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La Iglesia en los medios “Hay más jóvenes en las parroquias y tiene que ver con el efecto Francisco”

EL OBSERVADOR |

Magdalena Cabrera twitter.com/@magcabreran

El arzobispo de Montevideo dijo que el papa “quiere mucho” a Uruguay y que tiene ganas de visitarlo

Cardenal Daniel Sturla . M. I. Hiriart

Cardenal Daniel Sturla . M. I. Hiriart

Recién llegado de Paraguay, a donde viajó para acompañar al papa Francisco en su gira por algunos países de América Latina, el cardenal y arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla recibió al El Observador en su despacho de la arquidiócesis. Habló de la preocupación de Francisco por Uruguay y de la impronta que este ha marcado en la iglesia uruguaya. Además, se refirió a su propuesta de crear un sistema integrado en la educación pública y privada, días antes de que el MPP propusiera limitar las donaciones a los liceos públicos de gestión privada, como el Jubilar, que depende de la arquidiócesis de Montevideo.

¿Con qué mensaje de Francisco volvió de Paraguay?

Lo primero es cómo el papa sabe unir el evangelio con la vida. Clarísimo fue en el encuentro con los jóvenes, donde el papa dejó de lado el discurso que tenía preparado y habló a dos jóvenes de acuerdo a su planteo de vida, dos situaciones dramáticas. Les dejó un mensaje muy cercano a la vida, uniendo el evangelio, las bienaventuranzas y la vida. Esa creo que es la clave del papa Francisco.

¿Se reunió con él de forma personal? ¿Qué le dijo?

No tuve una reunión personal con él. Estuve cuatro o cinco veces muy cerquita. Y lo saludé. Por supuesto que le dije que lo esperamos en Uruguay en 2016.

¿Viene seguro?

Es casi seguro, pero todavía no está definido. No podemos darlo como un hecho. El canciller (Rodolfo) Nin Novoa, que fue a la misa del domingo, le entregó una carta del presidente (Tabaré) Vázquez, invitándolo personalmente. Creo que lo mismo deberán hacer los otros dos gobiernos (Argentina y Brasil) y ahí recién se intentará poner una fecha. Tiene ganas de venir. El papa a nosotros nos quiere mucho y eso lo demuestra de muchas maneras.

¿En qué se nota?

A más de uno le dice: “Acordate de Uruguay”. A amigos argentinos que están acá, en Uruguay, les ha manifestado su aprecio por la Iglesia uruguaya, al nuncio apostólico también. Nos quiere mucho porque nos ve como una iglesia que vive pobremente y austeramente y eso al papa le llega mucho.

En los encuentros que ha tenido con él, ¿le ha transmitido alguna preocupación especial por el país o por la iglesia uruguaya?

El año pasado cuando charlamos yo le planteé una serie de cuestiones y él me escuchó y me dijo: “Aquí hay principios de parte de la enseñanza del papa, pero son ustedes después los que tienen que ver cómo lo aplican en la realidad concreta de Uruguay”. Eso me gustó mucho porque fue un respaldo grande a los obispos uruguayos porque la realidad de cada país es distinta.

¿Qué tema le planteó?

Eran temas que sobre todo el año pasado estaban muy en boga, como por ejemplo, la legalización de la marihuana.

El año pasado se dieron a conocer cifras de participación de los fieles en la iglesia y daban cuenta de que la presencia en misa de los católicos había bajado 51%.

Sí, no solo en misa, en el culto católico, en la participación de los sacramentos la disminución era muy fuerte. Tendríamos que esperar cinco años para hacer nuevamente una medición y ver qué ha pasado en estos años.

¿A simple vista en las parroquias hay más gente?

Mi impresión es que sí. Hay más gente y más jóvenes.

¿La presencia de los jóvenes ha crecido en los últimos años entonces?

Creo que hubo una disminución global, pero en estos años se está revirtiendo. Pero habría que medir dentro de unos años.

¿Y a qué lo asocia?

Creo que en parte tiene que ver con el efecto Francisco. Y hay otra parte que tiene que ver con que los jóvenes buscan cosas que les llenen la vida. Y cuando tienen la posibilidad de descubrir lo que es de verdad Jesucristo, las posibilidades que la Iglesia brinda de encuentro con él, de espiritualidad y de servicio, muchos jóvenes se sienten convocados, amados y participan activamente en la vida de la Iglesia.

¿Los jóvenes y la educación son temas que le preocupan especialmente?

Sí, tenemos una situación en la educación que es muy compleja. La Iglesia tiene una larga experiencia en el ámbito educativo. Lo que yo digo es, pongámonos todos de acuerdo y hagamos que el centro sea el chiquilín, sobre todo el adolescente, que es donde se observan las mayores fallas del sistema. Pareciera que cuando hablo de esto, hablara solamente del tema económico y no es así. Uno de los elementos es cómo el Estado da cumplimiento al artículo constitucional que señala que los padres tienen libertad de elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos. Este es un artículo de la Constitución que puede cumplir la gente que tiene dinero, pero no los que no tienen. Esto en el mundo tiene diversas formas de solución, no estamos inventando la pólvora.

¿Qué propone?

Así como existe el Fonasa en la salud, ¿por qué no se puede hacer lo mismo en la educación? En Uruguay se ha hecho una contribución enorme entre el Estado y la sociedad civil a través del Instituto del Niño y Adolescente para brindar atención a chicos carenciados, clubes de niños, los CAIF y clubes juveniles. ¿Esto mismo no se puede trasladar a la educación formal? ¿Qué es lo que lo impide, si el Estado ya lo hace a nivel de estas instituciones? Para mí, es solo un prejuicio.

¿Por qué un prejuicio?

Porque cada vez que la Iglesia señala esto se le da con un palo, diciendo que la educación es laica, que hay que defender la enseñanza pública y que la iglesia lo que pide es plata. Se cae en estos tres clichés. La educación es un tema privado siempre porque se trata de particulares. Los chicos no pertenecen al Estado. Los chicos son personas libres en un país libre. La educación no es un tema de público o privado, es un tema cuyos principales educadores son los padres, que son privados. Y hasta el dinero con el que cuenta la educación pública viene de los privados, que son los impuestos. Dejémonos de hacer un merengue con ese tema y defendamos la verdadera laicidad, que es la pluralidad.