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Mirando con Dios este tiempo

La Iglesia en los medios “Esta es la juventud del papa”

EL OBSERVADOR |

ANÁLISIS

Río de Janeiro vive una fiesta presidida desde lo alto por el Cristo Redentor

Ahora en la ciudad del Maracaná ya no se habla solo portugués sino cualquier otra cosa, y las banderas que se ven son de todo tipo de países. Los grupos de peregrinos se saludan con cantos, se intercambian todo tipo de cosas y se sacan fotos sonriendo como si se conocieran de toda la vida. Aunque formalmente empieza hoy, Río de Janeiro vive desde hace varios días la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El gobernador de la ciudad, Sergio Cabral, estimó que cuatro millones de personas se acercarían a la meca del samba esta semana para vivir lo que el papa Juan Pablo II instituyó en 1986: unos días de convivencia entre los jóvenes de los distintos países con Jesús en el medio. Una especie de peregrinación mundial al encuentro de otros que viven una misma realidad –la fe– pero de modo diverso, según su país o su cultura.

Desde que comenzaron a llegar los voluntarios hace una semana, la ciudad de Río de Janeiro es otra. Además de la cantidad de tránsito y las filas hasta para lo más mínimo, el ambiente general de las calles es nuevo. Predominan los colores amarillo, verde y azul que identifican a los peregrinos que arriban de todas partes del mundo. Aunque la delegación más numerosa que llegará es la de Argentina con unas 30 mil personas, las banderas que se ven son de todo tipo y color. Las albicelestes son apenas unas más entre las de España, EEUU, Eslovaquia, Perú, México, Paraguay, Polonia, Italia, Irlanda… todo el mundo en un solo lugar.

Por las calles de la ciudad, todos se saludan como si se conocieran de toda la vida. Los cruces entre los distintos grupos siempre implican algún canto, agite de banderas o alguna foto con los nuevos amigos. Los uruguayos cantan “Soy celeste” y los brasileños responden con un baile; las australianas piden para sacarse fotos y los españoles, siempre sociables, detienen el tiempo para hablar con algunas jóvenes.

En estos encuentros de minutos nunca falta el intercambio de alguna cosa. Una pulsera, un pin, un gorro, una bandera, un llavero, un imán o lo que sea. Todos los grupos tienen algo que los identifica y que usan para dar a los demás a cambio de algún recuerdo.

En el paisaje serpenteante de la ciudad, el Corcovado es paseo obligado para los que llegan a Río de Janeiro, una ciudad que está recibiendo a cientos de miles con los brazos abiertos como los de la estatua de 30 metros. Porque está en el logo oficial de la JMJ, o porque aparece en varias de las canciones inventadas para la ocasión, el Cristo Redentor se convirtió en el símbolo por antonomasia de los días que empiezan.

En su ensenada, que no es amplia pero que alberga a cientos, todo se concentra y potencia. Ahí los saludos o encuentros son más bien bailes gigantescos entre desconocidos, que saltan casi como si estuvieran en un estadio con cantos del tipo de “esta es la juventud del papa, esta es la juventud del papa”. Cientos de jóvenes gritan lo mismo, todos con una sonrisa enorme en la cara.

Pero está nublado y, aunque la temperatura supera con comodidad los 30 ºC, en la cima del Corcovado hay una niebla que impide ver al Cristo. Apenas se consigue descifrar su base de ocho metros, que se mezcla con un fondo blanco que impide ver todo lo demás.

Un sacerdote reza para sí pero en un tono lo suficientemente audible y, en un inglés que después explica que es de Boston, invoca al Espíritu Santo y dice que quiere ver el rostro del Señor. Insiste y otro se suma a su plegaria, y en eso la niebla comienza a disiparse. Los aplausos y gritos de todos los que están allí se escuchan más fuertes, las banderas se mueven en cualquier dirección y, cuando por fin toda la estatua queda visible, el sacerdote empieza a agradecer cantando el Aleluya. “Es un milagro, su rostro no se veía y ahora sí”, les dice a los demás, y los invita a alabar a ese Dios que no defraudó a los que subieron los 700 metros del cerro para ver cara a cara al que presidirá los días que ahora comienzan.

Entonces, otra vez, los cantos y las voces se escuchan con más fuerza, como para recordarle al mundo desde esa altura lo que todos los presentes vinieron a hacer a la ciudad de las playas y las favelas: “Olelé, olalá, si esta no es la Iglesia, ¿la Iglesia dónde está?” l

CarolinaBellocqDesde Río De Janeiro

Agenda

Llegada. El papa arribó ayer a Río de Janeiro, tuvo una recepción oficial y luego se retiró a su hospedaje, la Residencia de Sumaré, donde también estuvo alojado Juan Pablo II cuando visitó Brasil. En ese lugar residirá durante su estadía junto con su comitiva, integrada por unas 40 personas.

Apertura. La JMJ comenzará oficialmente mañana a la hora 16, con una misa presidida por el cardenal Orani Tempesta, arzobispo de Río.

Aparecida. El miércoles, el papa irá al santuario de Nuestra Señora Aparecida, en San Pablo. Venerará la imagen, celebrará misa y almorzará con obispos de la zona. De regreso a Río, visitará el hospital San Francisco de Asís.

Acogida. El jueves le entregarán las llaves de la ciudad, bendecirá las banderas olímpicas y visitará una favela. A la hora 18 será el recibimiento de los jóvenes, en Copacabana.

Vía Crucis. El papa irá el viernes a una cárcel, saludará al comité organizador y almorzará con jóvenes. A la hora 18 presidirá un vía crucis en Copacabana.

Vigilia. El sábado concelebrará misa con obispos y sacerdotes brasileños en la catedral de San Sebastián. Se reunirá con políticos y almorzará con cardenales. Por la tarde presidirá una vigilia de oración en el Campus Fidei.

Envío. Tras pasar la noche en el Campus Fidei, los jóvenes asistirán a una misa presidida por el papa el domingo. Antes de partir rumbo a Roma, recibirá a los voluntarios de la JMJ.

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