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La Iglesia en los medios Halloween, Día de los Muertos, tradiciones para un mundo globalizado

UNOTICIAS |

Cuando las fiestas de Halloween llegaron a Uruguay, no fueron muy bien recibidas, al principio fue en las facultades, luego en las escuelas y ahora todos celebramos Halloween sin conocer sus orígenes. El Día de los Difuntos, para los uruguayos es el 2 de noviembre (que está relacionado con el santoral católico), pero para México con una larga tradición en esta celebración es el 1º y el 2 de noviembre, y es cuando los muertos tiene permiso para regresar a disfrutar de las ofrendas de sus familiares.

Halloween es una fiesta pagana, una reunión que supuestamente realizaban las brujas y brujos con los muertos, una fiesta tras invocar a los muertos, y se produce en la noche anterior al Día de los Muertos. Se trata de una tradición celta, que al parecer cruzó el Atlántico, con los primeros colonos del norte de América.

El Día de los Muertos en cambio tiene que ver con un ritual aparentemente precolombino en América, practicado por civilizaciones como la azteca y maya, que luego continúo en México adaptándose a los cambios de la conquista y que al día de hoy sigue teniendo tanta vigencia como en el pasado.

Las celebraciones varían en distintos países de latinoamérica, pero lo que se mantiene tanto en Halloween como en algunos Día de los Muertos son los disfraces, las fiestas y la diversión de los más pequeños.

Lo interesantes es que el Día de los Muertos como es celebrado en México, llama a atención no sólo del continente sino de todo el mundo. Porque mientras todos los cristianos recorren cementerios y lloran a sus muertos, y le dejan ofrendas florales, los mexicanos van al cementerio a buscar a sus muertos para llevarlos a sus casas, para compartir entre tequila y confites especiales el día con la familia.

El Día de los muertos, es un sólo día al año, cuando los muertos tienen permiso de abandonar el Mictlán, la tierra de la muerte, para regresar a este mundo a visitar a sus querencias y disfrutar los manjares que han sido dispuestos en las ofrendas para ellos.

Pero es sólo un día, el Día de Muertos. Después tendrán que regresar a las tinieblas y esperar al próximo año cuando sus vivos los recuerden… o se les unan en la oscuridad.

El Día de Muertos en México es uno de los festejos que más curiosidad provoca en el mundo: la muerte está concebida como un momento de tristeza y pérdida, ¿y quién quiere celebrar eso? Puede sonar extraño, pero para los mexicanos es una fiesta de nostalgia y regocijo. El 1º de noviembre regresan los niños; el 2 de noviembre, los adultos. Hay que tener listo el altar con dulces y juguetes para los pequeños; con cigarros y tequila para los grandes.

El origen de la celebración ha causado polémica entre los investigadores. La mayoría afirma que se trata de una fiesta prehispánica que los pueblos originarios vinculaban con la cosecha del maíz en agosto, pero al llegar los españoles, el sincretismo religioso la hizo coincidir con el santoral católico de Todos los Santos y los Fieles Difuntos.

Otras investigaciones señalan que los europeos ya tenían celebraciones para sus muertos incluso antes del descubrimiento de América.

Lo cierto es que el Día de Muertos hoy tiene un gran arraigo entre los mexicanos y sus descendientes. El altar, también conocido como ofrenda, se coloca en casa con representaciones de los 4 elementos: el papel picado representa al aire; las flores y la fruta, a la tierra; las veladoras, al fuego y el agua en sí misma servirá para mitigar la sed de los difuntos, que han recorrido un largo camino desde el Mictlán.

Las flores de cempasúchil añaden color a la ofrenda y guían a los muertos con su aroma hasta el altar. Una vez ahí, los difuntos se pasean, observan lo que familiares y amigos les ofrecen y se alimentan de los olores de la comida y la fruta.

Observan sus fotografías, sus platillos favoritos, las llamas angustiadas de las velas y quizá hasta recuerden algo de sus días de vivos.

Ese sólo día al año los muertos tienen permiso para recoger sus pasos y visitar sus antiguas casas, saber cómo están sus vivos. No importa cuánto hace de su ausencia, observan las calaveritas de azúcar, de amaranto, camote o cerámica donde está escrito su nombre. Y se saben entonces recordados.

El 2 de noviembre, pese al estado laico, en Uruguay es el Día de los Santos Difuntos, como corresponde al santoral católico y es feriado, más allá que este año sea domingo. Nuestros vecinos los argentinos recuerdan a sus muertos el 1º de noviembre que es el Día de todos los Santos, también según el santoral católico.