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Noticeu La crisis ya no es la excepción a regla: Reflexión de Mons. Pablo Galimberti

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¿Vivimos en una época de pasiones tristes? El Obispo de Salto, Mons. Pablo Galimberti, comparte su columna semanal en el Diario ¨Cambio» aspectos medulares de las investigaciones efectuadas por los psiquiatras franceses, Miguel Benasayag y Gérard Schmit quienes sostiene que el origen de la crisis imperante es más bien existencial que psicológica.

“La crisis, según ellos, no es más una excepción a la regla sino que es la regla actual en nuestras sociedades. Esta es la novedad. Por tanto tratan de encarar la crisis puntual dentro de un ambiente de crisis”, comparte el Obispo.

Época de las pasiones tristes

Mons. Pablo Galimberti

Dos psiquiatras, Miguel Benasayag y Gérard Schmit, que trabajan en Francia, han publicado sus experiencias. Su clave de interpretación es que vivimos en tiempos de “pasiones tristes”. El original francés es: “Las pasiones tristes. Sufrimiento psíquico y crisis social”.

Los uruguayos vivimos y expresamos pasiones en forma suave, exaltada o escondida. Aunque no en todo ponemos un gran empeño. En lo religioso, los ideales patrióticos, el trabajo, cuando compite “la celeste”, etc. Hay quienes se han ocupado de la sensibilidad en nuestra cultura. No entramos ahora en este asunto.

El paisaje de las pasiones es variado y complejo. Abundan modalidades, estilos, tiempos, rituales, tradiciones, grupos, festejos y rituales variadísimos. En el curso del año la iglesia católica celebra y festeja de diversa manera. Fiestas, acontecimientos fundantes como la Pascua o hace memoria de personas (santos, santas, mártires…) en cuyas vidas la fe se escribió con sangre, sudor y adquirió un espesor cultural.

A mujeres y hombres se atribuyen diversidad de resonancias afectivas. La letra de Rigoletto así lo expresó: “la donna è mobile qual piuma al vento, muta d´accento e di pensiero”. Pero no olvidemos el vigor de Teresa de Ávila por encima de los vaivenes cotidianos: “Dadme pues sabiduría, o por amor, ignorancia; dadme años de abundancia, o de hambre y carestía; dad tiniebla o claro día…”.

La literatura ofrece trayectorias de héroes inspirados por sentimientos impostergables. Ulises se hace atar al mástil del barco y tapa con cera los oídos de sus marineros. Un destino lo llama. Abundan testimonios cuando la vida intenta unificarse en torno a un polo. Ignacio de Loyola lo expresa: “Tomad Señor y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento….”

Los psiquiatras comprueban un panorama nuevo. Se trata de un malestar que no están preparados para afrontar.

Los servicios que ofrecen se han convertido en una especie de “embudo” en el cual se derrama la tristeza difusa que caracteriza la sociedad contemporánea. Desfilan familias destruidas o porque la desocupación crónica de los padres y el aislamiento progresivo del grupo provocan un sufrimiento síquico y social.

A las preocupaciones de las familias se suman las de los educadores, jueces, asistentes sociales. Y se plantean la pregunta si la complejidad natural de la vida se ha transformado en patológica.

Las situaciones que a diario encuentran tienen un punto en común: provocan ansiedad y pasan fácilmente a la acción (sobre otros o sobre sí mismos). Hay poca capacidad de “aguante”. Se vive con un sentimiento casi permanente de inseguridad.

Pero explican que esto no significa que el origen del problema sea psicológico. Es más bien existencial. Lo explican: Ocurre un accidente carretero y para atender a los heridos y a quienes salieron ilesos está previsto un servicio psicológico de asistencia. Nadie niega que en estos casos se manifieste un sufrimiento sicológico, pero nadie piensa que se trate de problemas de origen sicológico. Así como existe asistencia para las víctimas de atentados, sin embargo, ninguno piensa que los atentados y la política mundial sean “cuestiones psicológicas”.

La crisis, según ellos, no es más una excepción a la regla sino que es la regla actual en nuestras sociedades. Esta es la novedad. Por tanto tratan de encarar la crisis puntual dentro de un ambiente de crisis.

Columna publicada en el Diario «Cambio» del viernes 30 de junio de 2017