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La Iglesia en los medios Fútbol, sexo y religión (Sobre la película “El Bella Vista”)

EL OBSERVADOR |

El Bella Vista es un documental uruguayo ya reconocido en el exterior que mira a un lugar que ha sido tres cosas distintas

El viejo Bella Vista vuelve a las canchas en la película

Los diarios están llenos de historias que uno querría conocer más a fondo. Historias dramáticas, enternecedoras o bizarras. En ocasiones, algunas personas se quedan tan atrapadas que no pueden evitar ir más allá. Por ejemplo, el francés Albert Camus encontró la inspiración de su obra teatral El malentendido en un rotativo. Del mismo modo, la joven cineasta uruguaya Alicia Cano halló en la prensa nacional la punta del iceberg que más tarde descubriría en su primer documental, El Bella Vista.

Aquella noticia publicada en 2006 contaba cómo un antiguo prostíbulo de las afueras de Durazno había cerrado debido a las presiones vecinales, tras lo cual había sido convertido en una iglesia. Lo contradictorio, divertido y extraño de la situación llevó a la futura documentalista a investigar aquel espacio durante un año, para descubrir que anteriormente había sido la sede del Bella Vista, un clásico equipo de fútbol que, tras fracasar en repetidas ocasiones, terminó disolviéndose.

Aquel pequeño y viejo local conocido por todos como “El Bella Vista”, había sido testigo del crecimiento de un grupo de jóvenes “de pelo en pecho” que hoy rondan los sesenta años. Más adelante fue un boliche donde jóvenes y veteranos tomaban, jugaban al pool y se relacionaban con prostitutas transexuales, que a su vez encontraban en ese contexto un lugar donde sentirse liberadas. Finalmente, el sitio se volvió sede de una congregación religiosa.

Después de un hiato de dos años en los que estuvo estudiando y trabajando en Italia, Alicia Cano regresó a Uruguay y se preguntó cómo seguirían las cosas por el antiguo Bella Vista. Todo seguía igual, de modo que empezó a escribir el proyecto de un documental que quería no solo recrear la historia de aquella humilde construcción, sino también narrar las vivencias de algunas de las personas que pasaron por él.

Una de las primeras personas que Alicia encontró al iniciar la investigación fue Patón, presidente del Bella Vista Fútbol Club, que es considerado por los vecinos como una suerte de caudillo barrial. Por él conoció el primer uso que se le dio al edificio y, a través de otra gente, pudo acercarse a la antigua regenta del burdel y a varias de sus empleadas.

El relato se apoya en gran medida en dos de ellas: Fabiana, cuya historia de amor con un joven terminará siendo truncada por “el que dirán’; y Agustina, a cargo del hijo de una vecina que tuvo que dárselo para que lo cuidara por no tener recursos suficientes para mantenerlo.

A través de estos tres personajes, El Bella Vista retrata en clave de ficción documental varios años de un histórico lugar del barrio Durán en el cual todos los personajes, menos uno, se interpretan a sí mismos con pasmosa naturalidad. Amor, pasión y prejuicio se encuentran y dan cuenta de una cotidianidad donde conviven en tensión lo normal y lo marginal, todo siempre observado desde una mirada muy humana.

La combinación de una historia muy atractiva contada con tino, equilibrio y humor, una elaborada pero no pretenciosa propuesta visual y algunos diálogos y situaciones que, sin ser preparados, resultan brillantes, han llevado a este documental a las pantallas de más de 30 festivales en todo el mundo. Ya le ha valido varios reconocimientos, entre los que están el premio del público en el festival internacional de Valdivia y menciones del jurado en los festivales de La Habana, Mar del Plata o Zúrich. l

Andreu Belsunces Gonçalves – especial para El Observador

Más de 30

festivales de todo el mundo han proyectado la película de la uruguaya Alicia Cano