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La Iglesia en los medios Francisco defendió “la pelea” por la tierra

LA REPUBLICA |

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LLAMÓ A LUCHAR POR UNA VIDA MÁS DIGNA

Con cánticos en latín y guaraní, el papa Francisco ofició ayer en Asunción una misa campal cargada de referencias a la cultura paraguaya antes de partir en la tarde a Roma tras una intensa gira que también lo llevó a Ecuador y Bolivia. Alrededor de un millón de peregrinos asistieron a la última homilía del pontífice en Paraguay, en el predio militar de Ñu Guazú, en las afueras de Asunción, según indicó el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.

En una misa muy solemne, presenciada en primera fila por el presidente anfitrión, Horacio Cartes, y su par argentina, Cristina Kirchner, el papa saludó a ambos mandatarios y recibió un cuadro como regalo de parte de ella. En su sermón dominical, Francisco describió “la cédula de identidad del cristiano” y sostuvo que el objetivo de los fieles de Jesús “es pasar de la lógica del egoísmo, de la clausura, de la lucha, de la división, de la superioridad, a la lógica de la vida, de la gratuidad, del amor”, dijo.

El papa Francisco criticó la fe sin solidaridad al visitar uno de los barrios más pobres de Asunción, donde sus habitantes denunciaron el desprecio del Estado hacia los campesinos desplazados que viven en la miseria urbana.

“No podía estar con ustedes, sin estar en su tierra, su tierra”, recalcó el papa argentino, quien conoce los pedidos de las 23.000 familias del barrio para que les entreguen los terrenos en donde residen en pésimas condiciones desde hace más 30 años.

Jovial con todos los niños que se lanzaban a tocarlo, y dispuesto a repartir besos a enfermos y ancianos, el papa celebró “la pelea” por la tierra y por una vida más digna “que no les ha sacado la solidaridad, por el contrario, la ha estimulado, la ha hecho crecer”, dijo a miles de vecinos. Francisco respondió así a una activista del barrio, María García, que lo recibió con un discurso con fuertes reclamos al Estado de Paraguay por marginarlos de cualquier plan social para superar la precariedad en la que viven.

“Pido que se regularice la tenencia de la tierra”, reclamó García en nombre de los desplazados campesinos, un problema histórico en un país donde el 1% de los propietarios de tierras controlan alrededor del 77% de la tierra productiva del país.

“Una fe que no es solidaria o está enferma o está muerta”, indicó Francisco. “No dejen que el diablo los divida”, repitió dos veces despertando la aclamación de la multitud.

El Pontífice ingresó a Bañado por un corredor de tierra y entre varias viviendias se detuvo en un par de ellas para conversar con las familias. “Aunque estoy un poco enferma, estoy muy feliz”, dijo a la AFP Asunción Gimenez, una anciana de 78 años en cuya casa de una pieza de 2×3 metros ingresó el Papa para bendecirla junto a su hijo, Rubén Ayala Giménez, albañil, y su nieta Mayra, de tres años.

También tocó a la puerta de Carmen Sánchez, de 50 años. “Me estremecí por un instante. Se me puso la piel de gallina y no sabía qué decirle. Me quedé muda”, expresó la mujer.

Esperanza en la despedida

Decenas de miles de peregrinos durmieron a la intemperie para lograr un lugar privilegiado en el campo de Ñu Guazú, un enorme predio militar, a 8 km de Asunción. “Espero que todo lo que ha dicho sea entendido y produzca algún tipo de cambio en Paraguay, donde hay mucho dinero en muy pocos”, dijo a la AFP Leonidas González, un comerciante de 40 años que asistió en familia a la misa multitudinaria.

La homilía se hizo desde un imponente altar preparado por el artista plástico Koki Ruiz, que logró crear un mosaico con la imagen de San Francisco con 32.000 espigas de maíz, coco paraguayo y calabaza, como símbolo de la historia de Paraguay desde los antepasados hasta la actualidad.

También se distribuyeron miles de hostias preparadas por las carmelitas descalzas de Paraguay en una misa para la que viajaron miles de peregrinos de Argentina y Brasil. Antes de su partida a Roma Francisco se reunió con los jóvenes en la costanera que bordea el río Paraguay en Asunción, y en su camino al aeropuerto se detuvoi en el centro comercial Ycua Bolaños, donde un incendio mató entre 400 y 500 personas en 2004.

El noveno viaje de Francisco al exterior, y el segundo a América Latina después del celebrado a Brasil en julio del 2013, estuvo marcado por discursos históricos. “Obviamente no está como cuando partió de Roma, pero el papa se encuentra muy bien, algo cansado como todos”, dijo Lombardi el domingo cuando volvió a ser consultado sobre la salud de Francisco.

Contra las ideologías

Francisco lanzó el sábado el discurso más político de su gira, en un encuentro con la sociedad civil paraguaya donde aclaró que sus anatemas y reclamos a favor de los pobres y olvidados durante su periplo sudamericano, no corresponden a una ideología. “Las ideologías siempre acaban en dictaduras. Piensan por el pueblo, no lo dejan pensar”, dijo enérgico. Este discurso impactó, al igual que el realizado el jueves en Bolivia, donde dirigiéndose a líderes de movimientos populares pidió “un cambio” económico, moral y ético para salvar a los pobres y a la tierra.

Sus palabras parecieron como un distanciamiento de los gobiernos de izquierda de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador, países que también visitó esta semana y donde mostró gran afinidad con sus anfitriones. Francisco, de 78 años, totalizará en esta gira siete vuelos y 22 discursos, en uno de los viajes más “intensos” que haya realizado desde que fue elegido papa en marzo de 2013.