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La Iglesia en los medios Futbolistas, pintores y prostitutas: las caras de la indigencia en 18 de julio [de interés]

EL OBSERVADOR |
https://www.elobservador.com.uy/nota/futbolistas-pintores-y-prostitutas-las-caras-de-la-indigencia-en-18-de-julio-2019529191457

Los últimos datos disponibles hablan de más de 1.600 personas durmiendo en la calle, 600 de forma permanente.

El Ministerio de Desarrollo Social (Mides) presentará este jueves los datos de un nuevo censo sobre las personas que viven en la calle. Los últimos datos que se conocían son de 2016, cuando la cartera anunció que había 1.651 personas en situación de calle en Montevideo. Esa cifra supuso un aumento de 26% en comparación con 2011.

Unos 250 voluntarios del Mides recorrieron la capital en la madrugada del martes 9 de abril para hacer este sondeo, que según adelantaron las propias autoridades marcará un aumento respecto a 2016. Pero, según la cartera, además de actualizar los datos el último censo tuvo como objetivo profundizar en las historias de estas personas y las razones que las llevaron a esa situación.

En la noche de este martes, El Observador hizo una recorrida por la avenida 18 de julio para conocer cuál es la situación en una de las principales calles de la ciudad y que ha sido objeto de polémica luego de que en abril de este año el Mides pidiera al Banco República (Brou) que pusiera conos o vallara la fachada de la sucursal que está frente a la Plaza de los Bomberos.

Hace algunos meses la sede del banco se había convertido en el hogar transitorio de decenas de indigentes, que comenzaron a tener problemas entre ellos y también con quienes pretendían usar los cajeros. Aunque hoy ya nadie duerme allí, a lo largo de 18 de julio El Observador pudo constatar unas 30 personas que en las noches hacen de la avenida su hogar.

Además de varios conos naranjas puestos de forma simbólica sobre las escalinatas del Brou, dos guardias de una empresa de seguridad privada se encargan de custodiar la sucursal entre las 20 horas y las 6 de la madrugada. También se estaciona todas las noches por 18 de julio un móvil de la empresa. Los guardias no tienen potestad para retirar a las personas, pero su sola presencia ya es disuasiva. Desde que están allí -hace varios meses- tuvieron que avisar en dos ocasiones a las autoridades del Brou para que llamaran a la Policía. Si bien dejan que las personas se sienten unos minutos o coman, lo que no pueden es instalarse a dormir.

Ángela, de 75 años, es una de las personas que dormía en la sucursal del Brou hasta que los “drogadictos” que todas las noches se instalaban allí la terminaron echando. La mujer, que ejerció la prostitución desde los 18 años, ahora pasa las noches abajo de un comercio en 18 de julio y Gaboto. Terminó en esa situación hace algunos años, cuando su esposo falleció y la pensión dejó de alcanzarle. Como sucede en muchos casos, no quiere saber de nada con los refugios del Mides. La última vez que fue, según contó, le robaron todo y por eso no quiere volver.

Frente a la sede del Brou, en la Plaza de los Bomberos, también están Hugo, Ruben y Waldemar. Los tres duermen en la calle, pero antes de que llegue la madrugada paran en la plaza para hacer algo de tiempo. Ninguno quiere ir a los refugios y en la noche hay una especie de hermandad entre quienes duermen en la calle.

Hugo, por ejemplo, contó que era pintor y que llegó a trabajar en algunos edicios “de primer nivel” de la ciudad, como algunos diseñados por el arquitecto Pintos Risso. “Y después pasaron los años…”, respondió sobre las razones que lo llevaron a vivir en la calle. Según contó, le dijeron que los cupos en los refugios del Mides “están bravos” y que no hay lugar para alojarlo. Pero tampoco le entusiasma mucho la idea de ir a uno, ya que armó que tuvo una
“mala experiencia” cuando en uno de ellos le robaron sus cosas.

Ruben Marcenaro, hermano del histórico futbolista de Peñarol, Nelson Marcenaro, también duerme en la calle. El hombre de 69 años contó que hace varios días está tratando de contactarse con su hermano -campeón de América y del mundo con Peñarol en 1982 y con la selección en el Mundialito de 1980- pero que hasta ahora no tuvo suerte.

Hace algunas semanas le robaron el celular que tenía mientras estaba durmiendo en la calle. Él, al igual que su hermano, fue futbolista y jugó en la primera división de Uruguay, Argentina y España.  Tenía una casa en Montevideo y mientras estuvo en el extranjero la dejó a cargo de sus hermanos. Sin embargo, cuando volvió al país el Estado le embargó la propiedad porque nadie había pagado la contribución mientras él no estuvo. Así se quedó en la calle. Tuvo dos hijas, que hoy están en Argentina, rondan los veinte y no saben que su padre desde hace dos años no tiene un techo bajo el cual dormir. Ruben preere ahorrarles el disgusto. Al igual que los demás consultados, no va a los refugios porque dice que allí les roban sus cosas.

Waldemar, de 57 años, contó que se crió junto a la ministra Marina Arismendi en San Ramón, Canelones. El padre de la titular del Mides tenía un campo sobre la ruta 6, según comentó el hombre, que cuida autos en los alrededores de la Plaza de los Bomberos. En su caso, armó que tuvo que dormir en la calle porque hasta hace un año alquilaba un dormitorio en una pensión del Centro de Montevideo pero que de $6 mil pesos por mes le aumentaron a $8 mil y
ya no lo pudo pagar.

Apuntó que el único problema de dormir en la calle es la lluvia, porque lo demás se soluciona. No quiere ir a un galpón para dormir amontonado con otra gente, que además, según expresó, le falta el respeto al resto. Cuando el clima se hace difícil de afrontar en la calle, Waldemar alquila una habitación en algún lugar, a veces por un día y otras por un n de semana.

En el correr de la semana son varias las organizaciones e instituciones que se turnan para repartir comida por las noches en el Centro de Montevideo. Los lunes, por ejemplo, una iglesia se estaciona en la Plaza de los Bomberos para repartir comida. Los martes, por su parte, son los jóvenes de la residencia estudiantil de la Sagrada Familia los que se dividen en dos grupos para recorrer 18 de julio. En grupos de más de diez, unos se dividen hacia el Obelisco y otros hacia la Plaza Independencia.

En diálogo con El Observador, los jóvenes contaron que por semana cocinan entre 40 y 50 platos de comida para repartir en una noche. La distribución, por lo general, les lleva menos de una hora, porque la demanda es tan alta que los platos los colocan enseguida.