Iglesia al día

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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios La disputa en el territorio [Opinión]

LA REPÚBLICA |

Desde un tiempo a esta parte, venimos escuchando la idea o concepto de la lucha por el territorio o las luchas por los territorios.

En esta idea se establece un ellos y nosotros poco claros e indefinidos, que pretenden hacerse de un territorio que está en manos de algunos que deberían apropiarse.

Consideramos necesario repensar esto, para no caer en una lógica que establezca escenarios de guerra en los territorios. Que nunca son buenos para los que menos tienen.

La noción de territorio está muchas veces asimilada como un lugar inerte, que no late. Como una cosa a la que le podemos poner cosas encima y la cual es posible disputar.

Esta noción se refuerza con una mirada desde arriba, a través de mapas que marcan y referencian cosas que están dentro de esos mapas. Y por tanto, solo existe aquello que se ve en esos mapas, solo existe lo que nos permite ver el google earth. Estas nociones se acompaña del avance de la “algoritmocracia” (sobre la cual escribimos hace un tiempo) que establece las definiciones en menos compleja trama de algoritmos que ordenan los millones datos que generamos, se construyen y dejamos en nuestro diario vivir.

Queremos rever esta idea. Considerar el territorio como algo dinámico que se delimita una y otra vez, permanentemente, a través y a partir de acciones, relaciones, vinculaciones, intervenciones. Por tanto, hay inherentemente en el territorio una organización vital, una trama que se expresa. El territorio nunca es, está siendo. Se construye, reconstruye y deconstruye permanentemente.

Al territorio no se le disputa sino que en él se dan disputas, dentro de él, como sucede en otros espacios geográficos y temáticos de la sociedad.

Con esto queremos decir que es necesario analizar no la disputa “por el territorio” sino “en el territorio”.

Desde una perspectiva crítica y transformadora, que pretende el espacio geográfico territorial como un lugar que promueva la organización barrial, la constitución de sujetos críticos y una ética de la autonomía y la libertad, forjando procesos identitarios que permitan configurar una simbología común para referenciarse como comunidad.

Nos parece importante analizar los actores con los que se encuentra cualquier pretensión de intervenir desde una intencionalidad trasformadora en territorios y que hacen a la noción de la disputa en los territorios. Esto se expresa en una variedad de territorios, pero sin duda, en aquellos donde la vulnerabilidad socio-económica es mayor, se expresa con más crudeza. De todas formas, debemos mencionar que la expresión concreta de estos actores tiene vínculos con otros territorios, si bien a la hora de identificar zonas problemáticas se restringe la identificación.

Luego de un repliegue histórico de los partidos tradicionales de los barrios, aparece una presencia fuerte asociada a una construcción de la política de la formalidad, con esto decimos que se intenta establecer la recomposición de asociaciones civiles creadas pero abandonadas, reflotando y buscando quedarse con su representación. Desde esta perspectiva, en los barrios donde sucede esto, esa presencia se acompaña de una propuesta que promueve el objetivo electoral más que la organización de lo/as vecino/as como forma de construcción de sujetos críticos.

Otro actor fundamental son las bandas de narcos que, si bien utilizan algunos barrios para operar, la realidad es que sus vinculaciones trasciende estos barrios. En los barrios, operan desde un espacio de poder importante, controlando zonas, vínculos y circulaciones. Promoviendo desde esa perspectiva una forma de socialización y organización de la vida cotidiana. Que se refuerza también con la propuesta de éxito que promueve el sistema día a día por los medios de comunicación.

Debemos considerar también el rol que están teniendo algunas iglesias, de corte “carismático”, generalmente pentecostales, que se desarrollan en los barrios desde una perspectiva individualista y asociando la situación de pobreza con lo que cada uno merece. En este sentido, buscan y promueven soluciones individuales que solo son posibles a través de estas iglesias, erosionando una tarea que durante años otras iglesias, históricas, impulsaron en los barrios para trabajar de manera conjunta con los vecinos promoviendo los aspectos comunitarios.

En este sucinto racconto mencionamos también a las prestadoras de microcréditos, que recorren estos barrios ofreciendo soluciones que atrapan las economías familiares, impulsadas por las necesidades vitales sin resolver muchas veces.

Queremos instalar la idea de procesar estrategias para dar las disputas en el territorio, para construir escenarios de participación protagónica por parte de los vecinos.

Para esto, se precisa ordenar los procesos de acumulación estratégica en cada territorio y proponer un marco de alianza para que los territorios sean espacios de libertad, de justicia, de participación, más allá de lo que suceda en cada elección.