Iglesia al día

" En este tiempo de pandemia, que dejó sin efecto o en suspenso tantos proyectos personales y colectivos... damos, en primer lugar, gracias a Dios por todo lo bueno que hizo surgir en los corazones de hombres y mujeres de nuestra tierra. En todo ello encontramos motivos de esperanza. "
Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios Francisco, un papa nuevo y renovador [Opinión]

Semanario BRECHA |

ESCRITO POR: PATRICIA M FERREIRA LARRIEUX DESDE ROMA

La elección de un nuevo papa trae generalmente consigo una esperanza de renovación. En marzo de 2013, a las normales expectativas se sumaba el hecho de haber pasado por un difícil período de transición tras la renuncia de Benedicto XVI a fines de febrero. Me acuerdo todavía de la sensación de vacío que me daban las misas durante aquel período de sede vacante en las que, en la plegaria eucarística, se omitía el nombre del papa. En los días anteriores al cónclave, la prensa italiana hacía sus pronósticos y daba como favorito al cardenal Angelo Scola. Otros papables eran el brasileño Scherer y el ghanés Tukson. Finalmente, a las 19.05 del 13 de marzo de 2013 el protodiácono Jean-Luois Tauran anunció que el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio había sido elegido papa, adoptando el nombre de Francisco.

¿Francisco? En toda la historia de la Iglesia a ningún papa se le había ocurrido llamarse con el nombre del “Pobrecito de Asís”. El motivo lo explicó él mismo algunos días más tarde durante el encuentro con los representantes de los medios de comunicación. Dijo que durante las elecciones, en el momento del aplauso, el cardenal Hummes le susurró “No te olvides de los pobres”. Siguió contando Francisco: “Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís. Después he pensado en las guerras. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís”. Terminó la narración exclamando: “¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!”.

Ya desde los primeros momentos de su papado quedó muy claro que era un papa distinto, nuevo, renovador. Un papa que dice las cosas de manera sencilla pero con coraje, que le gusta estar con la gente y abrazar con ternura a los niños y por eso cambia el papamóvil blindado por un Jeep abierto. Un papa que renuncia a vivir en el apartamento pontificio, prefiriendo quedarse en la Residencia de Santa Marta, construida en 1996 para dar alojamiento a los cardenales durante los cónclaves.

Francisco es el obispo de Roma y nosotros somos su pueblo. Con su estilo sencillo y directo, lo primero que nos pidió al empezar este nuevo camino juntos es que rezáramos los unos por los otros y que rezáramos también por él. Estábamos acostumbrados a papas que hablaban siempre desde lo alto. Cuando Francisco nos habla está siempre en medio de nosotros, junto a nosotros. Nos habla con una claridad cristalina, con fuerza y con coraje, pero sin condenar.

Su típica espontaneidad sudamericana deja siempre un poco desconcertado al personal del servicio de seguridad. Rompe casi constantemente las reglas del protocolo y de la tradición. Hace subir personas al papamóvil, acepta un mate, baja del vehículo para bendecir a un discapacitado, va a rezar a la Basílica de Santa María la Mayor en un sencillo auto de la gendarmería vaticana.

Su interés por los últimos, por los marginados, no es solamente teórico: se manifiesta concretamente en decisiones como la de celebrar la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo en un centro penitenciario para menores de Roma. Allí Francisco le lavó los pies a un grupo de 12 jóvenes detenidos y les explicó el significado del gesto. Les dijo varias veces: “No se dejen robar la esperanza”. Cuando uno de ellos le preguntó, después de la celebración, por qué había ido allí, Francisco respondió con su característica sencillez: “Es un sentimiento que ha salido del corazón”. Y agregó: “Las cosas del corazón no tienen explicación; sólo salen”.

Eligió como meta de su primer viaje pastoral la isla de Lampedusa. Ubicada al sur de Italia, esta isla es uno de los principales puntos de entrada para los inmigrantes que tratan de ingresar al territorio de la Unión Europea, atravesando los poco más de 100 quilómetros que separan esa isla de las costas africanas en barcazas repletas de desesperación y que a veces zozobran antes de llegar. Francisco fue ahí precisamente para rezar por todos los inmigrantes muertos en el mar. Sacudió nuestras conciencias al hablar de la “globalización de la indiferencia” que nos lleva a acostumbrarnos al sufrimiento del otro y a perder la capacidad de llorar.

En setiembre de 2013 la situación en Siria se precipitaba y Francisco nos llamó a una vigilia de oración y ayuno por la paz. En la homilía nos hizo reflexionar sobre la paz y sobre la violencia. Dijo: “Cuando el hombre piensa sólo en sí mismo, en sus propios intereses y se pone en el centro, cuando se deja fascinar por los ídolos del dominio y del poder, cuando se pone en el lugar de Dios, entonces altera todas las relaciones, arruina todo, y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”. Nos convenció de que la paz es posible y nos pidió que nos convirtiéramos en hombres y mujeres de reconciliación y de paz.

Desde hace 18 años el 21 de marzo, además de ser el primer día de primavera en este hemisferio, es el día en que la Asociación Libera fundada por el padre Luigi Ciotti celebra la Jornada de la Memoria y del Compromiso para recordar a las víctimas inocentes causadas por todas las mafias. De hecho la mafia es una plaga tremenda que condiciona la vida social, política e institucional de Italia. Los jueces que la combaten son a menudo amenazados de muerte, sin que el Estado les brinde la protección necesaria, y son muchísimos los casos de jueces asesinados por manos mafiosas. Este año Francisco, dando un signo fuerte de cambio y de compromiso, decidió participar en la conmemoración y aprovechó dicha ocasión para manifestar su solidaridad a los familiares de las víctimas. En un encuentro caracterizado por una gran carga emotiva, compartió la esperanza de “que el sentido de responsabilidad triunfe poco a poco sobre la corrupción en todas partes del mundo”. Se dirigió también a los “grandes ausentes”, es decir a los hombres y mujeres de la mafia y les pidió: “Por favor ¡cambien de vida, conviértanse, deténganse, dejen de hacer el mal!”.

Sencillez, humildad, espontaneidad, coraje, simpatía, compromiso por la paz en el mundo, por los más pobres y por los problemas de la sociedad actual: son estas, desde mi punto de vista, las características que hacen del papa Francisco un papa nuevo y renovador, cuyos mensajes llegan directamente al corazón de todas las personas, incluso de aquellas que por distintos motivos estaban alejadas de la Iglesia.