Iglesia al día

" El Tiempo de la Creación es un tiempo para renovar nuestra relación con el Creador y con toda su maravillosa obra, la naturaleza, por medio de la celebración, la conversión y el compromiso. "
Tiempo de la Creación

La Iglesia en los medios Juan Andrés Verde, de rugbista de pocas pulgas a casi sacerdote: su largo camino a casa

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EL EVANGELIO SEGÚN JUAN

“Un amigo me decía que si había alguien a quien podía imaginar cura, seguro no era yo”. Las 40, por Gerardo Tagliaferro

No sabemos si el “Gordo” Juan Andrés Verde se confesó ante un cura o al menos pidió en secreto perdón a Dios después de darle un pisotón alevoso a un chileno que le costó la roja, en pleno mundial juvenil de rugby.

Mal por él, pero al menos se le vio salir llorando de la cancha en un claro signo de arrepentimiento, algo es algo. No era esa de andar pisando a los rivales una actitud recomendable en un aspirante a sacerdote, pero el Gordo era medio arrancado verde, como su apellido, y dentro de la cancha no había Cristo que le bajara las revoluciones. “Si había alguien que yo me podía imaginar cura, seguro no eras vos” le dijo un amigo-rival cuando finalmente se decidió a colgar los botines y agarrar los hábitos.

Con 27 años y en un salón de la parroquia Stella Maris, a punto de ser consagrado diácono de la Iglesia Católica, ahora impresiona como un muchacho bonachón, de sonrisa irreversible. Además de jugar al rugby en Carrasco Polo y en la selección juvenil uruguaya, Juan Andrés estudiaba Veterinaria y tenía novia, cuando una experiencia como “misionero” en una chacra del interior con hijos de peones rurales le descubrió lo que bautiza como la felicidad.

Con el rugby como excusa ha participado en programas de reeducación de menores infractores y actualmente lo hace en “Pelota al medio a la esperanza”, del Ministerio del Interior. En paralelo con su decisión de convertirse en sacerdote, para lo cual le faltan unos meses, escribió tres libros que, muy laicamente, podríamos ubicar en el estante de la autoayuda.

Si vamos a su perfil de Facebook encontraremos regularmente anécdotas y reflexiones muy terrenales de un tipo que explica a Dios como “un amigo”, y cuenta que alguna vez se ha permitido reprocharle, como haría el rugbista: “¿Dónde estabas? ¿Cómo es posible esto después de todo lo que hablamos?”

Por Gerardo Tagliaferro
tagliaferro@montevideo.com.uy

1) Cuando esta entrevista se publique, ya serás diácono. ¿Qué es un diácono?
Un paso previo a ser sacerdote. A partir del diaconado uno puede bautizar, casar, predicar y otras cosas. El sacerdote puede celebrar misa, consagrar, confesar… Existe también lo que se llama el diaconado permanente que pueden hacerlo hombres casados.

2) Sos una persona bastante mediática. Si uno googlea tu nombre te puede encontrar como invitado en varios programas de televisión o de radio. ¿Cómo llevás esa especie de celebridad?
Con mucha naturalidad, lo veo como un privilegio en tanto la voz de uno a veces es escuchada, y por otro lado es una responsabilidad porque de alguna manera estás dando una imagen que representa mucho más de lo que vos sos. Intento ser cuidadoso pero natural.

3) ¿Por qué crees que los medios te requieren tanto?
La verdad que no lo sé. Quizás por las cosas que a veces me toca hacer… no lo sé. Por lo pronto me he propuesto, como persona, tratar de trasmitir cosas positivas, cosas que me han hecho feliz a mí y que quizás puedan hacer feliz a otro. Intento compartir eso. A veces sale y a veces no.

4) Jugaste al rugby con destaque, integraste selecciones juveniles y participaste de dosmundiales. ¿Cómo eras como rugbista?
Bueno… tengo amigos que jugaban en equipos rivales y compartíamos selección, que me dicen: “Gordo, si hay alguien que yo me podía imaginar cura, seguro no eras vos” (se ríe).

5) ¿Por qué?
Adentro de la cancha la pudría. Me echaron de un mundial con tarjeta roja. Pisé a un chileno (se ríe). Un pisotón que ameritaba una roja.

6) ¿Sos muy temperamental?
Soy un tipo muy primario. Obviamente uno va creciendo y va tratando de no ser tan animalito, pero cuando jugaba al rugby con 17, 18 o 19 años era muy calderita de lata. Más que ahora, aunque lo sigo siendo. Pero en ese momento el rival le estaba haciendo un daño a un compañero, le estaba doblando la rodilla hacia afuera y podía llegar a lesionarlo fuerte. Y yo entré como para limpiar y cuando lo hice tiré una patada para atrás. Y la vieron… Pero fue algo que me salió espontáneamente.

“Adentro de la cancha la pudría. Me echaron de un mundial con tarjeta roja. Pisé a un chileno”
7) ¿Eras muy de pelearte?
Era, era (se ríe). Desde que entré al Seminario dije que para mí ahí tiene que haber una bolsa de boxeo (vuelve a reírse). También para descargar energías, y hay algunos curas que me dicen “estaría bueno”. Pero obviamente no soy pro violencia. De hecho me parece que el rugby es un deporte de contacto donde la violencia, o mejor dicho la agresividad, está bien canalizada. Y de hecho, si vos no te medís, podés terminar perjudicando a todo el equipo.

8) No entiendo nada de rugby, pero en este país un deporte de tanto contacto debería ser más fuente de líos de lo que efectivamente termina siendo.
Sí, es un deporte que está lleno de reglas que de alguna manera te permiten hasta cierto punto responder a una agresión que tuviste. De repente vos te comiste un buen tacle y podés levantarte, ir y meterle un buen tacle al otro. Obviamente dentro de las reglas. En el fútbol quizás, si te sucede algo similar no podés responder de la misma forma porque las reglas no lo permiten. Creo que esto lo hace más leal al deporte: si vos te mandás una macana sabés que el otro te puede aplicar un correctivo.

9) ¿Por qué es un deporte de elite, de ricos, de colegios privados?
Mirá, no sé si actualmente lo es. Quizás comenzó siéndolo, puede ser que sí, pero no sé si actualmente lo es. Yo trabajo en el Liceo Jubilar y ahí se juega al rugby. También en Los Pinos, en Casavalle. Estoy en un programa que se llama Pelota al Medio a la Esperanza, donde el rugby está en las cárceles como forma de trasmitir valores. Ahora también, si Dios quiere, voy a estar martes y jueves en el Marconi con este programa. Entonces, es verdad que comenzó siendo elitista acá en Uruguay, creo yo por el canal por donde entró. El primer equipo fue el Cricket pero luego los Christian Brothers fueron los que más lo desarrollaron. Quizás por eso, no lo sé.

10) ¿Crees que se está extendiendo la práctica?
Actualmente la Unión de Rugby está haciendo un esfuerzo muy grande por llevarlo a todos los contextos y lo más lindo es que es un deporte que te permite verdaderamente trasmitir valores. Si querés jugar tenés que conocer el misterio que hay detrás de la pelota ovalada.

11) ¿Y cuál es ese misterio?
Incluye compañerismo, respeto, autocontrol… Cuando me echaron aquella vez salí llorando de la cancha; y lloraba en serio, porque estaba dejando a pata a mi equipo. Aparte vos tenés una línea de offside para salir a atacar, por ejemplo, y si estás un pasito adelantado ya estás en infracción. Entonces necesitás el autocontrol permanente. Hay varios jugadores de la selección uruguaya de rugby, que son amateurs y se dedican a esto (Pelota al Medio a la Esperanza) en conjunto con el Ministerio del Interior. Yo formo parte como un miembro más, como parte de la Iglesia, pero el aplauso debe ser para ellos que van creo que tres o cuatro días a la semana.

“En los mundiales, tanto en Irlanda como en Japón, iba a misa todos los domingos y si podía algún otro día, iba”
12) Quizás es un prejuicio, tú me dirás, pero si hay algo que uno no se imagina en un vestuario de hombres jóvenes es un aspirante a cura. ¿Cómo llevabas eso?
(Se ríe) Puede ser. La verdad que uno se gana el respeto de los compañeros en la cancha. Mis amigos al principio no entendían pero respetaban. En los mundiales, tanto en Irlanda como en Japón, iba a misa todos los domingos y si podía algún otro día, iba.

13) ¿Eras el único que iba?
No, había compañeros que me acompañaban, algunos para bancarme, otros porque a veces cuando estás lejos de tu familia es una linda oportunidad. Pero es como te digo: el respeto se gana dentro de la cancha y cuando entraba vistiendo la celeste nadie me preguntaba si era católico o qué. Yo estaba jugando por Uruguay.

14) Me imagino que en competencias lejos del país hay momentos de distensión, salidas, joda… ¿qué papel adoptabas ahí?
Bueno, en ese entonces tenía novia. Vamos a empezar por ahí. Para mí ella era muy importante y era una relación muy linda que me ayudó un montón a vivir con mucha naturalidad el compromiso que tenía asumido en el noviazgo, sin importar las fronteras o el país en que estuviera. Era una chica a la cual admiré mucho y hasta el día de hoy la aprecio un montón por lo valiente que fue en su momento al decirme: “Bueno, Gordo, si vos sentís esto yo doy un paso al costado”. Y me dejó las manos libres después de una relación de tres años largos. Una gurisa que yo realmente admiré y quise. Entonces también eso de tener novia, como a otros compañeros del equipo que también tenían, nos ayudaba. También me suena gracioso porque a veces vienen chicos a charlar y les cuesta decirme ciertas cosas, me dicen “no, Gordo, porque vos estudiás para cura” y no sé qué. “Flaco, tengo más vestuario que vos y que todos tus amigos”, les respondo (se ríe).

15) ¿En qué momento se te cruza la fe  de una forma que te hace dejar todo lo demás a un costado?Tenía 19 o 20 años y veía que estudiaba lo que me gustaba, Veterinaria; jugaba al rugby y me iba bien. Llegué a jugar el primer mundial sub 19 con 17 años, con lo cual era chico y ya estaba jugando con los más grandes. Jugaba en un equipo, en ese entonces Carrasco Polo, donde nos iba bien. Entonces, lo que experimentaba era que hacía muchas cosas que me gustaban pero a la vez me sentía vacío. Tenía una novia que era divina, pero a la vez sentía que algo le faltaba a mi vida. Decía “acá tiene que haber algo más”.

16) ¿Y entonces?
Y fue así que en una misión, en un verano, con los Salesianos, descubrí que esa manera de servir le daba una alegría a mi corazón que nada ni nadie se la había dado hasta ese momento. Es difícil de explicar y también entiendo que es difícil de entender, pero en ese tiempo yo descubrí un movimiento interno muy grande en mí. En esa misión estaba la que era mi novia y llegué a decirle: “Pah, haría esto toda mi vida”. Y ahí empezó la cuestión. Empezó un cuestionamiento, me fui un año como misionero a Sarandí del Yi, al Paiva, una institución rural en la que vivían cerca de 79 gurises hijos de peones rurales, donde aprenden carpintería, mecánica, quesos, huerta, granja, todo.

“A veces vienen chicos a charlar y les cuesta decirme ciertas cosas. ‘Flaco, tengo más vestuario que vos y que todos tus amigos’, les digo”
17) ¿Qué hacías ahí?
Iba en el rol de misionero: apoyar lo que se hace. Le daba clases particulares a los pibes para que fueran para adelante, los acompañaba en el laburo, rezaba con ellos. Me sumaba a todas las actividades, no era un educador pero acompañaba. Y esa experiencia me transformó por completo, fue un antes y un después. Pero no fue mágico, fue un proceso. Dije: bueno, Dios, basta de todo lo que aprendí y lo que me enseñaron los viejos, quiero ver dónde estás y qué tenés que ver conmigo. Y si verdaderamente estás. Para responder esas preguntas salí de mi zona de confort. Aquellas que eran mis seguridades dejaron de serlo porque me deshice. Me fui un año, dejé el rugby, no fui al mundial de Chile. Esto nunca lo compartí: tenía un dinero que había hecho organizando fiestas con amigos en el Carrasco Polo y me deshice de él.

18) ¿Qué quiere decir que te deshiciste de ese dinero?
Lo puse en distintos sobres y se lo di a distintas personas y entidades. Ahora es anecdótico, pero para mí en ese momento era importante que nadie lo supiera porque yo estaba buscando dónde estaba Dios. Fue cuando dejamos con la que era mi novia. Y me deshice también de algo que para mí tenía mucho valor: las remeras de rugby. Remeras que había cambiado en la competencia de Estados Unidos, Tonga, me deshice de ellas. Y me fui lejos de mi familia, lejos de mis amigos, como misionero. Eso me hizo sentir en cueros: bueno… ¿y ahora? ¿Ahora que no tengo nada de lo que eran mis seguridades? Y esa experiencia me llevó a tener un encuentro profundo con Dios.

19) ¿Era un momento de crisis en tu vida?
No, al revés, sentí que en mi vida anterior estaba todo tan servido que yo decía: “No puede ser que teniendo todo no sea feliz”. Y verdaderamente fui más feliz y sentí más esa alegría interior cuando menos tuve esas cosas. Cuando volví de esa experiencia (como misionero) descubrí que, entre comillas, Dios me devolvió mucho más de lo que yo le había dado en camisetas, en todo. Sentí que fue el año que más disfruté de mi vida, estando en el medio del campo al servicio de unos curas que estaban a su vez al servicio de gurises.

20) ¿Qué es lo que ahora te hace feliz?
Poder estar, cuando la gente está pasando momentos difíciles, con una palabra de esperanza. Que para mí no es una palabra inventada, yo experimenté concretamente en mi vida la acción de Dios. Poder decirle a alguien que perdió la esperanza que todavía puede seguir luchando, que se puede, que esto no terminó acá, que no está solo… eso me hace feliz.

21) Imagino que en algunos momentos habrá habido voces interiores que te habrán dicho “loco, ¿qué estás haciendo?”
Y sí. Claro que las tuve.

22) ¿Estás vacunado?
Siento que estoy vacunado pero siento también que soy débil. Estoy vacunado en la medida en que me abandono totalmente en manos de Dios y quien lo hace en forma auténtica sabe que Dios no abandona a sus amigos. Pero sí puedo decir que he tenido mis momentos de dudas, he vivido tragedias en la vida, alguna reciente, que me han hecho cuestionar muchas cosas y sin embargo una y otra vez me encuentro con que Dios está ahí bancando, como un “segunda línea”, como un amigo de verdad.

“Poder decirle a alguien que perdió la esperanza que todavía puede seguir luchando, que esto no terminó acá, que no está solo… eso me hace feliz”
23) Te iba a preguntar justamente si has tenido golpes duros. No sé si querés contar sobre eso.
Sí, he tenido golpes duros, pero prefiero no compartirlos.

24) Hay personas creyentes a las cuales un golpe emocional les hace cuestionarse la existencia de un Dios, hace tambalear sus certezas. ¿Fue tu caso alguna vez?
Bueno, he tenido diferentes tipos de golpe, quizás algunos más duros que otros. Honestamente, hubo golpes que me hicieron aferrarme más a Dios y hubo otros que en realidad me hicieron cuestionarlo, enfrentarlo y decirle: “¿Dónde estabas? ¿Cómo es posible esto después de todo lo que hablamos?” Y sin embargo, uno se da cuenta después cómo eso a la larga termina siendo berrinche de un niño chico que no es capaz de comprender la grandeza de Dios. Cuando uno se abandona en manos de Dios, aun en las grandes dificultades, quizás en el momento no lo entendés, pero seguro va a llegar el momento en que lo hagas.

25) Si yo te digo ahora: “no Gordo, Dios no existe”. ¿Qué me decís?
Primero, respeto tu opinión, pero yo lo he experimentado de tal forma que no me mueve. Cuando alguien se quema con fuego, por más que vengan todos los químicos que quieras y te expliquen acerca de la combustión y te digan que en realidad el fuego es algo que no existe materialmente… escuchame, decime lo que quieras, pero yo me quemé, tengo la llaga. Quizás no tengo respuestas para explicártelo pero nada ni nadie me ha hecho tan feliz como esta profunda amistad con Jesús. Y es lo que me mueve a todo.

26) ¿Qué es Dios?
Diría quién es Dios, en todo caso. Para mí es un amigo, un amigo de verdad. Vivo una relación profunda con una persona a la cual le hablo, le pido, de la cual experimento sus respuestas. Veo las huellas de Dios en la gente humilde, pero también en la generosidad de gente que muchas veces de manera anónima apoya heroica y silenciosamente a otras personas, sin que se enteren. Eso lo admiro. En esos detalles veo la mano de Dios.

27) ¿Cómo ves la movida feminista y en particular la manifestación del 8 de marzo?
Como algo muy positivo, creo que se logró una movida grande. Creo que es una causa digna la reivindicación de los derechos de la mujer pero honestamente tengo que decir que por algunas minorías dentro de esa gran movilización, me sentí ofendido y en parte discriminado. Creo que la mayoría ni se enteró de lo que hicieron algunas minorías frente a la catedral, por ejemplo. Cuando alguien lucha por erradicar la violencia no lo tiene que hacer con violencia, cuando pide respeto no lo tiene que hacer faltando el respeto, cuando lucha por la igualdad no lo tiene que hacer discriminando. Repito que fueron unas minorías que se colgaron de esta gran causa. Como miembro de la Iglesia me siento herido. Acá fue bastante light, pero no sé si viste lo que pasó en Argentina: una chica actuando de María y abortando al niño Jesús. Te das cuenta lo que eso puede significar para nosotros.

28) No te voy a preguntar tu posición frente al aborto porque como miembro de la IglesiaCatólica es evidente. Pero ¿ves algo positivo en la ley que regula la interrupción voluntaria del embarazo?
Me cuesta verle el lado positivo. Pero sé que hay un drama detrás de cada situación y sea cual sea la decisión que adopte una mujer, nunca voy a dudar en acompañarla y aconsejarla. Yo estoy a favor de la vida y siempre voy a pelear por la vida y voy a estar del lado del más indefenso.

“Es una causa digna la reivindicación de los derechos de la mujer, pero por algunas minorías me sentí ofendido y en parte discriminado”
29) ¿El celibato puede ser un estado natural del ser humano?
No, creo que es una opción, en la cual uno elige llevar una vida que puede no ser natural, pero en la que hay una fuerza sobrenatural más grande, que es Dios, que te mueve y te invita a vivirlo. Para mí sería muy difícil vivirlo si no fuera por Dios que me da la gracia de hacerlo.

30) Sin adjudicar al celibato la responsabilidad por los casos de pedofilia conocidos en la Iglesia, ¿no crees que puede influir?
Yo tengo 27 años y llevo esta vida desde que entré al Seminario y… no sé qué decirte, solo que es posible. Hay tantos que lo han vivido de esta manera. Hay gente que se priva de comer cosas… hay tantas privaciones. Entiendo que en la sociedad en que vivimos es chocante, en una sociedad tan erotizada decir que por amor a Dios uno quiere vivir una vida célibe, suena hasta escandaloso. Pero te digo que yo no lo podría hacer si no fuera gracias a Dios. Por supuesto que también tiene un entrenamiento; hay condiciones naturales pero también hay que entrenar en la oración, en la mirada, cómo mirás, con qué ojos… en las conversaciones. ¡No te podés meter en Chihuahua! Pero yo no me siento en absoluto un tipo castrado ni infeliz por eso. Evidentemente entró dentro de mi cuestionamiento, pero no solo por lo genital sexual, sino por el hecho de renunciar a una pareja.

31) Trabajás en ambientes de pobreza muchas veces extrema. ¿De qué es resultado la pobreza?Muchas veces de la injusticia, muchas veces del pecado de avaricia, del querer tener más, mirar nuestro propio ombligo y no ser capaces de ver otras realidades. Pero también a veces la pobreza depende de los horizontes de valores que la persona tenga. Y para eso es importante la educación y es importante la aceptación. Que tengan posibilidades. Porque alguien que no tiene acceso a la educación y no se siente aceptado termina buscando caminos que en definitiva lo llevan a deshumanizarse y a seguir viviendo en una pobreza indigna.

32) Trabajaste en la Colonia Berro. ¿Qué encontraste ahí?
Encontré chicos que no han tenido oportunidades en sus vidas, que se han criado viendo una realidad y han recreado lo que aprendieron. También vi otros que no, que tienen unos padres que han luchado toda la vida por ellos, se han deslomado para sacarlos adelante pero quizás esos gurises se han dejado ganar por las drogas, por otras maneras fáciles de hacer dinero y terminan donde terminan. Me encontré con muchos chicos que querían salir adelante, cambiar, y por otro lado me encontré con algunos que no, que se veían totalmente entregados, que no cambiarían su realidad por nada.

33) ¿Crees, en el caso de estos últimos, que es posible su rehabilitación?
Creo que es difícil. Trato de medir las palabras… creo que es difícil y más cuando los medios que nosotros ponemos para una rehabilitación no siempre son los suficientes. Pero creo que es posible. Si no lo creyera no iría y tampoco estaría acá.

34) ¿Qué hacías concretamente en Berro?
Iba con el tema del rugby, antes de que surgiera Pelota al Medio a la Esperanza, y lo utilizaba para trasmitir valores. Muchas veces me pasó que los gurises no querían salir a jugar y querían quedarse charlando. El living le decíamos: armaban los troncos, preparaban los mates… Te digo que viven encerrados y sin embargo lo que querían era hablar, escuchar, soñar, proyectarse. Y no volaba una mosca. Tengo una anécdota al respecto.

“Como cura, mañana me va a tocar acompañar tanto al asesinado como al asesino. Es todo un desafío, porque detrás de cada uno hay una historia”
35) A ver.
Una vez fui con un futbolista y jugamos un partido de fútbol. Él no podía jugar porque era un día antes de la concentración en su equipo, pero hizo de árbitro. Los gurises copados, y cuando terminó el partido él les agradeció a todos por haberlo recibido.

36) ¿No querés nombrarlo?
Siempre me pide reserva, por eso prefiero respetar. De repente uno levanta la mano y dice: “Corte que yo le tengo que decir algo a usted. Yo robé su casa y le quiero pedir perdón”. Se hizo un silencio, no volaba una mosca. Este loco, a lo capitán, lo miró, lo señaló con el dedo y dijo: “¿Sabés qué? Te perdono. No lo vuelvas a hacer más, pero te perdono. A mí el de arriba me perdonó tantas cosas, cómo no te voy a perdonar”. Le habían entrado a su dormitorio, le habían afanado cosas de mucho valor afectivo, y sin embargo tuvo esa grandeza.

37) ¿Ahí termina la anécdota?
No. Allá otro levantó la mano. Yo dije “bueno, acá se pudrió todo”. Y dice: “Corte que yo le quiero decir algo también. Cuando usted le dijo a él que lo perdonaba, yo también me sentí perdonado. Porque nosotros no siempre tenemos la posibilidad de ir y pedirle así, frente a frente, perdón a la gente que le hicimos daño”. Te lo cuento y me erizo. Y ese perdón de alguna manera se desparramó ahí. Es algo difícil perdonar, y también pedir perdón. Yo no sé cómo enseñaron en la casa a este chico, si le enseñaron a pedir perdón. Sin embargo se sintió querido por este loco, se sintió respetado, se sintió alguien y no dudó en aprovechar esa oportunidad.

38) Uno de tus libros está prologado por Diego Forlán. Ahí él dice que lo conmovió la anécdota del diariero. ¿Cuál es esa anécdota?
Cuando iba al Juan XXIII, todas las mañanas llegaba caminando y en la esquina de Colonia y Gaboto armaba su puestito un diariero. Él guardaba sus cosas en un carrito frente al Juan XXIII, y para armar su quiosco tenía que empujar el carrito por Gaboto, en subida. Al tipo le complicaba la vida, era un tipo grandote y con problemas se veía de artrosis… empujar el carrito le llevaba 40 minutos fácil. Entonces un amigo, rugbista también, todas las mañanas iba y le empujaba el carro, lo hacía en dos patadas. Y el diariero iba al lado caminando con una sonrisa. Pero este pibe se empezó a cuestionar si seguir haciéndolo o no, porque a esa hora pasaban muchas chicas que iban al Juan también. Y le daba vergüenza que lo vieran empujando un carrito. El diariero enfermó gravemente y al tiempo falleció, pero le dejó una cartita por medio del cuidacoches a mi amigo, que decía: “Soy solo en la vida, no tengo familia, pero usted todos los días me hacía sentir alguien. Le estaré eternamente agradecido. El diariero”. La conclusión podría ser: “siempre que se trate de hacer algo bien, que no te importe lo que digan los demás, hacelo”.

39) Supongo que en tu entorno, cuando trabajás con gente en las cárceles o en los lugares de reclusión para menores, hay quien te dirá, como escuchamos y leemos frecuentemente, en tono de reproche: “Se preocupan por los derechos humanos de los delincuentes”. ¿Cuál es tu respuesta?
Yo entiendo y respeto que alguien piense de esa manera, porque alguna vez quizás yo pensé igual. Solamente pude entenderlo y mirarlo con otros ojos cuando conocí esa realidad de cerca. Y te das cuenta de que lamentablemente hay muchas razones por las cuales la gente está ahí y a nosotros nos sale muy fácilmente generalizar y meter todo dentro de una misma bolsa. Si verdaderamente queremos crecer como sociedad tenemos que luchar por los que la vienen peleando desde atrás. A veces eso va en desmedro de los que van adelante, con logros que nos enriquecen a todos, pero creo que cuando nos preocupamos de los menos privilegiados es cuando crecemos colectivamente. Me ha tocado hablar con gente que ha perdido familiares por homicidios, como también con gente que está del otro lado.

40) Cuando decís “del otro lado” te referís a gente que cometió delitos o sus familiares.
Mirá, te cuento un caso muy fuerte. El Facebook se presta para todo. Una vez me llegó el mensaje de alguien que había perdido un familiar en una rapiña y me contaba todo lo que estaba viviendo internamente por esa pérdida. Pero resulta que el ladrón había sido abatido, murió en el intento de rapiña. Y por el lado de la familia de este joven me llegó también un mensaje, de la madre, que decía: “Esto es muy doloroso para toda la familia, primero por su muerte y después por cómo se dio, pero cada vez que alguien festeja su muerte para mí es como un cuchillo en el corazón, que lo vuelve a matar”. Esa es la otra realidad: una señora que trabajaba como empleada doméstica y su hijo terminó de esa manera. A veces la fe me ayuda a tener ojos para intentar acompañar las distintas realidades, aunque muchas veces nos sale ponernos de jueces. El papa Francisco nos invita a tener ojos de buen pastor. Como cura, mañana me va a tocar acompañar tanto al asesinado como al asesino. Es todo un desafío, porque detrás de cada uno hay una historia. Es difícil, pero yo creo que el cambio es posible.

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Fotos: Gerardo Carrasco