros estábamos cantándole a la Virgen en nuestra guarida cuando de pronto llegaron los italianos y en lugar de fusilarnos nos dieron la mano y  cantamos juntos a la Virgen María Madre de Dios”.

Los enemigos vencidos

»Entonces este otro lo interrumpió y dijo: “yo era uno de esos de los que estaban allí”. Miren qué lindo entonces cómo la Madre de Dios es capaz de unir a los enemigos y hacer que el amor venza al odio, que la paz venza a la guerra, que los rencores queden a un lado; para que venza el cariño y el amor. Esta experiencia de María Madre que une a la familia, es la experiencia que hoy le queremos pedir a María Santísima para todas las familias.

»Sabemos que en todas las familias hay problemas, en algunas más, en otras menos, pero ¿quién no tiene alguna dificultad? Algunos son problemas grandes, y hay familias divididas, hay peleas… Puede haber violencia doméstica… Hay chicos que se juntan sin descubrir la alegría del sacramento del matrimonio. También hay enemigos externos de la familia, y hay cosas que le hacen daño: hay leyes contra la vida, hay leyes contra la familia, hay propuesta de educación sexual contra el matrimonio querido por Dios varón y mujer…

El mejor invento

»Pero frente a esos problemas [se hace] mucho más [valioso] descubrir la belleza y el amor de la familia. Eso es lo que sobre todo queremos subrayar. Y como decía un chiquilín —y me encantó esa expresión— “el mejor invento de Dios es la familia”. ¡Qué lindo es tener este invento de Dios! En la familia está el amor, el amor de los esposos, la alegría de los hijos, la ternura de los abuelos, el cariño de los tíos y tías.

»Ayer murió un sacerdote montevideano de la diócesis de Salto, el padre Fernando Pigurina ¡Qué lindo  saber que este sacerdote amaba a su gente, amaba a su parroquia, amaba a su familia. Ahí estaban su madre, sus hermanos, sus sobrinos, diciéndole al hijo, al hermano, al tío, que lo querían, como él los había querido.

»La familia nos banca, nos hace el aguante, la familia nos espera, y por eso en este año de la misericordia, qué bueno sería pedirle a María que en nuestras familias sepamos perdonar y que nos acerquemos a aquellos familiares que estamos lejos.

Abrir el corazón a la misericordia

»Si ella fue capaz de hacer que aquellos enemigos se dieran la mano, ¿cómo nosotros no podemos perdonar a aquellos de nuestras familias con los que quizás tengamos algún dolor, alguna bronca, algún rencor?

»En el año de la misericordia, tenemos el corazón abierto para todas las situaciones de familia que hay, porque una cosa es la ley de Dios que nosotros queremos vivir y proponemos, y otra es mirar con misericordia a todas las personas, sea cual sea su situación y decirles a todos que la Iglesia Madre los recibe, que la Iglesia Madre quiere proponer la belleza de la familia según el plan de Dios y quiere también ser casa de puertas abiertas para todos.

»Por eso María Madre de Dios y Madre nuestra, ¡Te queremos! Y queremos poner bajo tu manto protector, la vida de nuestras familias, de todas ellas, queremos poner en tu corazón de madre a los abuelos y abuelas.  ¿Quiénes son abuelos y abuelas acá? ¡Qué bueno! ¿Y hay acá algún bisabuelo o bisabuela? ¡Pahhh! ¡Aplauso grande!

Papás y mamás heroicos

«Queremos poner a los papás y mamás, acá hay familias y familias enteras, que lindo esas familias que vienen todos juntos, a los padres a las madres, a los hijos y a las hijas,  niños y adolescentes, jóvenes, a las mamás que están esperando bebés. ¿Hay acá alguna mamá que esté esperando? ¡Qué bueno! Un aplauso grandote a esas mamás.

«Queremos poner en el corazón tuyo María, a los padres y madres heroicos, que muchas veces llevan adelante con inmenso amor la enfermedad de algunos de sus hijos, o de algunos de los miembros de su familia. Queremos poner en tu corazón, María, a los que están solos, a los que están en casa de salud, a los que están presos.

«Todos somos familia tuya, familia de Dios, ayúdanos, Virgen Santa en nuestras necesidades. Danos en este año de misericordia un corazón generoso que perdone, que no guarde rencor, enséñanos a acercarnos al sacramento de la reconciliación. Hay unos cuantos curas confesando, no perdamos la oportunidad de recibir el sacramento del perdón. ¡Que recemos juntos! La familia que reza unida permanece unida. Vamos a decirlo juntos: ¡familia que reza unida permanece unida! Amén.»

Rosario familias 1