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La Iglesia en los medios Juan XXIII y Juan Pablo II ya son santos

EL PAIS |

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Cuando el papa Francisco afirmó ayer en latín “Sanctos esse decernimus et definimus, ac sanctorum Catalogo ascribimus”, dos figuras clave de la Iglesia Católica del siglo XX se convirtieron en santos: Juan XXIII y de Juan Pablo II.

VATICANO AFP, ANSA, EFE Y REUTERS28 abr 2014

“Declaramos y definimos a los beatos Juan XXIII y Juan Pablo II santos y los inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los Santos”, fue la fórmula pronunciada en latín por el primer Papa latinoamericano de la historia, tras lo cual la muchedumbre estalló en aplausos.

Ese fue el momento principal del largo rito con el que Francisco canonizó dos papas muy diferentes -ante unas 250 mil personas en la Plaza de San Pedro y otras 500.000 fuera del recinto dos papas muy diferentes- al Papa que de hecho “creó” el Concilio Ecuménico Vaticano II y al que intentó llevar el Concilio a todo el mundo.

Francisco ingresó a las diez de la mañana local a la Plaza de San Pedro en procesión, seguido por cardenales y obispos que entonaban la letanía de los santos.

El papa emérito Benedicto XVI, quien renunció al trono de Pedro en 2013, asistió vestido con la sotana blanca a la ceremonia concelebrada por 150 cardenales y mil obispos.

A su llegada, Benedicto fue recibido por un caluroso aplauso y saludado con un abrazo especial tanto al inicio como al final de la ceremonia por Francisco, en un gesto de fraternidad.

Por primera vez en dos mil años de historia de la Iglesia, una canonización ha sido concelebrada por dos papas vivos para elevar a los altares a dos papas muy diferentes -quizá tan diferentes como ellos-, cuyos pontificados fueron muy populares.

“Fuertes”.

“Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se dejaron abrumar por ellas. Dios fue más fuerte en ellos”, recalcó el Papa argentino, comprometido con una reforma profunda de la institución tras años de escándalos provocados por el silencio de la Iglesia ante las denuncias de pedofilia de curas, las intrigas internas y turbios manejos financieros.

Juan XXIII y Juan Pablo II “restauraron y actualizaron a la Iglesia según su fisionomía originaria, la fisionomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos”, subrayó Francisco.

La doble canonización, del italiano Juan XXIII -considerado un progresista al convocar el Concilio Vaticano II en 1962 para modernizar a la Iglesia- y del polaco Juan Pablo II -que enfrentó el comunismo y fue inflexible en temas morales- ha sido, según analistas, un golpe de maestro de Francisco, para unir a los diferentes sectores de la Iglesia.

Encarnan también dos imágenes diferentes: el primero humilde y cercano a la gente; el segundo, un comunicador nato, carismático y capaz de seducir tanto a los poderosos como a las multitudes.

Reliquias.

Las reliquias de los dos nuevos santos, una ampolla de sangre de Juan Pablo II y un pedazo de piel de Juan XXIII extraída durante su exhumación en el año 2000, fueron colocadas junto al altar principal.

La mujer costarricense Floribeth Mora, de 50 años, cuya curación de un aneurisma cerebral fue considerado el segundo milagro del papa polaco, fue la encargada de entregar las de Juan Pablo II.

Unas 800.000 personas asistieron a la ceremonia, según cifras oficiales, entre ellas 300.000 frente a 17 pantallas gigantes instaladas en lugares claves de Roma.

Una enorme pancarta desplegada en la plaza resumía el significado de la jornada para los católicos: “Dos papas santos en el cielo, dos papas en la plaza” de San Pedro.

En total, 98 delegaciones encabezadas por 24 jefes de Estado y de gobierno, entre ellos los reyes de España, los presidentes de Ecuador, Honduras, El Salvador, así como el controvertido mandatario de Zimbabwe, Robert Mugabe, asistieron a la canonización.

A la ceremonia, que duró unas dos horas, asistieron también representantes de todas las religiones, entre ellos una importante delegación judía, para rendir homenaje a dos papas que lucharon contra los prejuicios hacia los hebreos.

La plaza fue adornada con 30.000 rosas rojas, amarillas y blancas donadas por Ecuador, cuyo presidente, Rafael Correa, estaba presente en el acto.

Las celebraciones se iniciaron el sábado con una “noche blanca” de oraciones en quince iglesias del casco histórico de Roma.

Un dispositivo especial para alojar, transportar y atender a los cientos de católicos de Europa, fue desplegado por las autoridades de la capital italiana para gestionar el difícil tráfico de automóviles y personas.

La ceremonia podía ser seguida en varios idiomas, entre ellos español, portugués, árabe y francés tanto en directo como por televisión.

El protocolo del Vaticano, respetado rigurosamente durante la ceremonia, fue quebrado por los pedidos de “selfies con Francisco” de algunos jefes de Estado y jefes de delegaciones.

Al término de la ceremonia, durante el saludo oficial a las 98 delegaciones extranjeras presentes para la canonización, Francisco fue sorprendido por el “selfie” o autorretrato que le solicitaron algunos de los delegados, pese a que el fotógrafo oficial de la Santa Sede inmortaliza cada uno de esos momentos.

Largas colas para venerar sus tumbas

Decenas de miles de fieles comenzaron ayer a hacer fila para poder acceder al interior de la basílica de San Pedro y detenerse unos instantes ante la tumba de los ya santos Juan Pablo II y Juan XXIII.

A pesar del cansancio, ya que muchos durmieron a la intemperie en los aledaños de San Pedro para no perderse la ceremonia, muchos volvieron a esperar horas para venerar a los nuevos santos de Iglesia.

La tumba de Juan Pablo II se encuentra en la capilla de San Sebastián y ya desde ayer fue colocada una nueva lápida de mármol con la inscripción “Santus Ioannes Paulus II”, que sustituye a la anterior, en la que se le describía como beato desde 2011. El cuerpo embalsamado de Juan XXIII se muestra en una urna desde su beatificación en el año 2000.

A Roma llegaron 800.000 peregrinos

Unos 800.000 peregri-nos inundaron ayer la Ciudad del Vaticano y Roma para celebrar que Juan Pablo II y Juan XXIII ya son santos. Un goteo incesante de personas abarrotó las calles de la capital del catolicismo desde las primeras horas de la madrugada, con el objetivo de vivir en primera fila las canonizaciones.

A partir de las 05.00 horas se permitió la entrada a la Plaza de San Pedro y, desde ese momento y hasta el comienzo de la ceremonia, miles de personas fueron agolpándose alrededor de la Basílica y a lo largo de la Vía de la Conciliación, la calle que conecta la Ciudad del Vaticano con Roma.

Cuando se estimó que el aforo estaba completo, alrededor de 250.000 personas según la Santa Sede, el resto de peregrinos deseosos de vivir esta jornada histórica tuvieron que conformarse con ver el evento en pantallas colocadas en otros puntos de la capital, como la Plaza Navona, el Coliseo o Santa María la Mayor.