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La Iglesia en los medios Exmayordomo del Papa denuncia malos tratos

EL PAÍS |

Paolo Gabriele (46), el exmayordomo del Papa Benedicto XVI, se declaró ayer inocente de robar la correspondencia privada del sumo pontífice, y se quejó de que luego de ser detenido por las autoridades de la Santa Sede estuvo inicialmente encerrado en una celda tan pequeña que ni siquiera podía estirar los brazos. También denunció que durante 15 o 20 días de encierro la luz de su calabozo permaneció encendida permanentemente las 24 horas.

Lo acusan de robar durante meses misivas y documentos papales en los que se hacía referencia a luchas de poder y a presuntos actos de corrupción en la Santa Sede y luego, bajo el seudónimo de “María”, los transmitía al periodista Gianluigi Nuzzi quien los utilizó en el libro “Sua Santità”, donde quedaron al descubierto rivalidades y la animosidad especialmente contra el número dos del Vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone. Entre la correspondencia del Papa robada se destaca una carta de un exresponsable del Vaticano que se quejaba de haber sido apartado tras tratar de luchar contra la corrupción en el seno de la Santa Sede.

En la audiencia de ayer, Gabriele confesó que fotocopió las cartas y otros documentos y reconoció que se sentía culpable de traicionar la confianza de Benedicto XVI a quien dijo querer como a un padre.

“En lo que respecta al robo agravado, me declaro inocente. Me siento culpable de haber traicionado la confianza que me tuvo el Santo Padre, a quien quiero como (si fuera) su hijo”, declaró Gabriele y agregó que actuó “sin cómplices”, si bien tuvo numerosos “contactos”.

Según indicaron los fiscales, en un interrogatorio realizado el 5 de junio, Gabriele respondió que si bien sabía que la filtración de los documentos era indebida, se sintió inspirado por el Espíritu Santo para exponer la “maldad y la corrupción“ en la Iglesia a fin de que esta “enderezara el camino“.

“Desde 1997, todos me conocían en el Vaticano, me tenían confianza”, dijo Gabriele. “No soy el único que ha brindado informaciones confidenciales a la prensa en estos años”, declaró Gabriele y sostuvo que había actuado de ese modo porque el Papa Benedicto XVI había sido “manipulado”.

“Lo que realmente me horrorizaba era cuando me sentaba a almorzar con el Santo Padre y que, algunas veces, el Papa me preguntaba cosas sobre las que tenía que estar informado”, recordó Gabriele. “En ese momento quedé firmemente convencido de que era fácil manipular a una persona con tan enormes poderes”, agregó.

La denuncia de Gabriele sobre las condiciones en que estuvo preso provocaron que el fiscal del Vaticano se viera obligado a abrir una investigación por presuntos abusos.

Gabriele fue fiel servidor de Benedicto XVI a quien le preparaba sus hábitos de ceremonia y le servía la comida. En las fotos oficiales se le veía siempre al lado del Papa, incluso junto al célebre papamóvil.

Gabriele fue detenido el 23 de mayo pasado, después de que en un registro realizado en su vivienda fueran encontrados numerosos documentos reservados del Papa. Su detención se prolongó en total durante 53 días, trascurridos los cuales se le concedió el arresto domiciliario.

El juicio estuvo abierto a la prensa, hecho inédito en la historia del Estado Pontificio. Sin embargo, la audiencia pública estaba estrictamente controlada: solo unos pocos periodistas fueron autorizados a entrar a la sala del tribunal y únicamente podían informar sobre el juicio a su salida. No podían utilizar cámaras de foto, ni de video.

Paolo Gabriele

Es el exmayordomo del Papa Benedicto XVI, acusado del robo de documentos confidenciales que entregó al periodista Gianluigi Nuzzi quien los publicó en el libro “Sua Santità”. Por lo escandaloso, al caso le dicen el “Vatileaks”. En el juicio que comenzó ayer, Gabriele se declaró inocente aunque confesó que fotocopió los documentos a pesar de sentirse culpable de traicionar al Papa. También denunció que estuvo encerrado en una celda tan pequeña que no podía estirar los brazos y con luz prendida permanentemente durante 15 días.

Un cheque, oro y una edición de la Eneida

Según la sentencia de la magistratura vaticana que a mediados de agosto decidió el procesamiento de Paolo Gabriele, más allá de las cartas y documentos pertenecientes al Papa, en su domicilio fueron encontrados también un cheque de 100.000 euros, una pepita de oro y una antigua edición de la Eneida. Todos objetos que habían sido donados por diversas personas al Santo Padre, sobre los cuales la abogada defensora pidió ayer de mañana pericias dactilográficas, que la corte descartó, según publica La Nación.

El juicio comenzó el fin de semana dentro del juzgado casi oculto ubicado en la corte del Vaticano, detrás de la Basílica de San Pedro, y faltan unas tres audiencias para que culmine. Podría ser condenado a cuatro años de prisión.