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La Iglesia en los medios Francisco nombró hoy a Daniel Sturla cardenal

EL PAÍS |

El Papa dijo que quien asume esa distinción debe tener “un fuerte sentido de la Justicia”. Sturla es el segundo cardenal en la historia uruguaya y el tercero más joven del mundo.

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La misión oficial de Uruguay, que nombró Cancillería, está presidida por el embajador uruguayo en el Vaticano, Daniel Ramada, e integrada por el embajador en España, Francisco Bustillo, y Enrique Iglesias.

Varios uruguayos, además, llegaron a Roma para acompañar a Sturla. Uno de los invitados especiales del arzobispo de Montevideo es el abogado Ignacio de Posadas.

En la celebración el papa Francisco leyó el Evangelio y entregó a los nuevos cardenales el birrete rojo, la insignia, el anillo cardenalicio y un pergamino con la asignación de una iglesia de Roma de la cual Sturla tomará posesión en su nueva visita a la capital italiana.

El título asignado a Sturla es el de “Santa Galla de Roma”, una parroquia ubicada en una zona popular al sur de la ciudad.

Sturla se convierte así en el segundo cardenal en la historia de la Iglesia Uruguaya y en el tercero más joven del mundo, luego de los de Tonga y Nova Italia.
Fransico alertó a cardenales sobre el peligro de “enojarse”.

Francisco dijo que quien asume esa distinción debe tener “un fuerte sentido de la Justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia”, poco antes de crear a quince nuevos cardenales electores y cinco no electores en una ceremonia en el Vaticano.

El Papa les dijo antes de imponerles el capelo cardenalicio y darles el anillo que les distingue como “príncipes de la Iglesia” que la “caridad” tiene que ser la pauta de su trabajo.

Aseguró que la caridad significa ser magnánimo y benevolente y dijo: “la magnanimidad es, en cierto sentido, sinónimo de catolicidad, es saber amar sin límites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos”.

El papa les instó a “amar con gestos de bondad” y llamó a “querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman”.

Advirtió que los cardenales no están inmunes a la tentación de la envidia y el orgullo y para vencerla reiteró su apelación a la caridad.

El Papa aseguró que el cardenalato es “una dignidad, pero no una distinción honorífica” y recordó a los cardenales que “la Iglesia que está en Roma” tiene un papel ejemplar y su fin es la caridad pero también tiene ese objetivo “toda Iglesia particular, en su ámbito”.

Alertó a los cardenales en su homilía contra el peligro de “enojarse” y consideró que, “aunque es posible entender un enfado momentáneo que pasa rápido, no así el rencor”.

Por último, el pontífice recordó a los nuevos purpurados que deben ser “incardinados y dóciles”; “incardinados en la Iglesia que preside en la caridad, dóciles al Espíritu Santo, que derrama en nuestros corazones el amor de Dios”.

(Con información propia y de agencias)