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" En muchas naciones el #COVID19 aún está causando numerosas víctimas. Deseo expresar mi cercanía a estos pueblos, a los enfermos y a sus familiares, así como a todos aquellos que los que los cuidan. "
Papa Francisco

Noticeu “Ir mar adentro”: el desafío para los cristianos de Uruguay hoy según el Cardenal Sturla

Foto de Opus Dei

En varios templos de Montevideo se celebró la fiesta litúrgica, aunque con público limitado de acuerdo al protocolo sanitario vigente.

La Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Cordón, fue en Uruguay, el escenario de la principal celebración en la fiesta de San Josemaría, fundador del Opus Dei, presidida por el Arzobispo de Montevideo, Cardenal Daniel Sturla.

Los fieles que lo acompañaron siguieron con devoción la ceremonia, aunque este año pautada por las restricciones adoptadas para combatir la pandemia de Covid-19.

El Cardenal Sturla inició su homilía recordando que un año atrás estaba celebrando la Fiesta de San Josemaría en la iglesia de San Eugenio en Roma, junto Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei.

Luego dedicó unas cariñosas palabras a los fieles del Opus Dei: “Es una alegría para mí acompañarlos con tantos amigos que tengo de la Obra, con la admiración por el bien que hacen…”

Textos de san Josemaría contenidos en el libro “Amigos de Dios” se convirtieron en parte medular de su homilía, que finalizó con una invitación: ” Tenemos que encontrar la cuerda sensible al bien, el espacio por dónde entrar… al alma de las personas para poder anunciar a Cristo”.

Foto Opus Dei

A continuación incluimos la homilía completa.

Queridos amigos:

Una alegría celebrar juntos esta misa en la fiesta de San Josemaría. Saludos a Mons. Carlos Mª González y a todos los integrantes del Opus Dei aquí presentes y a los que nos siguen por las redes. ¡Feliz día!

El año pasado lo celebré en la Basílica de San Eugenio asistiendo a la santa misa que presidía el Prelado de la Obra Mons. Fernando Ocáriz. Desde allí me uní a la celebración en la catedral de Montevideo.

Es una alegría para mí acompañarlos con tantos amigos que tengo de la Obra, con la admiración por el bien que hacen y en estos años como parte de la grey que me ha sido confiada como pastor de la Iglesia de Montevideo.

Hoy de mañana escuchaba en un videíto la voz de san Josemaría, respondiendo a la pregunta de una rioplatense cuando su visita a Buenos Aires: “¿Qué quiere que especialmente hagamos sus hijos sudamericanos?”

La respuesta fue que debemos ser sembradores de esperanza, de paz, de alegría. Hermanos de todos, con los brazos abiertos… a los de derecha e izquierda, ser personas de entendimiento, de acuerdos… y terminaba diciendo una frase que titula el videíto: “hay muy poco tiempo para amar”…

Los santos han sentido la urgencia de amar. Cuando tenemos poco tiempo y cosas necesarias que realizar se transforman en urgencias. San Pablo lo expresaba así: “el amor de Cristo nos apremia, nos urge…“

Esta es la experiencia que también queremos hacer en Montevideo… vivir la urgencia de amar. Es la urgencia que nos lleva a salir a dar un plato de comida caliente, o la urgencia de fundar experiencias educativas como Los Pinos que dan esperanza a tantísima gente… es la urgencia de formar familias sanas y santas, y de educar del mejor modo a los chicos desde inicial hasta la universidad…

Pero sabemos que la mayor urgencia de nuestra sociedad ¡es CRISTO!

Esta es la necesidad mayor…

Se necesita Cristo para dar raíces fuertes a nuestros niños adolescentes y jóvenes
Se necesita Cristo para sostener a las familias
Se necesita Cristo para ser generosos en la transmisión de la vida
Se necesita Cristo para superar la fragmentación social de este Uruguay querido
Se necesita Cristo para dar alivio a los enfermos y esperanza a los que se van de este mundo
Se necesita Cristo para santificar el trabajo de cada día y para hacer de modo extraordinario lo ordinario
Se necesita Cristo para ir al cielo, que es el destino para el que fuimos creados…
Esta urgencia de Cristo la vemos plasmada cada día. Y si nosotros no damos a Cristo, vendrán otros a hacerlo a su modo, o vendrán otras propuestas que deshumaniza; o vendrá la noche de la desesperanza y la tristeza que invade la sociedad…

El evangelio que escuchamos de la pesca milagrosa, es propio de la fiesta de San Josemaría y nos llama a la conversión.

El mismo san Josemaría la comenta en una homilía de la década del 50 (“Para que todos se salven”, en “Amigos de Dios”):

“Jesús, al salir a la mar con sus discípulos, no miraba sólo a esta pesca. Por eso, cuando Pedro se arroja a sus pies y confiesa con humildad: apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador, Nuestro Señor responde: no temas, de hoy en adelante serán hombres los que has de pescar. Y en esa nueva pesca, tampoco fallará toda la eficacia divina: instrumentos de grandes prodigios son los apóstoles, a pesar de sus personales miserias.

También a nosotros, si luchamos diariamente por alcanzar la santidad cada uno en su propio estado dentro del mundo y en el ejercicio de la propia profesión, en nuestra vida ordinaria, me atrevo a asegurar que el Señor nos hará instrumentos capaces de obrar milagros y, si fuera preciso, de los más extraordinarios”.

Y concluye San Josemaría:

“Dios quiere que todos se salven: esto es una invitación y una responsabilidad, que pesan sobre cada uno de nosotros. La Iglesia no es un reducto para privilegiados” ¡Cómo me gusta esta expresión de San Josemaría! Yo suelo repetir que “la Iglesia no es un club de perfectos”.

Sigue San Josemaría“ ¿Acaso la gran Iglesia es una exigua parte de la tierra? La gran Iglesia es el mundo entero. Así escribía San Agustín, y añadía: a cualquier sitio que te dirijas, allí está Cristo. Tienes por heredad los confines de la tierra; ven, poséela toda conmigo. ¿Os acordáis de cómo estaban las redes? Cargadas hasta rebosar: no cabían más peces. Dios espera ardientemente que se llene su casa; es Padre, y le gusta vivir con todos sus hijos alrededor.”

Este es el desafío para los cristianos de Uruguay y de Montevideo hoy. Tenemos que ir mar adentro. Profundizar en la realidad de nuestra sociedad para saber descubrir por dónde hoy en este Montevideo socialmente fragmentado tenemos que encontrar la cuerda sensible al bien, el espacio por dónde entrar… al alma de las personas para poder anunciar a Cristo.

Nos auxilie la poderosa intercesión de la Santísima Virgen María a la que san Josemaría tanto amaba e interceda por nosotros para hacer realidad el sueño de una vida entregada al Señor.

Fuente: https://opusdei.org/es-uy/article/el-card-sturla-presidio-la-misa-en-la-festividad-de-san-josemaria/