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La Iglesia en los medios Iglesia designa a un nuevo exorcista

EL PAÍS |

Monseñor Cotugno autorizó a un sacerdote, pero su nombre es un «secreto»

Las autoridades eclesiásticas mantienen en secreto la identidad de un sacerdote a quien el anterior arzobispo de Montevideo, monseñor Cotugno, autorizó a realizar exorcismos. El padre Julio Elizaga dejó de practicar el ritual el año pasado.

elizaga

eEl padre Julio Elizaga dejó de realizar exorcismos en 2013. Foto: F. Flores

 

EDUARDO DELGADO

«¡Espíritu del mal: en nombre del Todopoderoso Jesucristo, te ordeno que salgas de ella!».

Esa la frase que el padre Elizaga -el párroco con más experiencia en Uruguay- pronunció y reiteró en cada una de las decenas de exorcismos que llevó a cabo en Uruguay, la mayoría a mujeres jóvenes, cuyos familiares o amigos cercanos sospechaban que estaban poseídas.

Pero en febrero de 2013, como consecuencia de un infarto cerebral, perdió parte de la visión y, por recomendación médica, dejó la tarea de hacer exorcismos. En una charla con El País, recordó que el primero que realizó fue en 1970 -tres años antes de que se estrenara la célebre película El exorcista-, con la autorización de monseñor Carlos Partelli. Luego, lo autorizaron sus sucesores, José Gotardi y Nicolás Cotugno.

No solicitó autorización a Daniel Sturla, ya que dejó de practicar el rito, pero espera que el actual arzobispo autorice a otro cura a realizarlos.

«Ahora monseñor Sturla tendrá que designar a otra persona para que haga los exorcismos», dijo a El País.

Consultado, Sturla dijo que su predecedor Nicolás Cotugno autorizó a Elizaga, y a otro sacerdote, a realizar exorcismos, pero se negó a revelar el nombre del otro cura.

Cotugno confirmó que autorizó a otro sacerdote a hacer exorcismos, pero también se negó a comunicar su nombre ya que, dijo, «es un tema que hace a la vida interna de la Iglesia».

Los excorcismos «están previstos» por la Iglesia como rituales, dijo Sturla; y, de hecho, «en todo bautismo hay una oración para expulsar del mal».
El juego de la copa.

Otro sacerdote que hizo al menos un exorcismo en Uruguay es el argentino Fabián Barrera, del Santuario de la Medalla Milagrosa, en la Unión.

En enero de este año, Barrera exorcizó a una adolescente argentina que viajó especialmente con su familia a Montevideo. Sostenían que estaba poseída por jugar al «juego de la copa». El caso tuvo repercusión en medios de comunicación argentinos y, según fuentes de la Iglesia, a Barrera se le prohibió seguir realizando exorcismos en Uruguay.
Entrevista.

Hace poco más de un año, en un blog de Internet se publicó una curiosa anécdota a raíz de una entrevista realizada al padre Elizaga.

El autor refirió que, después de tres horas de grabación -en las que comprobó que el aparato funcionaba sin problemas- al intentar reproducir la conversación, lo único que se escuchaba en la grabación era el sonido de la estática.

Este periodista entrevistó a Elizaga el pasado martes, durante 45 minutos, en la misma sala donde solía realizar los excorcismos, en la parroquia de Belén (Malvín Norte).

El aparato estaba claramente con la luz roja encendida, lo que indica que está grabando. Sin embargo, al salir del lugar y revisar la pista del grabador, solo se escuchaba la estática.

Aunque la coincidencia era extraordinaria, el periodista pudo grabar por teléfono, horas después, una conversación en la que Elizaga se comunicó desde otro lugar de la parroquia.

El sacerdote separa en tres tipos las solicitudes de exorcismos que le llegaron, por centenares, durante 40 años. El primero son las personas con problemas psicológicos que deben ser tratados por un psicólogo o un psiquiatra. Relató que cuando una persona llega por su propia voluntad pidiendo ser exorcizado, sabe que no corresponde hacerlo porque «nadie que esté poseído lo haría».

El segundo tipo son los casos «paranormales», en que una persona tiene un «escape de energía psíquica» de manera subconsciente por un desajuste emocional y mueve objetos.

Según Elizaga, estos «no son síntomas demoníacos» y muchas personas confunden estas situaciones, como las llamadas `casas encantadas`, en las que se mueven objetos, donde «siempre hay una persona presente que tiene escape de energía psíquica a nivel subconsciente», explicó.

Dijo que estos fenómenos se dan especialmente en adolescentes y que él fue testigo de varios casos. En uno voló un cuadro dos veces por encima de él y en otro, un «bomberito».

El tercer tipo son aquellos que él considera que hay posesión del mal, y en el que la única solución es un exorcismo.
Insultos.

Recordó que en varios de los exorcismos que practicó, recibía escupitajos dirigidos a su frente o a su corazón, y que el insulto que más se repetía era «¡Cura maldito!». Mencionó que por lo general, los individuos exorcizados hablan en tercera persona. «Ella me pertenece y no te la daré», rememoró que le gritaba una joven.

Uno de los rituales más extraños que realizó fue a un preso, en una comisaría. Agentes policiales llegaron hasta su parroquia con un documento que indicaba que una persona encarcelada estaba desacatada y no la podían controlar.

«Fui hasta la seccional para atender a ese detenido. Pedí que lo sujetaran, pero no era el lugar indicado y otras personas podían asustarse. Solicité entonces que la trajeran a la parroquia, y aquí terminamos el exorcismo».

Solo hubo un caso que no pudo concluir con éxito, recordó Elizaga. Se trataba de una muchacha a la que sus familiares trajeron a la parroquia. Entre los síntomas de posesión, se destacaba que tenía poderes de adivinación. Sus padres decidieron no llevarla a otras sesiones y comenzaron a cobrar por las adivinanzas que realizaba, relató Elizaga.
Encuentro con Amorth, exorcista del Vaticano

El Vaticano reconoció jurídicamente a la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE) este año.

El cura Julio Elizaga no integra esa organización, pero a fines de los 70 conoció a su fundador, Gabriele Amorth. El encuentro fue en la Scala Santa de Roma, donde atiende el afamado exorcista. Amorth lo recibió unos minutos, le preguntó de qué país venía, cuántos exorcismos había hecho y cómo los realizaba

«Me insistió: no te olvides nunca de hacer una oración de protección antes de hacer un exorcismo, para que no vayas a ser atacado», rememoró Elizaga. Dijo que hacer exorcismos «me saca mucha energía, termino cansado y la persona exorcizada queda cansada también, aunque no se da cuenta de lo que pasó. Oscilan, pasan un rato con esa personalidad y poco a poco comienzan a recuperar la suya, no saben qué les pasa y están agotadas». Elizaga ha visto buena parte de las películas que incluyen exorcismos y, según él, la mayoría de las ceremonias tienen un fundamento real pero contienen exageraciones. «No se levantan en el aire ni dan vuelta la cabeza; eso es obra de Hollywood, para llamar más la atención».

Elizaga fue el primer cura de la renovación carismática en Uruguay, la que definió como «un movimiento dentro de la Iglesia que reúne a más de 120 millones de católicos y que acentúa la acción del Espíritu Santo en la vida de las personas». Hoy tienen presencia en todas las regiones del país.